martes, 9 de diciembre de 2008

Emily Dickinson poemas


Emily Dickinson


En mi jardín avanza un pájaro...

En mi jardín avanza un pájaro
sobre una rueda con rayos -
de música persistente
como un molino vagabundo -

jamás se demora
sobre la rosa madura-
prueba sin posarse
elogia al partir,

cuando probó todos los sabores -
su cabriolé mágico
va a remolinear en lontananzas-
entonces me acerco a mi perro,

y los dos nos preguntamos
si nuestra visión fue real-
o si habríamos soñado el jardín
y esas curiosidades-

¡pero él, por ser más lógico,
señala a mis torpes ojos-
las vibrantes flores!
¡Sutil respuesta!

Versión de Silvina Ocampo

1251

El silencio es todo lo que tenemos.
La Voz es el rescate –
Pero el silencio es Infinito.
Él carece de rostro.

1354

El corazón es la Capital de la Mente –
La Mente es un Estado único –
Y Corazón y Mente forman juntos
Un solo Continente –

Uno – es la Población –
Bastante numerosa –
Esta Nación extática
Búscala – eres Tú mismo.

1355

Vive del Corazón la Mente
Como cualquier Parásito –
Si aquél está lleno de Carne
La mente engorda.

Pero si el Corazón se inhibe
Se demacra el Ingenio –
Pues su Alimento
Es absoluto.

Traducción de Margarita Ardanaz



Vídeo poema- I'm nobody 



YO SOY NADIE. ¿TÚ ERES QUIÉN?

¡Soy nadie! ¿Quién eres?
¿Eres — nadie — también?
¡Somos entonces un par!
No lo digas son capaces
de descubrirlos — lo sabés.

¡Qué horrible — ser — alguien!
Qué impudicia — como una rana —
Decir vuestro nombre — todo el santo día —
a un admirativo pantano.

Versión de Silvina Ocampo

I’M NOBODY, WHO ARE YOU?

I’m nobody, who are you?
Are you nobody too?
There’s a pair of us, don’t tell!
They’d advertise us, you know!

How dreary to be somebody!
How public like a frog,
To tell your name the livelong day
To an admiring bog!

Emily Dickinson



Nota mía:
Recientemente, estuve releyendo la poesía de Emily Dickinson. Las relecturas son siempre enriquecedoras porque descubres nuevos aspectos del poema.
Emily Dickinson nos sorprende por la reflexión, cuando la leemos el espíritu nos queda dando vuelta porque ella es capaz de mostrarnos otros aspectos de la realidad, esos que se nos escapan por ser cotidianos o porque hemos aprendido a verlos de un sólo modo. Además, tiene un gran sentido del humor.

Breve Reseña bibliográfica:
Emily Dickinson, poeta norteamericana. Nació y murió en Massachussets 1830-1886.
Posee una voz lírica, su poesía es de carácter íntimo. Esta considerada como una de las figuras más representativas de la literatura norteamericana del siglo XIX.
Prácticamente vivió recluida en su casa, publicó alrededor de seis poemas en vida, mientras que su obra (alrededor de 2000 poemas) fue publicada tras su muerte.


sábado, 29 de noviembre de 2008

Homenaje al poeta Aimé Césaire

Se le considera como el poeta de la negritud. Más allá de lo que digan los expertos, la voz de Aimé Césaire es la voz que habla desde el dolor de una raza oprimida, quiere resaltar su herencia africana y nutrirnos con con la belleza de sus palabras. Nació en La Martinica bajo el dominio colonial francés.


Video de Joel Cimarrón

ELEGÍA de Aimé Césaire

El hibisco no más que un ojo reventado
de donde pende el hilo de una larga mirada, las trompetas de esparavanes
el gran sable negro de los flamboyanes, el crepúsculo llavero siempre tintineante
las arecas indolentes soles que jamás se pusieron por traspasadas por un alfiler que las tierras que se saltan la tapa de los sesos
no dudan nunca en incrustarse
hasta el corazón, los fantasmas horrorosos, Orion
la extática mariposa que los pólenes mágicos
crucificaron sobre la puerta de las noches cimbreantes
los bellos tirabuzones negros de las cañafístulas mulatas
altaneras cuyo cuello tiembla levemente bajo la guillotina

