martes, 27 de septiembre de 2011

Diamela Eltit - El arte de la Intención

Foto correspondiente a la acción, en ella, Diamela Eltit


En 1980 Diamela Eltit transitó por prostíbulos, cárceles y hospicios (zonas de dolor) leyendo sus escritos, proyectando su imagen en las paredes y lavando sus veredas.

A continuación el texto que acompaña el manifiesto, tomado de la revista:   Letras.s5.com:


La expiación se transformó en el eje temático de uno de los trabajos de Diamela Eltit realizado en 1980. Su cuerpo se convirtió en cuerpo expiatorio y sacrificial, al asumir la culpa y el dolor colectivos. Transitó por prostíbulos, cárceles y hospicios que designó como "zonas de dolor". En estos lugares leyó trozos de su novela "Por la patria", proyectó su imagen (en diapositivas) sobre las paredes de esos recintos y lavó sus veredas.
En su calidad de escritora, todas estas acciones fueron la prolongación de su trabajo literario y las incorporó como registro visual a su texto definitivo. Estos trabajos los denominó "arte de la intención" y los fundamentó así:

"Desde los prostíbulos más viles, sórdidos y desamparados de Chile, yo nombro a mi arte como arte de la intención. Yo pido para ellos la permanente iluminación: el desvarío. Digo que no serán excedentes, que no serán más lacras, digo que relucientes serán conventos más espirituales aún. Porque son más puros que las oficinas públicas, más inocentes que los programas de gobierno más límpidos. Porque sus casas son hoy la plusvalía del sistema: su suma dignidad. Y ellos definitivamente marginados, entregan sus cuerpos precarios consumidos a cambio de algún dinero para alimentarse. Y sus hijos crecen en esos lupanares. Pero es nuestra intención que esas calles se abran algún día y bajo los rayos del sol se baile y se cante y que sus cinturas sean apresadas sin violencia en la danza, y que sus hijos copen los colegios y las universidades: que tengan el don del sueño nocturno. Insisto que ellos ya pagaron por todo lo que hicieron travestistas, prostitutas mis iguales".
Este texto pone de manifiesto su decidida intención de vincularse con los espacios -límites- donde las situaciones humanas alcanzan la degradación más radical. Aquí, precisamente. Sitúa su cuerpo, su imagen y su palabra, mientras lava la calle, purificándola, en un acto simbólico de penitencia y arrepentimiento colectivos.

El texto y la foto pertenecen la revista: Letras.s5.com:

viernes, 23 de septiembre de 2011

Mis poemas: Nocturno

Grafiti 

Nocturno

La noche se tiñe
con el zumbido
ardiente del insomnio
y nos contempla
desde su pedestal de acero.

A tientas
caminamos
con un puñal de sombras
desoladas
que se diluyen
con la sonrisa  fresca 
del alba
y dan paso al día siguiente.

A veces hay jazmines
que tiritan el rocío dulce
de lo breve.

María Germaná Matta - En Valdepeñas, a 23 de septiembre de 2011

Foto de El mundo:


domingo, 11 de septiembre de 2011

KAMALA SURAIYA DAS, poesía



Suraiya Das, Kamala

Composición (fragmento)

¿Quién puede decir, viéndolas,
que son juguetes
apropiados para las noches locas?
Debe haber algo simbólico aquí,
pero no
recuerdo qué.
He acumulado también un par de principios,
arrancándolos
como flores salvajes
en mi camino.
Maridos y mujeres,
este es mi consejo para vosotros.
Obedeced las órdenes disparatadas del otro,
ignorad a los cuerdos.
Convertir vuestra casa en una alegre
perrera,
el matrimonio deber ser eso
de todas formas,
acordado en
un paraíso de buen humor.
He alcanzado la edad en la que
uno perdona todo.
Estoy preparada para perdonar a los amigos
su cariño,
perdonar aquellos que destruyeron amistades
y a aquellos que perdonaban
y continuaban amando.
Pero daría un mundo por tener
a uno de mis enemigos
para una merienda tranquila
en alguna parte.
Tras tanto tiempo sin vernos
tendríamos mucho que contarnos.
Pero
en serio, debo despertarme,
volver a la vida.
Me digo a mí misma
y os digo a vosotros, los
que escrutáis el espejo buscando ese destello
blanco en el pelo,
enamoraros,
enamoraros de una persona
inapropiada,
arrojaros a ella
como una polilla a la llama.
Que haya desesperación en cada movimiento.
Excavad
profundo, el profundo dolor.
Para ser sincera,
he fracasado,
siento mi edad y mi inutilidad.
Todo lo que quiero ahora
es dar un paseo
por el mar
y tumbarme allí, descansar,
completamente desconectada.

Pero
descansar es un capricho infantil,
un hambre pequeña.
hambres mayores acechan
en el fondo del mar.
Al final,
alimentaré únicamente el hambre
de alimentar otras hambres,
la esencial.
Deshacer
disolver
y retener en otros elementos
los potentes fragmentos
de uno mismo.
El supremo descubrimiento será
que somos inmortales,
los únicos perecederos son
los sistemas y los arreglos,
incluso nuestras penas continuándose
en los insaciables que forman
el mundo. Ni tan siquiera los
movimientos a menudo repetidos
de cada célula dispersa
otorgará el poder de escapar
de las jaulas del compromiso.
Debo prolongarme,
atrapada en la inmortalidad,
mi única libertad es
la libertad
de descomponerme.


