lunes, 14 de abril de 2008

Cuento: Encuentros Alborotados


Es la primera vez que publico un cuento mio en este blog. Y poco a poco iré publicando más cuentos.
Este cuento pertenece a una seríe de cuentos relacionados con el tema de la pareja. En realidad, son historias de encuentros y desencuentros: amor, desamor, pasión, deseo,etc y todas esas historias que uno va juntando con el tiempo. Espero les guste.

Encuentros alborotados 



Las calles de Montmartre siempre estaban abarrotadas de turistas y cámaras fotográficas, el dulce reír de la gente hacia que olvidara mis penas y me trasladaba como por encanto a ese pequeño mundo de pintores anónimos dando pinceladas a sus lienzos para ganarse la vida. Y, era precisamente ese instante cuando una tela blanca poco a poco iba convirtiéndose en un rostro y la estática modelo de turno permanecía erguida en su anonimato tratando de mantener su mejor pose, mientras trataba de esquivar a la gente para encontrar un huequecito para poder vislumbrar esa mágica ventana hacia ese otro rostro desprovisto de preocupaciones.
Francesco contaba con veinte años cuando Doménico le pidió que lo acompañase a París. Era la primera vez que salía de Nápoles, quería ofrecerle la oportunidad de contemplar otro mundo, a él, Francesco su fiel amigo de infancia.
Doménico tenía que llegar a París para visitar a la Negra, una sensual mulata peruana que conoció en Lima, hacía un año, en un viaje por el misterioso país de los Incas. Eran amantes y vivían su alborotado amor entre innumerables conversaciones gracias al timbre del teléfono y a las ocasionales visitas de Doménico a París o Lima, según la circunstancia.
Doménico hablaba alto y fuerte y su risa perfumada de tabaco hacía que la ensortijada cabellera de la Negra resplandeciese como la efímera felicidad atrapada en un instante de fotografía. Francesco era más bien callado, no se atrevía a dar opiniones a extraños y disimulaba con sonrisas su apretada timidez. Su corazón palpitaba siguiendo el ímpetu aventurero del amigo, había que dejarse llevar por los latidos de lo desconocido. La Negra, era un hito en cuanto a encanto de mujer. Francesco no dejaba de escuchar piropos, cada vez que Doménico abría la boca para hablar de la Negra, desde que su amigo calló fulminado, fue así como llegó a París, atraído por el perfume inconfundible de lo nuevo.
La Negra y yo fuimos a buscarlos a la estación de tren. Yo vivía con la Negra, la ayudaba con las tareas de limpieza y con sus hijos, aunque éramos amigas desde Lima y gracias a nuestra amistad participaba en sus aventuras. La Negra se había separado de su marido francés y vivía a saltas entre Lima y París. Ambas estábamos en la estación de tren esperando a Doménico, su amor. Desde el andén, vimos acercarse a muchacho alto y rubio, vestido de sport sencillo pero elegante. Cuando la ve, se precipita corriendo para darle un impresionante beso muy parecido a una de esas románticas películas antiguas. Atrás quedaba una inesperada sorpresa, un chico blanco de cabello castaño algo gordito y de aspecto reservado. Doménico me saluda y me presenta a Francesco quien me recibe con una cálida sonrisa. Además influenciado por la primavera empezó desde ese primer instante a cortejarme, con gestos atentos y torpes.
Doménico propone una visita a la Torre Eiffel y luego a Montmartre, así que anduvimos de un lado a otro por aquellas enigmáticas calles. Doménico no dejaba de hacernos reír y por unos instantes sentíamos que el mundo también era nuestro y gritábamos abarrotados de juventud a los cuatro vientos.
Yo también era tímida y llevaba poco tiempo en París, trabajaba como cualquier sudamericana para ganarme la vida y enviar dinero a mi familia. Aquella tarde llegaba a mí como un delicado guiño y me dejaba flotar por aquella tímida danza floral.
La Negra y Doménico iban luciendo la flama humeante de su amor desbocado. Yo iba al lado de Francesco que galantemente sonreía con los ojos. Hablábamos poco, la barrera del idioma hacia que nos entendiésemos por gestos y unas cuantas palabras adornadas por miradas y tímidos silencios. Comimos en un acogedor restaurante de Montmartre. Tanto tiempo sin disfrutar de una velada romántica al lado de un muchacho algo menor, además su timidez recordaba mi adolescencia cuando la coquetería roza con el deseo.
Cuando llegamos a casa de la Negra, ya era de noche. Los niños estaban en casa del padre. Así que seguimos bebiendo vino y fumando cigarros entre risas y conversaciones triviales. Doménico y la Negra se marcharon a la habitación de ella. La noche estaba preñada de sensualidad, por eso tomé la mano de Francesco, lo miré y recorrí con la mirada su pecho, sus hombros y el cuello hasta llegar lentamente a los ojos, luego palpé con mis dedos la piel de su rostro y pegué levemente su mejilla con la mía, después nos abrazamos con ansias y nos marchamos a mi habitación.
Lo ayudé con impaciencia y ternura a descubrir su cuerpo, luego quité mi ropa con rapidez, nos metimos entre las sábanas y tuve que llevar la iniciativa. Me siguió con torpeza, algo turbado. Luego dijo muy bajito en italiano, algo así como:
- no quiero llegar a tanto.
Pero sus manos continuaban tercamente acariciando mi cuerpo. Se fue guiando por su instinto hasta deslizarse entre mis piernas. Fue rápido y torpe, mi cuerpo continuaba aún encendido, pero él ya había terminado, luego se dio media vuelta sin tocarme. Después hubo un silencio y las distancias se hicieron elementales, se acostó a mi lado perdido en su desconcierto. Llevaba un crucifijo en el pecho y lo arrancó súbitamente de un tirón. Se acurrucó dándome la espalda, sentí sus ojos abiertos a la noche, me pegué a su espalda con el silencio atónito de las madrugadas cuando sobran las palabras y sólo quedan gestos primitivos para seres extraviados.
A la mañana siguiente, los italianitos tenían que volver a casa. Tomamos desayuno, Doménico y la Negra continuaban alegremente con sus coqueteos. Francesco y yo seguíamos distanciados, ellos ni siquiera lo notaron. Su tiempo era escaso para desperdiciarlo con nosotros. Los acompañamos al coche, Doménico me dio un beso y Francesco a su vez le dio uno a la Negra. Había llegado el turno del adiós.
Mientras Doménico se despide apasionadamente de la Negra. Me acerco una vez más a Francesco, sonrío y miro sus ojos con ansiedad y guarezco la palma de mis dedos en su mejilla. Acto seguido y sin palabras alza su mirada penetrante, dejando a un lado su confusión, besa mis labios con ternura como una leve caricia de gratitud.


María Germaná Matta - En Madrid, a 15 de enero de 2008


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Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

sábado, 8 de marzo de 2008

Cine: Japón de Carlos Reygadas


Han estrenado en Madrid la opera prima de Carlos Reygadas, cineasta Mexicano de gran talento.
Es la historia de un hombre que va en busca de un lugar aislado, un pueblo perdido de amplios y áridos espacios naturales para poder suicidarse.
La película está cargada de planos lentos, llena de silencios donde el juego de cámaras orienta la mirada al paisaje árido así como la mirada de los mismos personajes. Es impresionante cuando el personaje y el propio espectador se encuentran con un hombre caminado con su pierna renga en plena montaña arrastrando el peso de su humanidad quebrada y la expresión intensa de su mirada adolorida.
Japón hace alusión a los samuráis que van al Fují antes de suicidio, también al haiku, ese Japón extraño y simbólico para nosotros los occidentales. Así como el personaje principal de la película del cual no sabemos gran cosa pero que viaja por el México profundo para suicidarse, lo dice el mismo personaje en una de las primerísimas escenas de la película cuando pide ayuda a uno de los cazadores para que le indique un pueblo.
No son actores profesionales, Reygadas busca que el personaje se exprese sin la formalidad de un actor. Reygadas nos dice en una entrevista:” Sí, es una necesidad para poder hablar de los sentimientos y las experiencias internas de los personajes. Más que contar así una historia como la historia de fulanito y perenganito, y todo con un narrador externo, que es lo que se supone que hace el cine hoy en día según la mayoría de las escuelas de cine. A mí me interesa mucho más poder tener una experiencia emocional, pero desde el interior del personaje, pero no a través de la identificación, sino a través de lo que él experimenta físicamente”.
El personaje femenino es una anciana llena de bondad dentro de un México profundo y religioso, que a pesar de su artritis y del paso del tiempo es un personaje integrado a la naturaleza y muy fuerte como ser humano. Ver a la bondad y la fortaleza de esta mujer ayudará al personaje principal a encontrarse.
Las escenas de sexo también son polémicas en el cine de Reygadas por ser inusuales. Son escenas más próximas a la vida que al cine. Reygadas dice: “Es que yo tomo mis referencias de la vida y no del cine. Entonces, si eso no se hace en el cine, a mí me tiene sin cuidado. Yo trato de hacerlo como yo lo experimento en la vida, y cómo lo siento próximo y cómo lo observo, y no veo ninguna razón para filmar eso de una forma distinta a la que filmaría a alguien comiendo, ¿por qué? No veo por qué.”

domingo, 2 de marzo de 2008

Gertrud Kolmar - SIN FRUTO

Cuadro de Max Gasbiller Maternidad
Gertrud Kolmar, una de las voces más originales de la poesía alemana del siglo XX.
Tuvo la desdicha de vivir bajo el nazismo siendo judía, quizás por eso su poesía fue el fruto de su exilio interior. Su mundo intenso poblado de paisajes hermosos, llenos de magia y color. Dieron voz a esta original e intimista poeta.

