sábado, 14 de mayo de 2011

César Vallejo



El reposo caliente aun de ser
Piensa el presente guárdame para
mañana mañana mañana mañana.
César Vallejo

Hace unos días publiqué una pequeña selección de poemas de Trilce de César Vallejo y ha desaparecido, supongo por algún problema de Blogger, ha estado dando fallos.

Quiero haceros llegar una vez este post, ya que descubrí la poesía gracias a César Vallejo, siempre lo releo, es otro de los que siempre están presentes en mi vida. Su poesía nunca ha  perdido el hechizo que ejerció en mí desde la primera vez, quizás de niña no entendía su significado pero me dejaba llevar por su músicalid y por esos caminos extraños cuando la palabra roza con el sentimiento profundo que existe en el ser humano.

Trilce es ante todo su libro más complejo, una renovación del lenguaje poético de la época, uno de los pilares del surrealismo hispanoamericano y lo escribió cuando estuvo injustamente preso en Trujillo. Se publicó por primera vez en 1922. 
Dejemos que su poesía nos invada:





XIII



Pienso en tu sexo.

Simplificado el corazón, pienso en tu sexo,

ante el hijar maduro del día.

Palpo el botón de dicha, está en sazón. 

Y muere un sentimiento antiguo

Degenerado en seso.



Pienso en tu sexo, surco más prolífico

y armonioso que el vientre de la Sombra,

aunque la Muerte concibe y pare

de Dios mismo.

Oh Conciencia,

Pienso, sí en el bruto libre

Que goza donde quiere, donde puede.



Oh, escándalo de miel de los crepúsculos.

Oh estruendo mudo.



¡Odumodneurtse!



XLIV



Este piano viaja para adentro,

viaja a saltos alegres.

Luego medita en ferrado reposo,

clavado con diez horizontes.



Adelanta. Arrástrase bajo túneles,

más allá, bajo túneles e dolor,

bajo vértebras que fugan naturalmente.



Otras veces van sus trompas,

Lentas asias amarillas de vivir

van de eclipse,

y se espulgan pesadillas insectiles,

ya muertas para el trueno, heraldo de los génesis.



Piano oscuro ¿a quién atisbas

con tu sordera que me oye,

con tu mudez que me asorda?



Oh pulso misterioso.



LXXV



Estáis muertos.



Qué extraña manera de estarse muertos. Quien diría no lo estáis. Pero, en verdad, estáis muertos.

Flotáis nadamente detrás de aquesa membrana que, péndula del zenit al nadir, viene y va de crepúsculo a crepúsculo, vibrando ante la sonora caja de una herida que a vosotros os duele. Os digo, pues, que la vida está en el espejo, y que vosotros sois el original, la muerte.



Mientras la onda va, mientras la onda viene, cúan impunemente se está uno muerto. Sólo cuando las aguas se quebrantan en los bordes enfrentados, y se doblan y doblan, entonces os transfiguráis y creyendo morir, percibís la sexta cuerda que ya no es vuestra.



Estáis muertos, no habiendo antes vivido jamás. Quienquiera diría que, no siendo ahora, en otro tiempo fuisteis. Pero, en verdad, vosotros sois los cadáveres de una vida que nunca fue. Triste destino. El no haber sido sino muertos siempre. El ser hoja seca sin haber sido verde jamás. Orfandad de orfandades.



LXXVII



Graniza tánto, como para que yo recuerde

y acreciente las perlas

que he recogido del hocico mismo

de la tempestad.



No se vaya a secar esta lluvia.

A menos que me fuese dado

caer ahora para ella, o que me enterrasen

mojado en el agua

que surtiera de todos los fuegos.



¿Hasta dónde me alcanzará esta lluvia?

Temo me quede con algún flanco seco;

temo que ella se vaya, sin haberme probado

en las sequías de increíbles cuerdas vocales,

por las que,

para dar armonía,

hay siempre que subir ¡nunca bajar!

¿No subimos acaso para abajo?



Canta, lluvia, en la costa aún sin mar!


A continuación os dejo a Susana Baca cantando un poema de César Vallejo "Heces"
 

Heces

Esta tarde llueve, como nunca; y no
tengo ganas de vivir, corazón.

Esta tarde es dulce.  Por qué no ha de ser?
Viste de gracia y pena; viste de mujer.

Esta tarde en Lima llueve. Y yo recuerdo
las cavernas crueles de mi ingratitud;
mi bloque de hielo sobre su amapola,
más fuerte que su "No seas así!"

Mis violentas flores negras; y la bárbara
y enorme pedrada; y el trecho glacial.
Y pondrá el silencio de su dignidad
con óleos quemantes el punto final.

Por eso esta tarde, como nunca, voy
con este búho, con este corazón.

Y otras pasan; y viéndome tan triste,
toman un poquito de ti
en la abrupta arruga de mi hondo dolor.

Esta tarde llueve, llueve mucho. ¡Y no
tengo ganas de vivir, corazón!

Imagen de césar Vallejo de este blog y otros poemas:
http://www.librodearena.com/post/carlosmerchan/cesar-vallejo/70139/4880
Más poesía de César Vallejo en:
http://amediavoz.com/vallejo.htm
Uno de los archivos más interesantes de literatura, ésta es la página dedicada a Vallejo:
http://www.letras.s5.com/archivovallejos.htm

2 comentarios:

Ricardo Miñana dijo...

Interesante post, gracias por compartir.
un placer pasar por tu casa.
te dejo mi saludo y feliz semana.
un abrazo.

María dijo...

Ricardo, gracias por tu visita y por tus palabras.
Recibo con cariño tu abrazo y desde este mundo virtual, te deseo lo mejor.
Mil abrazos.