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miércoles, 16 de septiembre de 2020

Cristina Bello - Poemas

Foto de la red
 
Tres poemas de Cristina Bello

 

Hay que cambiar el agua de las peceras cada cierto tiempo

Imaginaba nombres: María, Yunuén, Alejandra,
los nombres salían desde la boca de mamá
pero ninguno era mío,
a veces pienso que mi nombre hallará otro cuerpo
o su cauce que es lo mismo
en algún río o en algún prado.

Entonces mamá me reconocería
porque mi voz es queda, inaudible como nunca antes,
porque tengo lunares que me distinguen
o por la cicatriz en mi rodilla derecha
cuando de niña caí, caí
y seguí cayendo.

Deletreo mi nombre, largo…
quisiera mejor no tenerlo / llamarme, por ejemplo, Anónimo
y depositar el otro en un buzón de quejas y sugerencias,
redactarían la carta y a los pocos días contestarían que sí
que puedo cambiarlo ahora
antes de primavera
porque vendrán insectos
a perforar sus propiedades
o los peces de agua dulce
comerían de él.

Mi nombre entonces
es tan sólo la carnada de los pececillos, ella dice:
hay que cambiar el agua de las peceras cada cierto tiempo,
hay que cambiar la voz cada cierto tiempo,
hay que inventarnos nombres
escribirlos con gis blanco en el pizarrón,
el gis blanco puede borrarse fácilmente,
puede reescribirse
en el prado
el agua
la costilla de mi padre.

Me presentaría en el salón al día siguiente,
mi nombre es Anónimo, me gustan los peces y andar en bicicleta
al salir tendría una amiga o dos,
después las invitaría a casa
para que escribieran sus nombres en pedacitos de papel
y luego los olvidarían,
no sabrían con qué letra empiezan
ni el trazo del abecedario,
todas seríamos Anónimo.

Anónimo caminaba sola por la calle
Anónimo vestía una falda corta
Anónimo tomó un taxi
Anónimo bebió cerveza
Anónimo salió de noche

Seríamos Anónimo unas semanas,
la escuela y las calles estarían plagadas de letreros
y gis blanco de caligrafía ilegible,
me enseñaron que los nombres llevan cargas,
inventamos significados como también inventamos destinos,
cuando supe el significado de mi nombre
descubrí que debía alzar oraciones
y besar los pies de una estatua
porque mi nombre lo pedía,
pensaba en las almas como humo contenido
en cajitas de madera
animales en cautiverio,
un día quise ver una
pero no contenía humo,
contenía una carta
tenía la palabra renuncia
y estaba firmada por A.

Corrí a casa con la carta en las manos
mamá dijo que conoció a Anónimo
un día un señor se la llevó en un taxi
y después la encontraron desnuda
en un prado o en un río.

El nombre de Anónimo salía de la boca de mamá
y no era el humo que cabía en cajitas de madera
o en un buzón de quejas y sugerencias
ni en un pizarrón que se borra fácilmente.


Paraíso

 

sólo, ay, tu espalda miro cual se mira
lo que huye y se aleja eternamente.
Manuel José Othón

 

El filo del cuchillo es la poesía,
escribí en el vórtice
antes de que te fueras
maldije el siempre / maldije el nunca
para que de mí no te quedara nada
ni un verso

Escribí mientras se reflejaba tu rostro en el cristal
los idilios se adormecen cuando caminamos al infierno
alguien amputa la entraña
esta es mi última caída a la muerte.

Lugar común

La literatura nos separó: todo lo que supe de ti
lo aprendí en los libros
y a lo que faltaba,
yo le puse palabras.
Cristina Peri Rossi

X era la calma
las campanadas de Catedral un domingo
una granada roja
suavidad de las olas en mi vaivén

Comprando boletos a otros destinos,
quise probar que en otras ciudades hay más como tú
que no eres el último que ha hecho de mí una pluma
y después un incendio
puedo decir: basta : pero no quiero
ya nos acostumbramos a que si yo cierro una puerta,
tú rompes la ventana

Eres el inicio del poema
El final

Creí verte
como creo que el mundo puede salvarse
y me encanta creer haberte visto así, con la ciudad humedecida
porque todos estos años he intentado prepararme para el último encuentro
pero cada último encuentro es igualmente triste  / irreal  / torpe

El tiempo miente
apareces y me quiebro toda
me des-nudo de todo lazo
de toda palabra
quiero sentirte lejos pero aquí estás
carcoma sin sentido
capricho mío
amor mío

Estoy sepultada en una línea recta
eres la curva
el viento veloz que me atraviesa
mi propia agua hasta el cuello

Voy a pensarte en enero, febrero, abril…
el resto del año me pierdo en una búsqueda que no lleva a nada
porque ya no somos
y sí
somos unos años más hondos
carreteras olvidadas
muchos
te odio
madrugadas que no hablan
y es que nadie entiende mi insomnio
o cómo acaba el poema.