SIN FRUTO
Las mujeres del oeste no llevan velo.
Las mujeres del este se lo quitan.
Quisiera esconder mi rostro bajo un velo oscuro;
Pues ya no es agradable a la vista, ya no es hermoso, está grisáceo,
Agrietado, como las piedras de un fuego exangüe, frío.
Mis cabellos, espolvoreados de ceniza.

Así quiero esperar sola en el crepúsculo en el banco estrecho,
De alto respaldo,
Así quiero quedarme sentada, mientras la noche vacilante
Se hunde a mi alrededor,
Un velo negro.
Me envuelvo en él, cubro mi rostro.

Pero mis ojos están fijos…

Veo. Siento:
Por la puerta cerrada entra sin hacer ruido
Un niño.
El único que me estaba destinado y al que no he dado a luz.
Al que no he dado a luz por culpa de mi pecado. Dios es justo.
Y yo guardo silencio y no me quejo, llevo y escondo la cabeza,
Y así puedo buscarla
Alguna noche.

Un varón.
Solo ése: tierno, mudo, implorante, con suaves, sombríos rizos,
Bajo la frente morena los ojos verde grisáceo de mares
Desconocidos de aquel al que amé,
Al que todavía amo.
No me teme, no retrocede tembloroso ante las caricias
De los labios, de las manos ajadas.
Se acerca, su terciopelo azul roza mi brazo, y sus dedos
Pequeños, juguetones, me agarran el alma,
La afligen.
A veces me trae su canica, la oscura, con vetas doradas,
La llamada ojo de tigre,
O también una flor, un pálido narciso,
O una caracola, rojiza, con verrugas. La alza con delicadeza
Hasta mi oído, y yo escucho el murmullo.

Una vez
En mitad de la noche, una noche de invierno,
Me desperté y miré a través de las sombras:
El que me amaba descansaba sobre mi lecho y dormía.
Su respiración era el murmullo de una caracola en medio del silencio.
Escuché con atención.
Dormitaba profundamente, protegido de ese modo por mi amor,
Entre sueños que desplegaron sobre él las alas púrpura, como
El jugo de la granada llena de semillas
Que habíamos compartido.
Paz.
Yo era feliz y me levanté y me senté, orando con fervor,
E incliné de nuevo el rostro y lo apoyé en mis manos y balbucí
Un agradecimiento tras otro.
De mi sangre
brotó una rosa…
Ésa fue la noche del origen,
Que quiso la bendición, noche de la súplica no susurrada, pero yo
No te engendré,
Mira a tu madre llorando…
También morirás.
Mañana cogeré una pala y, bajo los arbustos de bayas de nieve,
Te enterraré.

domingo, 3 de febrero de 2008

Entrevista a la Escritora Diamela Eltit


Entrevista a la extraordinaria escritora chilena: Diamela Eltit


por la revista "Nuestro.cl" -realizada por Beatriz García-Huidobro

Diamela Eltit:
"La identidad no es algo fijo, porque eso sería un horror
"

En entrevista para Nuestro.cl, Beatriz García-Huidobro revela las claves profundas de la creación y del pensamiento de la escritora Diamela Eltit. Una autora cuyo sorprendente rigor literario contrasta con el impulso incalculado que guía su escritura. Una mujer que a través de una propuesta estética y siempre alejada de las caricaturas y generalizaciones, indaga con agudeza en el ser cultural y su inserción en el sistema, las relaciones, la ciudad y, en definitiva, la identidad.


Diamela Eltit


Son muchos en el mundo de las letras los que afirman que hoy no hay nadie mejor calificado para recibir el Premio Nacional de Literatura que Diamela Eltit. Escritora y académica, formada en las más importantes universidades extranjeras, en Chile ha sido injustamente catalogada como difícil y hermética. Su férrea consecuencia, la honestidad y versatilidad de sus procesos creativos y su sorprendente amplitud de registros dotan de una fuerza especial a cada uno de sus libros, capaces de provocar intensas reflexiones. Una obra que, desde la propuesta estética, abarca aspectos sociales, políticos y teóricos, cuyos títulos más conocidos son Lumpérica, El Cuarto Mundo, Por la patria, Los vigilantes, Mano de obra y Puño y letra.














Proceso creativo


- Su escritura, ¿es un proceso altamente consciente y racional, nacido de observaciones o diría que es visceral y que a partir de sensaciones se vuelca a lo racional, devolviéndole su nivel de subjetividad?
- En el sentido estricto del término yo nunca he programado un título. En rigor, surge como una imagen; incluso a veces no surge nada de antemano sino la página y por ella me va saliendo una serie de materiales que ni siquiera había considerado. Por ejemplo, en El Cuarto Mundo quise trabajar la pareja, pero lo que nunca había pensado yo era que iba a trabajar la pareja de mellizos; estaba pensando en la pareja tradicional y de pronto esa pareja se convirtió en la pareja de mellizos. No sé si está bien o está mal, pero en verdad no trabajo con cuestiones ni medianamente ni lejanamente resueltas antes.
- Como José Donoso que escribió El Obsceno Pájaro de la Noche a partir de esa imagen.
- Es posible, sólo que después tú ya entras a trabajar pues los textos surgen imágenes de todos lados, distintas…
- ¿Y las estrategias racionales en términos del lenguaje, de la estructura que va a tener la obra?
- Nunca la ha tenido de antemano, incluso es sorprendente para mí cuando se organiza una forma o aparece una técnica que me permite caminar por diferentes lados.
- Uno pensaría que es una obra más bien racional.
- No, incluso es muy poco frecuente que las novelas que he escrito estén escritas linealmente. A veces he escrito unas partes primero, otras después.


El Lenguaje


- El lenguaje en su obra ¿intenta reflejar la psiquis de los individuos o escoge, crea y recrea un sistema de lenguaje que sirva a los propósitos de la obra?
- Mi relación con los textos tiene que ver con una cuestión parecida a la libertad, en el sentido que cada novela, cada personaje o cada situación requiere de un determinado lenguaje y por lo tanto yo dejo que eso fluya, aunque a mí misma como autora me den ganas de intervenir. Me he resignado a dejarlos, que vayan por dónde tienen que ir, y una vez que los materiales de la novela están terminados, intervengo para la parte más artesanal, para ver su engranaje, las terminaciones, ver cómo ajustar las cosas que a mi juicio ya como lectora de mi novela están desajustadas.
- Su escritura ha sido calificada como marginal. En ese sentido, ¿la exploración de lo marginal que hace tiene que ver con los seres marginados por los sistemas o auto-marginados?
- La marginación es una cosa amplia, yo diría que incluso el sujeto más instalado y funcional, el más próximo a los sistemas, tiene partes que no calzan enteramente. El sujeto es una máquina cultural y eso produce angustia, entonces por muy instalado que parezca, no me cabe la menor duda que tiene un pedazo que se le fuga. Esa fuga se puede trabajar de distintas maneras, como una fuga total, una fuga parcial; de la misma manera que alguien muy instalado se descalza, hay sujetos más aparentemente descalzados que calzan con algo, aunque sea con esos espacios caóticos y conflictivos. Entonces a mí me ha interesado más bien ese descalce, que es calce, las dos cosas, cómo calza lo que aparentemente no calza con nada y sin embargo, llega a un lugar donde calza. El punto que me interesa como trabajo es esa fisura.
- ¿Esas fisuras serían temporales, correspondientes a cada época, o serían fisuras universales, propias del ser humano?
- Un sujeto tiene una mirada y esa mirada tiene estéticas, tiene historia, tiene todo. Pero yo creo que la mirada se establece muy tempranamente y lo otro son más bien contenidos de miradas que se van llenando más o menos de la misma manera con hitos históricos. Pero la mirada está antes, es como el significante que está ahí y va a ser recorrido por distintos significados, pero en verdad lo que pesa es el significante que hace repasar lo mismo.