y no te sorprendas si en la noche gimo más hondamente o si mis manos estrangulan más sordamente es el tropel de viejas penas que hacia mi olor negro y rojo en escolopendra
alarga la cabeza y con una insistencia en el hocico aún blanda y desmañada busca más dentro mi corazón de nada me sirve entonces apretarle contra el tuyo y perderme en la espesura de tus brazos que acaba por encontrarlo y muy gravemente de manera siempre nueva
lo lame amorosamente
hasta que brota salvaje la primera sangre
bajo las bruscas garras desplegadas del
DESASTRE

sábado, 1 de noviembre de 2008

Mis Cuentos: Aquella Enfermedad


Imagen de Rafael Martín


Quería compartir otro de mis cuentos, éste habla sobre la enfermedad de Alzheimer. La mente se va deteriorando poco a poco y los recursos de las personas que la sufren se van agotando. Me resulta difícil explicar con palabras lo que percibo, por eso me acerco a través de este cuento que es mi manera de expresar emoción.
Mejor me callo y os dejo con el cuento que espero os guste.

Aquella enfermedad

A la memoria de mi tía Isabel


Amelita no deja de llorar y en su desesperación ha tomado el autobús para llegar a casa de su hermano Augusto donde vive Encarna, su tía. Cuando la ve, las palabras se le entreveran en un susurro tembloroso:

- Mis hijos me han abandonado. Estoy sola. Ven a casa y quédate conmigo.

La mirada de Encarna se detiene en el fatigado rostro de Amelita y recuerda cuando ambas compartían su modesto departamento en el centro de Lima. Todos los fines de semana, la recogía del internado y su alegría teñía las paredes de su sosegado hogar. Sus manos tiemblan de ternura tratando de alcanzar los recuerdos; acurrucadas la una en la otra para enfrentar las envestidas de la gran ciudad. Cuando Amelita terminó el internado se fue a vivir con ella hasta que se casó.

Encarna se mueve con la lentitud de sus noventa y tres años. Se dirige a su habitación, prepara algunas mudas y las mete en un maletín, a su vez, escucha las interminables quejas de Amelita, sus ojos van humedeciéndose. No entiende qué está pasando con su sobrina, pensar que fue la más lista en el colegio y luego en la universidad, y, ahora con setenta y tres años, la mente se le embrolla. Por momentos, junta los recuerdos y le salen entreverados, a borbotones, luego se repite y la angustia la persigue sin dar tregua como una obsesión.

Una vez más, Encarna, con su pequeño maletín en mano, apoya su frágil esqueleto en su sobrina y juntas emprenden la ruta de la vuelta a casa.

Por: María Germana Matta - En Madrid, a 27 de junio de 2008

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domingo, 6 de julio de 2008

Cine de Autor: Antes que el Diablo sepa que has muerto



Antes que el diablo sepa que has muerto (Before the devil knows you’re dead)
De: Sidney Lumet

Dos hermanos burgueses desesperados por conseguir dinero traman robar la joyería de sus padres. Todo debe salir bien, ya que conocen todos los movimientos, pero Hank, el hermano encargado de realizar el robo, se siente incapaz de hacerlo y pide a un ladrón de poca monta que le ayude a realizar el trabajo. A la hora del atraco todo se complica y lo que debió ser un robo fácil se convierte en un drama donde cada uno de los personajes irá dibujando sus propios límites.
Un mundo donde todo se rige por el dinero y que te empuja a llevar una vida más allá de tus posibilidades para conseguir el sueño americano. Nunca es suficiente, siempre más dinero. Hank divorciado y con una hija debe pagar una pensión y un colegio totalmente fuera de su alcance. Andrew, con un trabajo de ejecutivo pero, adicto a las drogas, pretende salvar su matrimonio, lleno de contradicciones.
Una sociedad despiadada donde los hombres están presos de necesidades creadas por el propio sistema, el mismo que te asfixia y te lleva a la violencia. Una interesante visión del mundo en que vivimos.
Excelente reparto y narrada en fragmentos, avanza y retrocede y va revelando información donde el espectador va armando las piezas del drama.

domingo, 22 de junio de 2008

Mis Cuentos: El nombre de Beliza

Este es otro de mis cuentos. Espero les guste.