 

Biografía

Cristina Bello, nació en Morelia, Michoacán, México en 1995. Egresada de la licenciatura en Literatura Intercultural de la ENES Morelia UNAM. Sus poemas aparecen en la antología del IV Encuentro Nacional de Poetas Jóvenes Ciudad de Morelia y en distintas revistas digitales como Efecto Antabús, Espora, Liberoamérica, entre otras. Fue becaria del IX Curso de Creación Literaria para Jóvenes Escritores de Fundación para las Letras Mexicanas y la Universidad Veracruzana en la categoría de poesía (2017). Obtuvo mención honorífica en el Premio Nacional Universitario de Poesía Desiderio Macías Silva (2017).

 

Fuentes: Carruaje de Pájaros y Poesía en Unísono


sábado, 27 de junio de 2020

Violeta Orozco - poemas


Foto mía (Pozuelo de Alarcón - marzo 2019)

EL IDIOMA DE LO HÚMEDO

Desnuda
Como recién descubierta por la noche
Las cigarras salvajes y las ranas
rondaban el cálido verano de tu cama
anfibios musgosos resbalando
Por todos los rincones de tu cuarto cueva cuando
La niñez no era
Sino una piel que estabas
Dejando atrás Como una víbora
Incómoda en su océano vibrante
Esparciendo las ondas de calor
Por el desierto húmedo
Lleno de animales agazapados
Y crujientes
Sonidos poblando la noche
Como hormigas
Nunca le pudiste ver el rostro
A ese ruido
Nadie
Entendía el idioma de lo húmedo
Reptando en la vereda verde
Brillando con la lluvia
Recién resina
Árbol frutal y joven pulpa
Lista para ser mordida


NO EXISTE EN LA NOCHE EL AMOR, EXISTEN LOS AMANTES

El deseo es un mosquito
que ronda tu piel en el centro de la noche.
Te persigue cuando tienes más cansancio,
te atosiga justo cuando estás a punto
de caer en el pozo del sueño
y despiertas en el centro de la sed.
No te reconoces en el espacio que te rodea.
Tu recámara en la penumbra
parece una prisión sin dimensiones
y te sofoca el zumbido
del negror en las paredes.
El estruendo del viento
sacude tu sordera
y aterrizan tus huesos
en las noches que trituras
para recobrar la sensación que llamas tiempo.
Pero nada pasa.
Apenas te queda el recuerdo del movimiento,
como cuando quieres gritar en un sueño
y no sale nada de tu boca.
Entonces notas que estás encadenado a una cama
a donde vienen los mosquitos cada noche
a perforarte la piel
para extraer la sangre de tu río subterráneo.
La noche es un deseo desesperado
de encallar en la otra orilla
antes que el sol asome tras las rocas.
Eres un barco aletargado
circundando un promontorio
de peñascos al desnudo.
Eres el mosquito para quien
el hambre es lo mismo que la sed,
la noche lo mismo que el deseo.


EL CANAL

Cuando me tocas
recuerdo mi condición de río
atardezco contigo nuevamente
y el otoño camina más despacio.
Todo resbala por nosotros,
ecos y épocas ascienden y descansan.
Crece el pasto hacia dentro del invierno
Se apaga la escarcha lentamente
Siento tu rostro girar hacia el mío,
rehilete empujado por el viento.
Son tus ojos un canal encandilado
donde transcurre un pétalo-velero
(y yo miro emigrar en las acequias
el polvo de un oro desterrado.)
Tus manos son raíces, abren canales en mi piel,
vetas iluminadas por tu tacto.
A media noche una garza abre el río con su grito
y bajas a beber la claridad del canto.
El río asila noches blancas, mece tibias luces. Cabecea.
Amanece un alba tenue. Gotea toda la noche
el rumor que me navega.
Se estremecen los sauces,
la ribera se enciende en un susurro
alza el vuelo el alba
arde una hoja sobre el agua.
cascadas de horizontes
se desploman sobre la hierba
y un tremor de basaltos atestigua
el origen de la flor entumecida.
Una piedra se hunde hacia el silencio
y no queda de nosotros
sino el limo tenaz
hasta el fondo del estanque.