Contextos literarios

- Así como en Mano de Obra, el supermercado modela y disciplina a los individuos, ¿teme que su escritura pueda ser normada por los sistemas, que los espacios no oficiales se estrechen, cómo hace para que no suceda, para sostener su integridad e independencia literaria?
- Nunca pensé que iba a escribir de un supermercado, es una imagen que no llegó a mi cabeza; sencillamente me senté y aparecieron esos textos y me pareció pertinente, me pareció riesgoso para mí, pero estimulante. Entonces el punto es el siguiente: yo nunca he escrito para pensar si te cautivan, no te cautivan, te toman o no te toman, te dejan afuera, te hacen entrar. En mi caso particular los procesos creativos no tienen esa estructura, no pienso en los efectos del libro, estoy demasiado comprometida con esos materiales y por lo tanto no alcanzo a pensar sus riesgos ni en qué sentido pueden comprometerme como autora. Creo que el destino del libro le pertenece al libro y el destino más o menos ya está escrito, porque ya son libros de muchos años, muchos de ellos mayores de edad y fueron por donde fueron, lo que me parece interesante, pero no soy la vigilante de mis propios libros, dónde van o para dónde dejan de ir, no me corresponde.
- Pero todos ellos son siempre independientes, ¿le parece que la integridad en términos de independencia literaria es parte de todo el proceso?
- Yo soy una persona que viene de la literatura, para bien o para mal he estado toda mi vida en eso, entonces me interesa lo literario, la exploración, el riesgo. De los libros que he escrito, sinceramente, son pocas las páginas que a mí me importan, donde la experiencia ha sido muy intensa y por las que valido haberlo escrito. La literatura te da muchas posibilidades exploratorias, hay un bagaje literario muy poderoso, muy amplio, muy histórico, de repente se ingresa a algo no tocado, sin evaluar si es bueno o malo; en ese sentido, si pudiera haber integridad en algo tendría que ser ahí, en el sentido que yo he sido fiel a los procesos sin apostar retorno.
- El contexto en que escribe una persona inevitablemente va a incidir: los contextos históricos, políticos, sociales, etc. ¿Cree que eso es algo que los escritores deben tener en cuenta como eje primordial?
- Creo que los escritores no deben tener muchos deberes, porque esos deberes son también opresivos. La letra, la escritura, es social, y al escribir necesariamente se opta; hay varios registros posibles de escritura y al escoger uno y no otro, esa opción también es política, es una política de la letra. Yo creo en la letra como material, como material concreto, parlante y que tiene densidad, tiene forma y tiene espesor que conducen a internarse por ciertos territorios y evidentemente a establecer una cierta política de escritura que todos los libros tienen y que como lector se reconoce.


Tiempo y cuerpo

- Siendo el cuerpo un tema presente en su literatura, ¿afectará a sus creaciones futuras el asistir al proceso de deterioro de la generación anterior, que necesariamente anticipa la extinción propia?
- Me he hecho varias preguntas sin respuesta al respecto: si la escritura envejece; si hay una biografía de la letra; si la letra tuviese su propia biografía, no del autor sino de una secuencia temporal que fuera envejeciendo la letra. Me lo he preguntado como pregunta crítica, me da vueltas, no sé responderla, no tengo una respuesta precisa, pero podría ser posible que la escritura ejercida también en el tiempo vaya envejeciendo. No me he dejado de preguntar, si acaso tal como la letra como trabajo, como auto-trabajo al interior de sí mismo, como cuerpo, va envejeciendo, si acaso no se debería jubilar, como se jubilan otros cuerpos trabajadores. Son preguntas que me he hecho frente a las cuales no podría dar una respuesta certera, no estoy segura. Me lo he preguntado más que por mi situación de edad, ésa está clara, siempre he estado clara de ser una mujer en pleno proceso de envejecimiento, pero parece que ese es un problema que no toca la letra, de hecho la pregunto desde otro lugar, no porque yo envejezca si no por una práctica muy larga de esa misma escritura, no tiene que ver con mi persona, tiene que ver con una práctica de la escritura. El proceso de envejecimiento mío es mi problema, lo porto, yo lo llevo de acuerdo a las capacidades que cada uno tiene para enfrentar esos procesos, para mí no tiene una cuestión terriblemente dramática envejecer. Me he preguntado mucho más críticamente y de una forma un poco más angustiosa sobre la posibilidad de que la letra envejezca, que un determinado recorrido de letra envejezca. Efectivamente, hay un discurso del cuerpo, pero cuando yo empecé a escribir no sabía que el cuerpo era el cuerpo, en el sentido más intelectual del término, no disponía de esa matriz teórica, y sencillamente escribí desde un lugar que me parecía interesante, apasionante y que no he abandonado nunca, pero no el cuerpo, a mí me interesan los pedazos…
- Pero también el cuerpo tiene etapas, tiene el período del deterioro y también la pérdida de los referentes corporales de las personas que han sido importantes y que empiezan a morir.
- Literalmente somos seres para la muerte, como dice Heidegger, seres que vamos a morir y a desaparecer. Los órganos están muriéndose antes que uno, los órganos ya empiezan a fatigarse, tal como es la fatiga de material en arquitectura. Pero nunca he pensado en cuerpos jóvenes ni viejos, más bien lo que me interesa a mí es cómo el cuerpo se inscribe en los lugares y hay cuerpos que frente a ciertos lugares son obsoletos, no importa que sean jóvenes pero son obsoletos. Otro tema que no es personal, es el paso del siglo, no sólo traspasamos un siglo si no un milenio, entonces miro con cierta piedad que toda la gente que nacimos en el siglo XX somos milenarios, somos demasiado ancianos, incluso un niño que pueda tener 8 años ya es un niño del siglo pasado, eso lo encuentro conmovedor, estremecedor, la mayor parte de la humanidad es milenaria, llegó a este siglo como un anciano decrépito…


Sesgos en la literatura


- Cuando piensa en la recepción de su obra, ¿son lo mismo para usted lectora que lector?
- En el punto personal de la gente que yo frecuento, por supuesto me interesan más sus opiniones, pero en principio yo creo que el lector, el leer un libro es un tema entre el lector y el libro y que nadie puede intervenir ahí.
- Ante la trampa que se ha creado de partir la literatura en dos, la verdadera y la femenina, y a la vez generar subgrupos como la literatura gay, la literatura mapuche, ¿cree que de algún modo los mismos grupos han sido cómplices al aceptar el enfoque de minoría?- Es un problema bien complejo; por una parte nadie podría discutir que hay un sistema dominante que ha funcionado históricamente de una manera y va a seguir funcionando. Y en este sistema la pluralidad es muy monolítica, así como la posibilidad de ingresar a él, en ese sentido me parecen interesantes estos movimientos sociales por las diferencias para reclamar espacios. Efectivamente, estas minorías se han organizado social y políticamente y han conseguido ganar ciertos espacios, todavía de manera muy asimétrica, tal vez en cierto sentido puede ser hasta fugaz porque la sociedad no es desarrollista y un espacio ganado luego puede ser espacio perdido; la historia tiene fuerte reversión. En ese sentido me parece interesante, pero el punto también es un arma de doble filo porque la segmentación de lo literario es muy útil para la segmentación de los mercados; entonces la pregunta que no dejo de hacerme es si acaso no se ha creado una serie de ghettos: el ghetto mujer, el ghetto gay, y en el fondo los ejes literarios se mantienen incólumes, siguen siendo totalmente históricos, manejados por las mismas fuerzas.
- ¿Una discriminación positiva obligatoria que a la larga llegue a ser negativa?
- Es un problema muy complejo, muy interesante; si no hay discriminación positiva pues el espacio para las mujeres va a seguir prolongando lo que ha sido su historia, si no se ejecutan maniobras democratizadoras, pues el sistema no tiene porqué democratizar, el poder está dónde está y no tiene porqué ceder. Como lo único que produce descompresión son las presiones sociales, entonces las cuotas podrían ser interesantes, aunque no resulte inmediato, porque a su vez esas cuotas pueden estar signadas por una serie de factores, por ejemplo capitales simbólicos, es decir, que entren cuotas a esas cuotas y de nuevo se reproduzca ahí una discriminación.