El nombre de Beliza


“Las autoridades españolas se niegan a inscribir en el registro a una niña colombiana de nueve meses que ha acaba de recibir la nacionalidad española, aluden que Beliza no es un nombre”. Encabeza el titular de un periódico gratuito.


Lina acurruca a la niña con suavidad en la cuna. La mece, acariciando las palabras para dulcificar la vastedad de la noche, las luces se apagan y un inmenso silencio las embarga. La noche estalla con sus últimos rituales, se relajan los pensamientos y flaquean las fuerzas, sólo quedan los susurros de la madre para aliviar los trajines del día.


“Beliza, Beliza, corazoncito de azúcar, manitas de algodón … duerme, duerme humm….humm… duerme, duerme mi niña, corazoncito de azúcar, manitas de algodón…“


Han pasado varios meses desde que Lina depositó la carta que la abogada redactó. Lina con la angustia de la esperanza no comprende porque la pequeña no puede llevar el nombre de la abuela.


Las 7 de la mañana, los primeros rayos de luz alborotan el inicio del día. La joven madre sigue con su confusa rutina y como cada mañana con el corazón entumecido, abre su buzón de correos a la espera una respuesta.



María Germaná - En Madrid, a 3 de febrero de 2007
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sábado, 7 de junio de 2008

Sidonie Gabriel Colette - Canción de la Danzarina




Espero les guste este cuento:

Cuento: Canción de la danzarina
De: Colette


¡Oh tú, que danzarina me llamas, sabe hoy que no aprendí a danzar! Me encontraste juguetona y pequeña, danzando en el sendero y persiguiendo a mi sombra azul. Giraba como una abeja, y mis pies y mis cabellos, color de camino, se empolvaban con el polen de un polvo rubio.
Me viste venir de la fuente, meciendo el ánfora en mi cadera, mientras, al compás de mis pasos, sobre mi túnica saltaba el agua en redondas lágrimas, en serpientes de plata, en menudos cohetes rizados que ascendían, helados, hasta mi mejilla. Yo caminaba lenta, seria, mas llamaste danza a mis pasos. No mirabas mi rostro, seguías el movimiento de mis rodillas, el balanceo de mi talle, en la arena leías la forma de mis talones desnudos, la huella de mis dedos abiertos, que comparabas con la de cinco perlas desiguales.

Me dijiste: «Coge esas flores, persigue esa mariposa...» Llamabas danza a mi carrera, y cada reverencia de mi cuerpo inclinado sobre los claveles purpúreos, y el ademán, repetido en cada flor, de echar atrás, por encima de mi hombro, un chal resbaladizo.

En tu casa, sola entre tú y la alta llama de una lámpara, me dijiste: «¡Danza!» y no dancé...

Pero desnuda en tus brazos, sujeta a tu lecho por la cinta de fuego del placer, me llamaste, sin embargo, danzarina, al ver agitarse bajo mi piel, desde mi pecho ofrecido a mis pies crispados, la inevitable voluptuosidad.

Fatigada, anudé mis cabellos, y los contemplabas, dóciles, arrollados a mi frente como serpientes hechizadas por la flauta.

Abandoné tu casa mientras murmurabas:

«La más hermosa de tus danzas no es cuando acudes corriendo, jadeante, poseída de un deseo irritado y atormentado ya, por el camino, el broche de tu vestido. Es cuando de mí te alejas, serenada y con las rodillas temblorosas, y al alejarte me miras, en el hombro tu barbilla. Tu cuerpo me recuerda, oscila y titubea, me echan de menos tus caderas y tus senos me están agradecidos.

»Me miras, vuelta la cabeza, mientras tus pies adivinadores tantean y escogen su camino.

»Te vas, siempre pequeña y maquillada por el sol poniente, hasta no ser, en lo alto de la colina, más esbelta en tu túnica anaranjada que una llama vertical, que danza imperceptiblemente...»

Si tú no me abandonas, iré danzando hasta mi blanca tumba.

Saludaré a la luz, que me hizo hermosa y me vio amada con una danza involuntaria, cada día más lenta.

Una postrera danza trágica me enfrentará con la muerte, mas sólo lucharé para sucumbir con elegancia.