Autora: Kamala Suraiya Das (Malabar, India 1934-2009
Fragmento del libro: La vieja casa de juguete y otras historias (1973), editorial Torremozas. Traducción y Prólogo: Isabel García López.
Más detalles sobre el libro:
http://www.torremozas.com/La-vieja-casa-de-juguete-y-otras-historias 

Imagen tomada de Wikipedia:
http://en.wikipedia.org/wiki/Kamala_Surayya

martes, 6 de septiembre de 2011

Arthur Rimbaud - El barco ebrio



A continuación el poema en español


Arthur Rimbaud - El Barco Ebrio


Al tiempo que bajaba por ríos impasibles,
Sentí que no me guiaban los hombres a la sirga:
Aullantes pieles rojas, tomándolos por blanco,
Los clavaron desnudos en postes de colores.

Portador de algodón inglés, trigo de Flandes,
Sin pena me tenían todos los tripulantes.
Cuando acabó aquel ruido a la par que mis hombres,
Me dejaron los Ríos marchar adonde quise.

Entre los chapoteos de la mar encrespada,
Yo, el invierno pasado, más sordo que el cerebro
De los niños… ¡bogaba! Penislas a la vela
Nunca experimentaron barullos más triunfantes.

La tempestad bendijo mi despertar marino.
Más ligero que un corcho bailé sobre las olas
(Eternas trajineras de víctimas las llaman),
¡Sin añorar, diez noches, a las bobas farolas!

Más dulce que manzanas agrillas para un niño,
Impregnó el agua verde mi cascarón de abeto
Y me lavó las manchas de tintorros y vómitos,
Dispersando el timón y el áncora de brazos.

Y desde entonces bogo inmerso en el Poema
De la mar, infundida de astros, lactescente,
Tragando verdes cielos por donde a veces baja,
Cuerpo arrobado y pálido, un muerto pensativo;

Donde, tiñendo súbitos azules, desvaríos
Y ritmos lentos bajo el rutilante día,
Más fuertes que el alcohol y más que nuestras liras,
¡Fermentan las amargas rojuras del amor!

Sé de cielos que rompen en rayos, y de trombas,
Resacas y corrientes; sé también del ocaso,
Del alba entusiasmada cual tribu de palomas,
¡He visto varias veces lo que ver cree el hombre!

¡Vi al sol poniente, sucio de místicos horrores,
Iluminando vastos coágulos violetas,
Y lejos, cual actrices de antiquísimos dramas,
Olas rodando al paso su temblor de postigos!

¡Soñé la verde noche de nieves deslumbradas,
Beso que asciende lento hasta los ojos mismos
Del mar, circulación de savias inauditas,
Y aviso azul y gualda de los cantantes fósforos!

¡He seguido por meses, como a piaras histéricas,
Embates de mareas contra los arrecifes,
Sin pensar que los pies de luz de las Marías
Domar pudieran morros asmáticos de Océanos!

¡Creánme que he tocado increíbles Floridas,
Donde ojos de pantera con piel de hombre a flores
Se mezclan! ¡Y arcos iris bajo el confín marino,
Tensados como bridas para glaucos rebaños!

¡He visto fermentar vastas marismas, nasas
En donde un Leviatán entre aulagas se pudre!
¡Avalanchas de aguas en medio de bonanzas,
Distancias que se abisman como las cataratas!

¡Soles de plata, heleros, alas de nácar, cielos
De brasa! ¡Horribles pecios engolfados en simas
Donde enormes serpientes, comidas por las chinches,
Con negro aroma caen desde torcidos árboles!

Quisiera haber mostrado a los niños doradas
De agua azul, esos peces de oro que salmodian.
–La espuma en flor meció mis salidas de rada
Y vientos inefables me alaron por instantes.

A veces, mártir harto de polos y de zonas,
La mar cuyo sollozo mi vaivén suavizaba,
Me subía, de amarillas ventosas, sus corolas
Brunas, y, cual mujer, de hinojos me quedaba...

Penisla que columpia en sus riberas guano
Y querellas de pájaros chillones de ojos rubios,
Yo navegaba, mientras por mis frágiles zunchos
¡Ahogados con sueño andaban para atrás!

Así, barco perdido entre pelo de ancones,
Lanzado por la tromba en el éter sin aves,
Yo, a quien acorazados o veleros del Hansa
No le hubieran salvado el casco ebrio de agua;

Libre, humeante, envuelto en brumazón violeta,
Yo, que horadaba el cielo rojizo como un muro
Que sostiene, jalea exquisita gustada
Por el poeta, líquenes de sol, muermos de azur;

Que corría empañado de lúnulas eléctricas,
Loca tabla escoltada por negros hipocampos,
Cuando julio derrumba, a grandes garrotazos,
Cielos ultramarinos en ardientes embudos;

Que temblaba al oír, gimiendo en lontananza,
Los Behemots en celo y los densos Maelstroms,
Hilandero perpetuo de quietudes azules,
¡La Europa de los viejos parapetos, yo añoro!

¡He visto siderales archipiélagos, islas
Cuyo cielo en delirio se abre al bogavante!
–¿Son noches abisales en que exiliado duermes,
Oh tú, Vigor futuro, millón de aves áureas?–

¡Cierto: mucho he llorado! El alba es dolorosa.
Toda luna es terrible, y todo sol, amargo.
El agrio amor me hinchó de embriagantes torpores:
¡Que mi quilla reviente! ¡Que me hunda en la mar!

Si algún agua de Europa deseo, ésa es la charca
Helada y negra donde en tardes perfumadas
Un niño encuclillado, hondo en tristezas, suelta
Un barquito muy frágil, mariposa de mayo...

No puedo, marejada, inmerso en tu apatía,
Escoltar ya el aguaje del barco algodonero,
Ni traspasar orgullos de banderas y grímpolas,
Ni nadar a la vista atroz de los pontones.


VERSIÓN DE JOSÉ LUIS RIVAS