Literatura, lenguaje y sociedad en el Chile de hoy


- El lenguaje de sus obras es complejo, pero paralelamente estamos en una sociedad que cada día restringe y homogeniza más los matices del lenguaje, ¿no le produce eso desazón, sensación de futilidad?
- Verdaderamente yo no pienso mucho en los retornos, nunca he apostado a los retornos, para mí el gran desafío es cómo llevo adelante un libro. Eso es efecto de un tipo particular de capitalismo, muy particular en este país; acá existe una normativa bastante intensa en cuanto a una experiencia política y económica que requiere de esos discursos para sostenerse, esos discursos mientras más desechables sean es mejor, porque estamos frente un mercado muy ávido, desechable, invasivo. Hay un correlato entre la discursividad y el modelo económico muy exacto aquí.
- Que en Chile la gente que lee es muy poca, es un hecho. ¿Podrá ser que la literatura haya dejado de representar, que haya perdido su antigua misión y que, finalmente, no sea importante que la gente deje de leer?
- No lo sé, no sé si importa que lea o no, en parte el punto está en la capacidad de comprensión, la gente no es capaz de seguir las instrucciones de un manual, entonces si las personas no entienden las instrucciones básicas, su trabajo se va a debilitar. En este país se está produciendo un grave deterioro que podría no ser importante si no fuera porque va a repercutir en lo que sería la producción de cada sujeto. Se trabaja muchas horas con una productividad baja y en parte se debe a que la capacidad de comprender discursos es baja, eso puede ser porque este país se ha modernizado muy rápidamente y la gente no ha podido seguir el ritmo de la modernización; pero desde luego este es un problema álgido y fundamental, se están dando resultados muy pobres en toda el área de discursos, lenguaje, etc., me parece que va más allá de la literatura, la literatura es un detalle porque todo el sistema está tambaleando.
- Pero la literatura es de alguna forma un modo superior en el uso del lenguaje, entonces necesariamente si hubiese interés por la literatura habría un uso adecuado de los manuales, porque uno es anterior al otro.
- Hubo una decisión, que a mí me parece errada, y es que en Enseñanza Media sacaron Literatura, y la decadencia comprensiva se produce paralela a ese momento. Al retirarla de los programas escolares se pierde esa densidad que porta la literatura, precisamente en una sociedad que apuesta a la no densificación, fue una apuesta política que ha traído un mal resultado. Ahora, en el sentido más intenso el término, me parece a mí que en todo el siglo XX los lectores somos muy pocos, somos un grupo minoritario los que leemos literatura, pequeñas comunidades, son muy poca la gente que está en lo que estamos nosotras, somos muy pocas. Pero hay una pasión por lo literario que no se ha deshecho y que aún la sigo viendo en gente joven.
- La invasión televisiva se expande más allá de su ámbito propio y se mete en otros medios, sus contenidos parecen apuntar a la evasión de la realidad viviendo vidas de otros, ¿qué tipo de individuos generará una sociedad así de mediatizada?
- Lo que yo pienso que estos nuevos programas que tienen que ver directamente con el chisme, tienen que ver también con un mercado de vida, un mercado de vida que se transa sobre la televisión, se transa dentro de los programas, el chisme donde la gente vende sus conflictos, historias, sus vidas, etc., y eso tiene un precio porque efectivamente lo invitan a un programa y le pagan un millón en otro dos, entonces eso pasa por una economía, no es casual, es una producción social. En otros países como Argentina y España, eso no importa porque también disponen de otros repertorios. Acá, aparentemente, estaría habiendo una hegemonía de eso, la alienación de la que habló Marx tiene vigencia y ahí tienes un ejemplo de un tipo de alienación, pero la gente también tiene una resistencia.
- Claro que la tiene, pero hacia dónde va a desembocar esa resistencia.
- Todo tiene volteretas, la historia no es lineal y todos estos programas tienen una consistencia acotada, entonces en un momento van a tener que salir de ese eje, se me ocurre que tendrán que abrirse otros espacios más, con mayor densidad que los que estamos teniendo.
- ¿La literatura debería tener un rol determinante en la revalorización de la identidad en la medida que se globaliza el mundo o eso no es un rol de la literatura?
- Yo creo que ahí hay una especie de lugar y una especie de historia, en el sentido que más allá de las globalidades, que es un hecho creciente y obvio, se globalizan algunas literaturas y otras no. Eso también es interesante, hay que ver cuáles se globalizan, por qué se globalizan o no lo hacen. Hay ciertas cuestiones históricas, a veces muy finas, sutiles, que dialogan; hay ciertas novelas chilenas que están dialogando muy fuertemente con otras de otras épocas y yo creo que tiene que ver con la historia y sus singularidades. Entonces no creo que la globalización sea tan definitiva, yo creo que eso le conviene a los discursos globalizadores, es una estrategia. La identidad no es algo fijo, porque eso sería un horror, la identidad se modifica, se incrementa, adquiere particularidad, pero hay ciertos ejes que unen sus modificaciones y dialogan con lo que se modificó, en términos que yo entiendo que la identidad es un proceso dinámico.
- Las utopías, los mega relatos parecen haber quedado fuera de la literatura actual, ¿cuáles cree que son los grandes temas hacia los cuales se dirige la literatura actual?
- No sé, porque verdaderamente por decreto nadie puede dar por terminado nada. Efectivamente hubo una gran histeria con el fin de los mega relatos, pero me parece que hay que ir viendo libro a libro y si hay un libro que se proponga una cuestión hiper monolítica y se la puede, pues está muy bien, de la misma manera que hay textos muy otros. Estoy pensando en Beckett, por ejemplo, que salió de un lugar y se metió a otro y fue muy interesante, aunque a mí me parece un escritor bastante irregular. Pero sigo pensando que La Casa Verde de Vargas Llosa es interesante, o pienso el barroco de Lezama Lima, que a unos les puede resultar árido hoy, a mí me parece atractivo; quiero decir, si aparece a otro barroco, otra Casa Verde, nadie podría expulsarlas del paraíso, porque eso no es por decreto, ésas son cuestiones muy autoritarias y me parece que la literatura no es previsible, es un autoritarismo.
- El hecho de que los individuos vivan sin fronteras, sumergidos en sí mismos, sin ataduras ni contrapesos que los aten, ¿va a influir necesariamente en la literatura o en su forma de ver la literatura?
- Yo creo que han sido muchas vidas que ha vivido el sujeto porque son construcciones, todas son construcciones que se deja de vivir y que se revive de determinadas maneras, todo eso es transitorio, no hay ninguna vida. Hay ciertos sujetos singulares que en cualquier momento, desde cualquier contexto, en cualquiera circunstancia, van a escribir. El mundo de la estética es variado, desde luego cada persona tiene sus líneas estéticas, yo tengo las mías, hay ciertas literaturas que me importan, me iluminan y en cierto modo me conmueven, y esas de repente vienen de distintos lados, de distintas épocas, con distintos engranajes, entonces no creo que la literatura se pueda debilitar o fortalecer por las ordenanzas sociales, tiene que ver con ciertos sujetos, que en un punto, no sé en cuál, están ahí y están en otra parte. Aún me siguen sorprendiendo textos de una realidad que está hiper discurseada, casi terminal, pero es menos predecible y todas estas situaciones sociales no son de una vez y para siempre, hemos vivido demasiadas experiencias como para pensar que este presente implica necesariamente un largo futuro, no es así, ojalá fuera así porque sería más fácil.
- ¿A qué puede deberse la venta gigantesca de libros de auto-ayuda, que es casi la nueva literatura para varias personas?
- No he leído libros de auto-ayuda, entonces no los conozco, aunque sí he oído que hay un gran mercado para ellos Ojalá fueran útiles, sería extraordinario, pero no se resuelven las vidas así, mejor dicho no se resuelven nunca a mí juicio, nada se resuelve, y tampoco un escritor resuelve su vida escribiéndolo. Entonces no veo cómo si la gente que escribe no se cura a sí misma de nada, un libro vaya a curar a algún lector en ningún punto. Son cuestiones que me parece se acercan más a la religión, todos esos libros de auto-ayuda están muy cerca de cuestiones religiosas, tienen que ver con una cierta fe.
Junto a esta fe tibia, el fundamentalismo surge con una fuerza atómica en ciertos lugares.
- No hay época más impresionante en cuanto a hegemonía y fanatismo que el medioevo y parte del renacimiento en el mundo occidental, miles de personas murieron por cuestiones de fe, ya no podía ser más fundamentalista, y sin embargo, eso se rompió. Nosotros estamos asistiendo a algo que no conocemos ni entendemos ni sabemos su gestación, que sería, por ejemplo, el fundamentalismo islámico. Pero nosotros sabemos lo que occidente nos dice, es el discurso occidental el que habla, habría que ver cómo saber. El fundamentalismo católico ha sido impresionante, con miles de muertos, las cruzadas, las guerras, la inquisición, pero eso también se perforó y hoy hay una religiosidad dispersa, que parte de esos templos que antes eran el confesionario u otros lugares, están ahora en estos libros de auto-ayuda por un deseo religioso de perfección, el sujeto no acepta bien su imperfección.
- Como observadora, parece situarse bien en este mundo moderno que evoluciona de manera tan desconcertante.
- Me parece que uno siempre uno tiene que estar abierto a las experiencias sociales que hay. Es interesante desde el punto de vista de ejercer una crítica, como ejercicio, pero, evidentemente, no es pareja, siempre hay zonas, hay espacios que se alejan del discurso oficial, hay personas, hay espacios, gestos, gestas muy interesantes en las que tú te refugias, te puedes refugiar en distintos lugares, entonces a mí no me parece dramático ni estoy conmocionada por la tecnología ni nada por el estilo.
- Ya no existe el sujeto obrero ni el trabajo como lugar de identificación.- Los sistemas político conceptuales hicieron caer al sujeto obrero. Estamos en una situación laboral muy parecida a la que ocurrió a finales del IXX y principios del XX, en donde efectivamente la cuestión laboral era muy compleja, habrá que examinar si este sujeto es un sujeto más nómada que necesita pues ese transcurso, las épocas de grandes de meditaciones. Tenemos la migración peruana, muy interesante por lo demás, los sujetos pasan fronteras y buscan el dinero, entonces o estamos en un movimiento más nómada o esta situación va a tener que replantearse, la mayor parte de la gente de este tercerismo del trabajo son sujetos que van y vienen, están en situaciones de contratación penosas, más allá de lo que diga el discurso oficial. Entonces habría que ver cómo esos cuerpos se van a ajustar a su situación y destino, qué va a pasar con ese horizonte de personas sin jubilación, cómo se va a resolver. Hay una serie de interrogantes sociales abiertas por este hiper neoliberalismo.
- Mucha gente no encuentra gratificación en el trabajo, ya no existe como espacio de realización personal ni de identificación.
- Hay que considerar que los jóvenes que ingresan a los mercados carecen de una historia laboral y por lo tanto para ellos la realidad laboral es así, tal cual la están viviendo. Yo soy muy antigua, estoy afiliada a una institución, somos contadas con los dedos de las manos las personas que estamos en esta situación. Incluso estos jóvenes, porque aún son jóvenes, están hasta satisfechos de la movilidad, de la no pertenencia. El punto es cuando estos jóvenes vayan formando familias, cómo van a enfrentar la carencia de Estado, de un Estado que los proteja, porque evidentemente las empresas no los protegen en nada, la empresa se desligó de su gente, ya no es una empresa patriarcal, en el sentido que ofrezca cierta seguridad a su gente. Habría que pensar qué va a pasar con el Estado, cuando el sujeto mire a la empresa y no le responda, vaya al Estado y tampoco no haya nada para él.
- O los individuos empiecen a renunciar a cosas que los anclan, eliminan los hijos, las permanencias familiares.Hay una serie de sujetos fugados de los sistemas productivos, que no van a trabajar en esas condiciones, se están yendo al lado del delito creciente, hay que ver qué va a pasar ahí, son sujetos que no entran a ganar sueldos mínimos porque les sale más a cuenta un par de asaltos. Es una sociedad bastante compleja. Los sujetos que están en la cárcel no van a entrar a los mercados laborales, no entraron, es una decisión que no tiene que ver con la pobreza y todo ese discurso melodramático entre delito y sociedad; ya no es así, es una cosa deliberada.- Seguramente influye la falta de perspectivas.
- Por eso hay que ver cómo está operando la sociedad. Esas contradicciones están saldándose en este momento en la violencia, pero yo creo que debería haber una intervención del Estado y meterse con las compañías, porque si no el costo social va a ser muy alto. Pero nosotros no vamos a arreglar el mundo, eso está ocurriendo, eso está así, entre los sectores confinados, los jóvenes que entraron a otras prácticas de vida, la gente que está sin jubilación y le va a caer a los hijos; eso va a producir varios desastres en la ecología humana del país.- Ese es el gran triunfo del neoliberalismo, hacer creer que las cosas son así porque no pueden ser de otro modo.- Es relativo, porque en Bolivia la universidad es gratuita, en Argentina y Uruguay no sólo es gratuita si no también es de entrada automática, sin rendir prueba, en Perú, México y Venezuela es gratuita, pero aquí se naturalizó el hecho de que la universidad y la salud se pagan. La realidad chilena es una excepción, es el sitio más experimental, por eso es que se vienen todos para acá, creen que somos un especie de USA, ya estamos como una pequeña Isla Caimán, pero la situación no es así en todo Latinoamérica.
- Cuando uno habla del sistema, ¿quiénes están detrás del sistema?
- Yo creo que son pactos de varias fuerzas, desde luego pactos políticos, un pacto económico, yo creo que todo esto son fuerzas poderosas que vienen de distintos lados, y que tienen que ver con el dinero, ése es el quid del asunto. Es la validación de un sistema económico que se probó bastante eficaz y que aportaba ganancias extraordinarias. Si bien en lugares como Europa, pudieron equilibrar la situación social, en este país que es más primitivo, se hizo sin custodiar el sistema en conjunto. Ahí hay un pacto político con un pacto económico, es decir, primero la voracidad económica consiguió contar con un sistema político, primero con Pinochet, y después con la Concertación. Detrás de todo eso está lo que siempre ha estado que es el dinero asociado al poder y además la gente se naturaliza, cree que la realidad es así.