Que los dioses me concedan una caída armoniosa, juntos los brazos en mi frente, doblada una pierna y extendida la otra, como presta a franquear, de un salto ingrávido, el negro umbral del reino de las sombras.

Me llamas danzarina, y, sin embargo, no sé bailar...


Biografía

Colette, seudónimo de Sidonie Gabrielle Colette, escritora francesa (1873-1954), tuvo una infancia feliz y se caso cuando aún era una adolescente con Henry Gauthier-Villards conocido como "Willy", éste era autor de novelas populares y se dedicaba a explotar a sus colaboradores. Descubrió las dotes literarias de su mujer y la animó a escribir, pero no tuvo el más mínimo escrúpulo en firmar sus obras. La engaño cuanto pudo, la indignación le sirvió como liberación. Luego animada por Geroges Wagne se dedicó al music-hall. Fue un gran escándalo para la época pero logro su liberación personal, se divorció de "Willy" y se afirmó como escritora.
Se volvió a casar con Henry de Jouvenel, político y periodista y es así como colabora con el periódico Le Matin, del cual éste era redactor, el matrimonio tampoco dura y a los pocos años se divorcia una vez más, pero es mentora del hijo de éste, Bertrand de Jouvenel y lo inicia en la escritura. Esta experiencia le servirá a Colette para desarrollar los temas de sus obras.
Con Diálogos de animales (1904) comenzó verdaderamente la carrera de escritora de Colette. Después de 13 años de desdicha doméstica, se separó de su marido en 1906 y llevó una vida bastante agitada que provocó escándalo. Bailó desnuda en el Moulin Rouge, mantuvo relaciones con la hija de un duque y también con Auguste Hériot, al mismo tiempo que escribía, daba conferencias y actuaba en teatro. Finalmente, ganó fama literaria con Renée (1910).
Entre sus obras figuran: La Paix chez les bêtes (1916), Mitsou ou Comment lesprit vient aux filles (1919) y Chéri (1920), El trigo verde (1923),Al rayar el día (1928), La casa de Claudina (1930) y Sido (1930), así como varios relatos intimistas.
Muere en pleno talento creativo. Fue enterrada en el cementerio Père Lachaise París.

viernes, 30 de mayo de 2008

Mis Cuentos: Calabazas



Este es otro de mis cuentos de la serie migración, pero también encaja en los cuentos relacionados con encuentros y desencuentros.
Espero les guste.