lunes, 14 de enero de 2008

Clarice Lispector - Mirada de mujer


Clarice Lispector (1925 – 1977) es una escritora brasileña, nacida en Ucrania, su familia migra a Brasil cuando ella contaba con dos años.
El mundo de la introspección, la palabra y el límite de la palabra y por ello su gran preocupación por el lenguaje. Su mirada es esencialmente femenina, ella capta las sensaciones, los detalles, las emociones y todo lo que rodea el mundo femenino. El mundo cotidiano, todo lo que carece historia. En suma, el mundo de la mujer, ese mundo que durante siglos ha pasado desapercibido. Y, son esos detalles imperceptibles al ojo corriente lo que van engrandeciendo la narrativa de la escritora brasileña.
“La Hora de la estrella” es un libro maravilloso desde el inicio. La dedicatoria una verdadera joya. La historia de Macabea una mujer insignificante, hubiera podido ser el texto de un folletín pero la descripción de sentimientos como imágenes congeladas llegan al fondo del abismo humano y nos abren grietas. El grito de lo no dicho con palabras. A continuación los dejo con el texto escogido:

LA HORA DE LA ESTRELLA(novela) - texto escogido

DEDICATORIA DEL AUTOR (En verdad, Clarice Lispector)

He aquí que dedico esto al viejo Schumann y a su dulce Clara, que hoy ya son huesos, ay de nosotros. Me dedico a un color bermejo, muy escarlata, como mi sangre de hombre en plenitud y, por lo tanto, me dedico a mi sangre. Me dedico sobre todo a los gnomos, enanos, sílfides y ninfas que habitan mi vida. Me dedico a la añoranza de mi antigua pobreza, cuando todo era más sobrio y digno, y yo no había comido langosta. Me dedico a la tempestad de Beethoven. A la vibración de los colores neutros de Bach. A Chopin que me reblandece los huesos. A stravinsky que me llenó de espanto y con quien volé en fuego. ¿A Muerte y transfiguración, donde Richard Strauss me revela un destino? Sobre todo me dedico a las vísperas de hoy y a hoy, al velo transparente de Debussy, a Marlos Nobre, a Prokófiev, a Carl Orff, a Schönberg, a los dodecafonistas, a los gritos ásperos de los electrónicos; a todos esos que en mí tocaran regiones aterradoramente inesperadas, a todos esos profetas del presente y que me vaticinaron a mí mismo hasta el punto de que en este instante estallo en: yo. Ese yo que son ustedes porque no aguanto a ser nada más que yo, necesito de los otros para mantenerme en pie, tonto que soy, yo torcido, en fin, qué hacer sino meditar para caer en aquel vacío pleno que sólo se alcanza con la meditación. Meditar no tiene que dar resultados: la meditación puede verse como fin de sí misma. Medito sin palabras y sobre la nada. Lo que me confunde la vida es escribir.
Y..., y no olvidar que la estructura del átomo no se ve pero se conoce. Sé muchas cosas que no he visto. Y ustedes también. No se puede presentar una prueba de la existencia de lo que es más verdadero, lo bueno es creer. Creer llorando.
Esta historia ocurre en un estado de emergencia y de calamidad pública. Se trata de un libro inacabado porque le falta la respuesta. Respuesta que, espero, alguien en el mundo me dará. ¿Ustedes? Es una historia en tecnicolor, para que tenga algún adorno, por Dios, que yo también lo necesito. Amén por todos nosotros.
Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres. Escribo por mi desesperación y mi cansancio, ya no soporto la rutina de ser yo, y si no existiese la novedad continua que es escribir, me moriría simbólicamente todos los días. Pero estoy preparado para salir con discreción por la puerta trasera. He experimentado casi todo, aun la pasión y su desesperanza. Ahora sólo querría tener lo que hubiera sido y no fui.
Parece que conozco los menores detalles de esa norestina, como si viviera con ella. Bien lo adiviné de ella: se me pegó a la piel como un dulce pegajoso o como lodo negro. Cuando era niño leí el cuento de un viejo que tenía miedo de cruzar un río. Entonces llegó un hombre joven; también quería pasar a la otra margen. El viejo aprovechó para decirle:
-¿Me puedes llevar? ¿Puedo ir montado en tus hombros?
El joven dijo sí y ya hecha la travesía le avisó:.....
-Ya hemos llegado, ahora puedes bajar..
Pero el viejo respondió muy astuto y avisado:
-¡Ah, eso no! ¡Es tan bueno ir montado aquí como voy, que nunca más te dejaré!
Pues la mecanógrafa no se quiere bajar de mis hombros. Ahora mismo compruebo que la pobreza es fea y promiscua. Por eso no sé si mi relato va a ser..., ¿a ser qué? No sé nada, todavía no me he animado a escribirlo. ¿Tendrá acontecimientos? Los tendrá. ¿Pero cuáles? Tampoco lo sé. No estoy tratando de crear en ustedes una expectativa ansiosa y voraz: es que realmente no sé lo que me espera, tengo un personaje en ebullición entre las manos, y se me escapa a cada instante, con la pretensión de que yo lo recupere.
He olvidado decir que todo lo que ahora estoy escribiendo está acompañado por el estruendo enfático de un tambor batido por un soldado. En el momento mismo en que empiece el relato, al punto callará el tambor.
Veo a la norestina mirándose en el espejo y -un toque de tambor- en el espejo aparece mi cara cansada y barbuda. Hasta ese extremo nos intercambiamos. No hay duda de que ella es una persona física. Y además un hecho: se trata de una chica que nunca se miró desnuda porque tenía vergüenza. ¿Vergüenza por pudor o por ser fea? También me pregunto cómo es que voy a dar en cuatro patas en el hecho y en los hechos. Lo que ocurre es que de repente me fascinó lo figurativo: creo la acción humana y me estremezco. También quiero lo figurativo tal como un pintor que sólo pintase colores abstractos querría demostrar que lo hacía por su gusto, y no por no saber dibujar. Para dibujar a la chica tengo que dominarme, y para poder captar su alma tengo que alimentarme con frugalidad de frutas y beber vino blanco helado, porque hace calor en este cubículo en que me he recogido y desde el que tengo la veleidad de querer ver el mundo. También he tenido que abstenerme de sexo y de fútbol. Sin hablar de que no me comunico con nadie. ¿Volveré algún día a mi vida anterior? Lo dudo mucho. Ahora advierto que olvidé decir que entre tanto no leo nada para no contaminar con suntuosidades la simplicidad de mi lenguaje. Porque, como he dicho, la palabra se tiene que parecer a la palabra, instrumento mío. ¿O no soy un escritor? En verdad, más bien soy un actor, porque con sólo una forma de puntuar logro malabarismos de entonación, hago que la respiración ajena me acompañe en el texto.
También olvidé decir que la relación que en breve tendrá que comenzar -pues ya no soporto la presión de los hechos-, la relación que en breve tendrá que comenzar está escrita bajo el patrocinio del refresco más popular del mundo y que ni por ésas me paga nada, el refresco ése difundido en todos los países. Sin embargo, fue el que patrocinó el último terremoto de Guatemala. A pesar de tener el gusto del olor de la laca de uñas, del jabón Aristolino y de plástico mascado. Nada de eso impide que todos lo amen con servilismo y sumisión. También porque -y voy a decir ahora una cosa difícil que sólo yo entiendo-, porque esa bebida que tiene coca es hoy. Es el medio del que dispone una persona para actualizarse y pisar en la hora presente.
En cuanto a la muchacha, ella vive en un limbo impersonal, sin alcanzar lo peor ni lo mejor. Ella vive, tan sólo, aspirando y espirando, aspirando y espirando. A decir verdad, ¿para qué más? Su vivir es ralo. Sí. ¿Pero por qué me siento culpable? Y procuro aliviarme del peso de no haber hecho nada concreto en beneficio de la muchacha. Muchacha ésta -y veo que ya casi estoy en el relato-, muchacha ésta que dormía con una enagua de brin en la que había manchas bastantes sospechosas de sangre pálida. Para dormir en las frías noches de invierno, se enroscaba sobre sí misma, recibiendo y dándose su poco calor. Dormía con la boca abierta porque tenía la nariz tapada, dormía exhausta, dormía hasta el nunca.
Debo agregar algo que importa mucho para la comprensión del relato: es que está acompañado desde el principio hasta el fin por un levísimo y constante dolor de muelas, cosa de dentina expuesta. Afirmo también que la narraciónserá acompañada igualmente por el violín plañidero que, justo en una esquina, toca un hombre delgado. Su cara es estrecha y amarilla, como si él ya estuviese muerto. Y tal vez lo esté.
Todo esto lo he dicho con tantas dilaciones por temor de haber prometido demasiado y dar tan sólo lo simple y lo poco. Porque esta historia es casi nada. La cuestión es empezar de golpe, así como yo me echo de golpe al agua gélida del mar, para enfrentar con una valentía suicida el frío intenso. Ahora voy a empezar por la mitad diciendo que........
... que ella era incompetente. Incompetente para la vida. Le faltaba la habilidad de ser hábil. Sólo de una manera vaga se daba cuenta de una especie de ausencia que tenía de sí en sí misma. Si hubiese sido una criatura capaz de expresarse, habría dicho: el mundo está fuera de mí, yo estoy fuera de mí. (Va a ser difícil escribir este relato. A pesar de no tener nada que ver con la muchacha, me tendré que escribir todo a través de ella, entre mis espantos. Los hechos son sonoros, pero entre los hechos hay un susurro. Y ese susurro es lo que me impresiona.)
Le faltaba la habilidad de ser hábil. Tanto que (explosión) no argumentó nada en su propio favor cuando el jefe de la firma de representación de poleas le avisó con brutalidad (brutalidad que ella parecía provocar con su cara de tonta, un rostro que pedía una bofetada), con brutalidad, que sólo iba a mantener en su puesto a Gloria, su compañera, porque ella se equivocaba demasiado al escribir a máquina, además de manchar siempre el papel. Eso dijo el. En cuanto a la muchacha, pensó que por respeto se debe responder algo y habló ceremoniosa a su jefe, que era su amor oculto:
-Discúlpeme por la molestia.
El señor Raimundo Silveira -que a esas alturas ya le había dado la espalda- se volvió un poco sorprendido por la delicadeza inesperada, y algo en la cara casi sonriente de la mecanógrafa le hizo decir con menos grosería en la voz, aunque a disgusto:
-Bien, puede que no la despida ahora mismo, tal vez sea dentro de un tiempo.
Después de recibir el aviso, fue al servicio, para estar sola porque se sentía toda aturdida. Se miró maquinalmente en el espejo que colgaba sobre el lavabo sucio y desconchado, lleno de pelos, algo concordante con su vida. Le pareció que el espejo opaco y oscurecido no reflejaba ninguna imagen, ¿Acaso se habría esfumado su existencia física? Pero esa ilusión óptica se desvaneció y entrevió la cara deformada por el espejo ordinario, la nariz que parecía enorme, como la nariz de cartón de un payaso. Se miró y pensó al pasar: tan joven y ya oxidada.
(Hay los que tienen. Y hay los que no tienen. Es muy simple: la muchacha no tenía. ¿No tenía qué? No es más que eso mismo: no tenía. Si se tercia que me entiendan, está bien. Si no, también está bien. ¿Pero por qué hablo de esa chica, cuando lo que más deseo es el trigo de pura madurez y oro en el estío?)
Cuando era pequeña, su tía, aplicándole el castigo del miedo, le había dicho que el hombre vampiro -el que chupa la sangre de las personas mordiéndoles las carnes tiernas de la garganta- no se reflejaba en los espejos. No estaría del todo mal lo de ser vampiro, porque le iría bien un poco de rubor de sangre en su cara amarillenta, ella, que parecía que no tuviese sangre, a menos que en algún momento la derramara.
La chica tenía hombros curvos, como los de una zurcidora. De niña había aprendido a zurcir. Se hubiese sentido mucho más a gusto entregada a esa tarea primorosa de recomponer hilos, tal vez de seda. O de lujo: satén bien brillante, un beso de almas. Zurcidorica mosquito. Cargar como una hormiga un grano de azucar. Era tan insignificante como una idiota, sólo que no lo era. No sabía que era desventurada. Era, porque tenía fe. ¿En qué? En ustedes, pero no es necesario tener fe en alguien o en algo, basta con tener fe. Eso a veces le daba un estado de gracia. Nunca había perdido la fe.
(Esta muchacha me incomoda tanto que me he quedado vacío. Estoy vacío de esta chica. Me incomoda tanto más cuando menos exige. Tengo rabia. Una ira como para tirar vasos y platos y romper cristales. ¿Cómo vengarme? O mejor, ¿cómo compensarme? Ya lo sé: queriendo a mi perro, que tiene más comida que esa chica. ¿Por qué no reacciona ella? ¿Dónde está su fibra? No tiene, es dulce y obediente.)
Vio entonces dos ojos enormes, redondos, saltones e interrogativos -tenía la mirada de quien tiene un ala herida-, tal vez un problema de tiroides, ojos que preguntaban. ¿A quién interrogaba? ¿A Dios? Ella no pensaba en Dios, Dios no pensaba en ella. Dios es de quien consigue llegar a Él. En la irreflexión aparece Dios. No hacía preguntas. Adivinaba que no hay respuestas. ¿Iba a ser tan tonta de preguntar? ¿Y recibir un "no" en la cara? Tal vez una pregunta vacía valiese tan sólo para que un día nadie pudiera decir que ni siquiera había preguntado. A falta de quien le respondiese, ella misma parecía haberse contestado: es así porque es así. ¿Existe en el mundo otra respuesta? Si alguien sabe alguna mejor, que se presente y la diga; hace años que espero.
Entre tanto, las nubes son blancas y el cielo es todo azul. Para que tanto Dios. Por qué no un poco para los hombres.
Ella había nacido con malos precedentes y ahora parecía una hija de no-sé-qué con aire de pedir disculpas por no ocupar un espacio. En el espejo, distraída, examinó de cerca las manchas de su cara. En Alagoas se llamaban panos, decían que venían del hígado. Ocultaba las manchas con una capa espesa de polvo blanco y, si se veía medio revocada, era mejor que verse pardusca. Toda ella estaba un poco sucia, porque raro era que se lavase. De día llevaba la falda y blusa y de noche dormía con la enagua. Una compañera de cuarto no sabía cómo advertirle que olía a mugre. Y como no sabía, se quedó en eso, porque tenía miedo de ofenderla. Nada en ella era iridiscente, aun cuando la piel de su cara tuviese entre las manchas un ligero brillo de ópalo. Pero no importaba. Nadie la miraba en la cale, ella era café frío.
Así pasaba el tiempo para esta chica. Se sonaba la nariz en el dobladillo de la enagua. No tenía esa cosa delicada que se llama encanto. Sólo yo la veo encantadora. Sólo yo, su autor, la amo. Sufro por ella. Y sólo yo puedo decirle así: "¿Qué habrá que me pidas llorando y yo no te dé cantando?" Esa muchacha no sabía que ella era lo que era, tal como un cachorro no sabe que es cachorro. Por eso no se sentía infeliz. Lo único que quería era vivir. No sabía para qué, no se lo preguntaba. Quien sabe, tal vez encontraba que había una ínfima gloria en vivir. Pensaba que una persona está obligada a ser feliz. De modo que lo era. ¿Antes de nacer ella era una idea? ¿Antes de nacer estaba muerta? ¿Y después de nacer iba a morir? Pero qué fina tajada de sandía.