Calabazas


Era un hombre atractivo de cuarenta y dos años, cuando se aproximaba a una chica de su agrado, su mirada y sus gestos ansiosos lo delataban. Poseía una amplia sonrisa, carente de maldad y un sentido fino del humor, siempre listo para cualquier batalla de conquista. Lo conocí en una de esas reuniones que se organizan para ligar, aunque se suponía que era para practicar inglés. Fue Nancy la que me llevó. Ella estaba divorciada, y una vez más había entreabierto sus puertas al amor. Yo tan sólo fui de alcahueta.
Era como un juego más de adolescentes, uno se va dejando seducir por esos ambientes propicios al deseo. Algunos chicos se nos acercaban y nos hacían conversación, nosotras también merodeábamos y sonriamos, buscábamos miradas para provocar un encuentro cualquiera. Unos eran graciosos, otros disimulaban su nerviosismo a fuerza de sonrisas, otros más sueltos de huesos nos hacían reír mientras que otros estaban ahí en un rincón esperando que alguien les tocara con una mirada angelical para alejarse de ese precario rincón que es la soledad.
François se me acerca con uno de esos chistes torpes que lo hacen parecer un niño grande y frágil. Simpatizamos inmediatamente. Con unos cuantos gestos me da a conocer la parte más visible de su carácter, ríe y habla mientras cuenta anécdotas de su alborotada vida. La hora avanza, pronto tendré que volver a casa, ya que al día siguiente volveré a trabajar, aun así, me dan ganas de seguir atada a las perfumadas palabras de François.
Nancy no dejaba de revolotear a mi alrededor, con cara de “no he tenido suerte”, en fin, nunca he sabido si existe la suerte pero hay momentos en la vida que una serie de circunstancias coinciden, ésta da un giro y todo tu tranquilo mundo se mueve y lo único que tienes que hacer es acercarte esconder tus miedos, coger fuerza, respirar profundamente y enfrentar ese nuevo rumbo. Por eso cuando me despedí de François le dejé mi número de teléfono.
Llamó para invitarme a cenar, acepté inmediatamente, luego sentí un leve remordimiento por mi novio, pero era la primera vez que otro hombre me gustaba tanto, además la atracción hacia lo desconocido es uno de los principios elementales de la seducción. La noche fue memorable, no dejo de hablar, con la soltura propia de un dulce embaucador, su poder de seducción iba acelerándose con cada alegre frase. Sin darme cuenta me iba embarcando en su vida. Me habló de ex-mujer judía cuando vivía en Nueva York, su mirada estaba cargada de admiración por su amplia cultura y sensibilidad, luego sus ojos se ensombrecieron cuando añadió que su desinterés por el sexo había abierto distancias, por eso se separó y dejó Nueva York, luego decidió volver a su París natal.
Se ganaba la vida como traductor, nunca tenía dinero, cuando terminaba de traducir una novela, le daban un cheque y no dudaba en gastarlo con la primera chica que conociese. Le gustaban todas y si eran jóvenes y extranjeras mucho más. Antes que yo, existió una negra brasileña, también una china, otra sudamericana, y ahora yo, la peruana. François era un hombre interesante y sensible, aunque era incapaz de saber lo que buscaba en una mujer. Para él, las mujeres eran esos paisajes exóticos que subían su temperatura sin previo aviso, sólo que a veces las diferencias abrían brechas infranqueables. Y, una vez rota la ilusión y cicatrizada la pena, volvía con más fuerza en busca de una nueva, con las mismas ganas y dispuesto a encontrar nuevamente a la mujer de su vida.
Estaba tan emocionado que no cesaba de llenar mi copa, hablaba a borbotones y bebía con la misma emoción de un niño con juguete nuevo, agotando todas las posibilidades que éste le brindaba, eso lo animaba para construir planes para las próximas semanas, y, soltaba su risa atolondrada cada vez que reanudaba la historia de su vida. Fue así como me enteré de que había estudiado filosofía en la Sorbona, y de cómo había llegado a Nueva York, y de como se inició en la labor de traductor. Traducía todo lo que le pedían, a veces traducía novelas porno, lo contaba riendo como si se tratara de una travesura. Un mundo para mi misterioso y lejano. La velada había transcurrido sin darme cuenta y pronto tendría que marcharme a casa. Cuando me despedí, prometió llamarme para volver a cenar. La próxima serán mariscos, insistió.
Había pasado una velada estupenda, en un mundo pintoresco y desconocido. En realidad no había abierto la boca, François sabía que se bastaba a si mismo para embaucar a cualquier alma ingenua.
Volvió a llamar y no pude resistir la dulce tentación de volverlo a ver. Sólo que está vez había algo en su mirada que exigía más que mis sonrisas y mi atenta complacencia. Había llegado el momento de decidirse, el deseo desbordaba por sus ojos. Yo en cambio, me sentía como al inicio de una borrachera, François me llevaba por paisajes divinos hasta hacerme olvidar el dinero que debía enviar todos los meses a mi madre, esos días interminables limpiando casas, esa nostalgia callada que habita tu alma cuando no eres del lugar y ni siquiera el idioma es el mismo para expresar tus emociones.
François hablaba con emoción, no dejaba de decir a donde me llevaría mañana y luego pasado mañana. Los restaurantes desfilaban y nombraba todos los platos de la exquisita comida francesa que yo debía conocer y cuando trataba de abrir la boca para responder, ponía su mano tibia encima de la mía y seguía recitando la guía del gourmet.
Una música interior me azotó como una cachetada y en ese instante abrí los ojos, liberé mi mano y sin pensarlo abrí la boca mientras tapé fuertemente sus labios con mis dedos:
- No podemos continuar. Tengo compromisos.
François promete ayudarme en todo y bla, bla, bla. Me levanto de la mesa de un sopetón, cojo mi bolso y con la mente ofuscada me dirijo hacía la puerta. Se acerca la media noche y pronto mi carruaje volverá a convertirse una vez más en una calabaza.

María Germana, En Madrid a 24 de enero de 2008

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