jueves, 10 de enero de 2008

A proposito de Historias Prohibidas de Marta Veneranda


Siempre ando a la caza de libros escritos por mujeres. Y, como ya lo he dicho, necesito nuevos enfoques del mundo que nos toca vivir. Las historias de mujeres aún no han sido contadas desde su propia visión, representa un mundo nuevo que se abre a lo desconocido. Sus secretos más guardados están ahí, por debajo de la manga o de las bragas y también su desenfada manera de apreciar el mundo.

En los Estados Unidos se está dando un fenómeno interesante en cuanto a los nuevos narradores y narradoras provenientes de Latinoamérica y como migrantes abordan sus historias desde sus propios puntos de vista. Temas como la migración, el trabajo, la integración, sus luchas, sus miedos, sus problemas de relaciones humanas y también lo referente a la sexualidad, tanto heterosexual como homosexual.

Estos temas están siendo abordados por estos escritores y escritoras latinos con absoluta sinceridad, desde una óptica personal y abierta. Nos ofrecen su fresca visión de un mundo por descubrir.

La escritora cubana Sonia Rivera-Valdés con el libro "Historias Prohibidas de Marta Veneranda" ganó el premio Casa de las Américas.


El texto a continuación pertenece a Paquita Suarez Coalla, nacida en Oviedo, doctora en literatura hispánica y latina. Y nos habla del libro "Historias prohibidas de Marta Veneranda":


Las historias prohibidas de Marta Veneranda, de la escritora cubana Sonia Rivera-Valdés, es un libro casi sin precedentes dentro de la literatura en español escrita por mujeres. Pocas son las obras hasta el momento que, en nuestros países, a un lado y otro del Atlántico, se han atrevido a plantear de una manera tan abierta como lo hace Sonia el tema de la homosexualidad femenina. Pocas son, también, las escritoras que, como a ella, no les espanta “etiquetar” lo que escribe como literatura lesbiana. Sonia sabe de sobra que aquello que no se nombra es como si no existiera y que ésta, precisamente, ha sido la estrategia recurrente de las autoridades de la crítica literaria de los países hispanos –incluyendo España- para ignorar, de forma consciente, la escritura de temática lésbica. Esto ha llevado a algunas escritoras, como la uruguaya Cristina Peri Rossi, a escribir en primera persona masculina, y a no escribir de forma explícita de relaciones entre mujeres hasta que empezó a ser una escritora reconocida, sin problemas ya para publicar. O que la ganadora del Premio La Sonrisa Vertical, en 1995, con el libro Tu nombre escrito en el agua, decidiera firmar con un seudónimo y mantenerse en el anonimato, a pesar de que su obra estaba ya avalada por el prestigio de este premio. No tengo la seguridad de que esto sea un indicio de que la sociedad (literaria) no está preparada todavía para recibir este tipo de obras, pero si así fuera, o así es, es necesario arriesgarse y empezar a abrir caminos, como ha hecho Sonia Rivera-Valdés al escribir Las historias prohibidas..., libro que, además, fue galardonado en 1997 con el Premio de Casa de las Américas, y que hasta el momento cuenta con varias ediciones (dos en Cuba, dos en España y una en Estados Unidos), una traducción al inglés, y una traducción (aún inédita) al asturiano. Aunque no todos los cuentos que componen Las historias prohibidas... son historias de temática lesbiana, creo que es importante señalar que varias de ellas sí lo son, por respeto en principio a un público, también olvidado y marginado, que no tiene por qué identificarse con una literatura que sólo propone relaciones heterosexuales y que falsamente se ha considerado universal, porque es necesario y urgente crear una nueva forma de leer y porque, como empecé diciendo, Sonia Rivera-Valdés es, en este sentido, una autora con contados precedentes dentro de la literatura escrita en español. Y si algún precedente pudiera señalarse en la cultura hispana, es el de las escritoras chicanas que escriben en inglés, y con las cuales -Gloria Anzaldúa y Cherríe Moraga, especialmente- Sonia ha dicho en varias ocasiones sentirse en deuda, por haberle “dado permiso” a escribir sin hacer ninguna concesión salvo consigo misma. Esta misma honestidad con la que escribe Sonia Rivera-Valdés es la que caracteriza a los personajes de sus cuentos (mujeres en su mayoría) y la que los lleva a querer reorganizar sus vidas sin cobardía ni miedo. La fidelidad a sus propios sentimientos, antes que a las pautas socioculturales a las que pertenecen (todos los personajes son cubanos, o latinos, que residen en Nueva York) es el principal motor de sus actos, aunque no dejen de estar condicionados en cierto sentido por éstas y, obviamente, les genere algún tipo de conflicto. Este conflicto es el que da lugar a la trama de las distintas historias en las que los personajes que las protagonizan van a contarle a Marta Veneranda -principal hilo conductor de todas ellas- algo que les ha pasado, que no se atreven a confesar ni a sus seres más allegados, y que les está produciendo un cierto malestar. Lo fascinante de todas los cuentos es que lo que en principio se presenta como “prohibido” para los personajes deja de serlo una vez cuentan su “historia prohibida”, y así, ésta se convierte en la anécdota que permite reflexionar sobre los problemas más comunes de las relaciones (sin que tenga ya una mayor importancia el hecho de que sean homosexuales o heterosexuales) y que ponen al descubierto los lados oscuros de nuestro ser. Las dinámicas de poder, de abuso, de incomunicación que se dan con frecuencia en las parejas, es lo que se plantea en el fondo de estas nueve historias donde los personajes luchan por vivir de acuerdo a sus deseos y a lo que sienten, aunque por su condición de seres humanos, contradictorios y frágiles, no siempre se les haga fácil.

Sylvia Plath - Ariel - poesía


Sylvia Plath
Los dejo con una pequeña selección de poemas de Ariel:

SEÑORA LÁZARO

He vuelto a hacerlo.
Una vez por decenio
me las compongo…

Especie de milagro andante, mi piel
que destella como una pantalla de lámpara nazi,
mi pie derecho

pisapapeles,
mi rostro sin rasgos, delicada
tela judía.

Arráncame el paño,
oh enemigo mío.
¿Infundo terror?...

¿La nariz, las cuencas de los ojos, todos lo dientes?
El aliento agrio
en un día se irá.

Pronto, pronto, la carne
que devoró la tétrica caverna
en mí estará a sus anchas

y seré una mujer que sonríe.
No tengo más que treinta años.
Y, al igual que los gatos, siete ocasiones para morir.

Ésta es la Número Tres.
¡Qué basura
a aniquilar cada diez años!

¡Qué millón de filamentos!
La multitud de mascacacahuetes
se apelotona para mirar

cómo me desenvuelven de pies y manos.
¡Gran strip-tease!
Caballero, señoras:

éstas, pues, son mis manos.
Mis rodillas.
Puedo estar en los huesos,

pero, no obstante, sigo siendo la misma idéntica mujer.
La primera vez que sucedió yo tenía diez años.
Fue un accidente.

La segunda vez estaba decidida
a seguir hasta el fin, a no regresar nunca.
Meciéndome, me cerré

como una concha.
Tuvieron que llamarme una y otra vez,
que arrancarme uno a uno los gusanos, como perlas pringosas.

Morir
es un arte, como todo.
Yo lo hago excepcionalmente bien.

Tan bien, que parece u infierno.
Tan bien, que parece de veras.
Supongo que cabría hablar de vocación.

Es bastante fácil hacerlo en una celda.
Es bastante fácil hacerlo, y quedarse esperando.
Es la teatral

reaparición a pleno día,
en el mismo lugar, ante la misma cara, al mismo bestial
y divertido grito

-¡es un milagro!-
que me deja inconsciente.
Hay que pagar,

por verme las cicatrices; hay que pagar
por escucharme el corazón…
Late de veras.

Y hay que pagar, hay que pagar muchísimo,
por palabra o contacto,
o un poquito de sangre

o un jirón de mi pelo o de mi ropa.
¿Y pues Herr Doktor?
¿Y pues, Herr Enemigo?

Soy tu opus,
soy tu inversión
el bebé de oro puro

que se funde en un garito.
Me doy vuelta y me abraso.
No creas que no estimo tu preocupación en todo lo que vale.

Ceniza, ceniza…
Que eres tú quien atiza y quien remueve.
Carne, hueso, no queda nada…

Una pastilla de jabón.
Un anillo de boda.
Un empaste de oro.

Herr Dios, Herr Lucifer,
tened cuidado,
tener cuidado.

De las cenizas
con el cabello rojo me levanto
y me como a los hombres como aire.

Ariel

Estasis en la oscuridad
Luego el chorro azul y sin sustancia
Del tolmo y de las lejanías.

Leona de Dios,
¡Como nos vamos uniendo,
Eje de talones y rodillas!...El surco

Se abre y pasa, hermano del
Arco marrón
Del cuello que no alcanzo a atrapar.

Bayas con ojos
De raza negra
Arrojan oscuros anzuelos…

Negras y dulces bocanadas de sangre,
Sombras.
Algo distinto

Me transporta por los aires…
Muslos, cabello;
Escamas que se desprenden de mis talones.

Blancas
Godiva, me despojo
De manos muertas y muertos aprietos.

Y ahora
Me hago espuma de trigo, centelleo de mares.
El grito del niño

Se funde en la pared.
Y yo
soy la flecha,

El rocío que vuela
Suicida, unido al impulso
Que conduce al ojo

Rojo: al caldero de la mañana.

LOS BAILES NOCTURNOS

Cayó una sonrisa en la hierba.
¡Irrecuperable!

¿Y cómo tus bailes nocturnos
van a perderse? ¿En las matemáticas?

Tales brincos y espirales puros…
De cierto que recorren

el mundo para siempre; pero no quedaré
enteramente vacía de bellezas: el don

de tu pequeño aliento; el olor
a hierba empapada de tus dormires -azucenas, azucenas.

Incomparable es tu carne.
Fríos pliegues de ego: la cala

y la tigridia, que va embelleciéndose…
Manchas – y una expansión de pétalos calientes.

Los cometas
tienen tanto espacio que recorrer,

tanta frialdad, tanto olvido.
Así se pulverizan tus gestos:

cálidos y humanos; luego su luz rosada
que sangra y se desuella

al pasar por las negras amnesias del cielo.
¿Por qué me son dados

esas luminarias, esos planetas,
que caen como bendiciones, como copos

hexagonales, blancos,
en mis ojos, mis labios, mi cabello

derritiéndose al contacto?
En ninguna parte

EL AHORCADO

Por la raíz del pelo algún dios me atrapó.
Sus vatios azules me hicieron chisporrotear como a un profeta
            del desierto.

Las noches desaparecieron, cerrándose de golpe, como los
párpados de un lagarto,
Un mundo de días blancos y calvos en la cuenta sin sombras.

Un aburrimiento buitreo me dejó clavado a este árbol.
Si él fuera yo, haría lo que hice.

AÑOS

Van entrando como animales procedentes del espacio
exterior del acebo donde las espinas
no son los pensamientos que sintonizo, como un yogui,
sino verdor, oscuridad tan pura,
que se hielan y son.

Oh Dios, yo no soy como tú
en tu vacua negrura,
con estrellas por todas partes, brillante y estúpido confeti.
La eternidad me aburre,
nunca la he deseado.

Lo que me gusta es
el pistón en movimiento:
ante él se me muere el alma.
Y los cascos de los caballos,
su batir despiadado.

Y tú, Estasis enorme…
¿Qué es lo que tiene de enorme el asunto?
¿Es un tigre este año, este rugido a la puerta?
¿Es un Christus
con su terrible

Pizca de Dios
muriéndose por volar y acabar de una vez?
Las bayas de sangre son ellas mismas, están muy quietas.

No lo tolerarán los cascos:
a distancia de azul los pistones sisean.

LA BONDAD

La bondad corretea por mi casa.
La Señora Bondad, ¡qué simpática es!
Las joyas azules y rojas de sus anillos humean
por las ventanas; los espejos
se llenan de sonrisas.

¿Hay algo tan real como el garito de un niño?
El chillido de los conejos será más silvestre,
pero no tiene alma.
El azúcar todo lo cura, dice la Bondad.
El azúcar es un fluido necesario,

pequeñas cataplasma sus cristales.
¡Oh bondad, bondad
que con dulzura recoges los pedazos!
Mis sedas japonesas, mariposas desesperadas,
pueden verse clavadas en cualquier momento, anestesiadas.

Pero ahí llegas tú con la taza de té
enguirnaldada de vapor.
El chorro de sangre es poesía:
no hay forma de cortarlo.
Tú me alcanzas dos niños, dos rosas.

Fuente: del libro Ariel - Traducción y notas de Ramón Buenaventura - Edición bilingüe - Poesía Hiperión


Vídeo poema Lady Lazarus en la voz de Sylvia Plath 

Biografía
Sylvia Plath, poeta norteamericana, nacida en 1932, un icono en la poesía escrita por mujeres. Ella, al igual que los más grandes poetas de la humanidad, vivió para la poesía.
Vida y poesía iban unidas por un mismo camino. Su poesía fue una indagación personal.
Ella conjura poesía y vida, en aras de la búsqueda de su propia verdad.
Sylvia era amante de la perfección, sus versos son el testimonio de esa delicada búsqueda estética. Sylvia fue una brillante alumna, pero la muerte de su padre, cuando contaba con ocho años la marcó profundamente y que nunca se recupero de esa muerte. Se casó con el poeta inglés Ted Hughes y se estableció en Inglaterra. Se separa de Ted luego del nacimiento de su primer hijo. Sylvia decide mudarse a Londres a un pequeño piso al lado de sus dos hijos, las condiciones tan duras de vida la inspiraron a seguir escribiendo, se cuenta que en este último periodo, trabajaba de cuatro a ocho de la mañana, antes que despierten los niños, se dice que escribió un poema al día.
Fueron las condiciones de vida adversa que incrementaron su capacidad creadora y aceleraron su muerte. Un halo a muerte se percibe en sus últimos poemas. En el frío invierno de 1963, enferma y con poco dinero se suicida.