Violeta Orozco 

Biografía
Violeta Orozco (Ciudad de México, 1989). Poeta bilingüe, traductora y ensayista. Egresada de Filosofía y Letras inglesas por la UNAM, Maestra en Lengua y Literatura Hispánicas por Ohio University. Ganadora del Premio Nacional Universitario de Poesía José Emilio Pacheco 2014. Actualmente realiza el doctorado en Letras Hispánicas en Rutgers University en New Jersey, donde investiga poesía y performance feministas de chicanas y mexicanas, da clases y traduce poetas norteamericanas.
Ha publicado en revistas como Punto de Partida, Carruaje de Pájaros, La Palabra y el Hombre y en varias antologías de poesía de EU. Junto con la reconocida periodista peruana Claudia Cisneros, ha organizado múltiples lecturas de poesía multilingüe, feminista y activista en donde ha reunido a poetas de latitudes tan diversas como Estados Unidos, República Dominicana, Puerto Rico, Costa Rica, Arabia Saudita, Perú y Argentina en el colectivo "Speak up women" que fundó junto con ella. Actualmente está traduciendo el libro "Les reflets du verbe" del poeta algeriano Hamid Larbi.

Fuentes:






sábado, 30 de mayo de 2020

Mariscela Z. Yatzil – Poemas


Imagen Tina Modotti - Lily
Mariscela Z. Yatzil – Poemas

Mis aromas
Huelo a ti, pero ellos murmuran:
“huelo a mujer”.
No saben por qué.

No pauses,
absorbe el zumo
de mis engranes,
mi sápido en tus labios,
el sello de mi posesión.

Mis aromas,
por mérito propio
te pertenecen…

Aproximaciones

Me agobia la pigmentación de tu aliento…
las calles han blandido mi existencia
y la tuerca sigue dando vueltas.

En la esquina de tu último escrito
mis lágrimas han derretido el tiempo…

Cuánta falta le haces al mundo,
sin ti el poeta maldito sufre en un altar
pidiendo por los demás.

Tu transmigración tortura los perros,
maúllan los gatos,
se trenzan en contra fuerza
de mi peor batalla.

Estoy perdiendo el comienzo,
intento inútil de improvisar.

¿Cuándo fue que dejamos de reír con ese chiste infantil?
Después, mirando el techo de nuestra casa, hablamos de nada,
el silencio de Dios nos interrumpió,
“creo que ya decodificó nuestra conversación”,
dijimos envolviéndonos en nuestra risa.

Hoy, sustituí por un momento tu ausencia,
en “Los perros románticos” Bolaño me remarcó:
tu amor está enredado en el mundo de los súcubos.

Me duelen tus libros,
las palabras te yerguen,
quiero escribir, escribirte, escribiéndome,
pero solo termino en aproximaciones…
No puedo.
No puedo expoliar esta vida de harapos
y tú, hozando la muerte.

La llamada

Soy la innombrable.
Tengo tus palpitaciones bajo la lengua,
queen tu vacío
a pinceladas acaricia este cuadro,
en el receso hazme parte de tu carne,
llévame a tu infierno pero… no me dejes aquí
entre tantos muertos.

Recíproco

Te escondes en la esquina de mi pluma.
Fijas la mirada en la tinta,
no dices nada,
por ser yo el desvelo
de tus noches de insomnio.

Sobre la autora
Mariscela Z. Yatzil – Poeta y escritora mexicana, radica en la cuidad los Ángeles California, USA. Es cofundadora de la Revista Poética Mayday que se publica en Los Ángeles California,  activa en eventos culturales ha publicado dos poemarios Poesía en seducción menor  (2016) y El despertar de Lilith (2018).
Fuente: Sol Negro



jueves, 26 de diciembre de 2019

Tania Favela Bustillo – Tres poemas


Hoja seca - foto mía
Tania Favela Bustillo – Tres poemas

 ****

los “harapientos” los “deshilachados” poemillas (suyos) – dijo-
                   se oyó decir –casi murmurando casi en silencio-
         como deshilachando la propia voz –la propia voz empobrecida-
desvestida (o casi)   eso era lo que buscaba y escapaba a todo ropaje –dijo-
                                                                                      a todo ropaje
    de ahí la intemperie   de ahí el cielo estrellado -sobre la cabeza- (pensó)
estrellada también la propia cabeza ¿contra qué o quién? contra sí mismo
    sí misma   hasta dar en el suelo –hasta hacerla sonora como una calabaza hueca-
   (ahí) estrellada y arriba cielo abierto    ¿abierto para quién?
pensó en eso    en tanto   en todo
       pensó en los deshilachados   los harapientos   los hambrientos
todos los sin boca   (en eso pensó)   -los sin boca ahí sobre el suelo-
                                                            -descabezados-    estrellados sin saber
ahí –rompiéndose las bruces- como quien dice
                       (pensó) como queriendo decir   como sabiendo lo mudo de eso
lo deshilachado de ese canto que no
  de ese decir que apenas (a penas anda)  -dijo- se oyó decir
                                         como repitiendo la voz de otro
                                                  repitiendo la voz de otros
-se oyó-   (ahora)  (antes)   los deshilachados
                                                        y arriba el cielo abierto

********

desde el vientre habló   desde el estómago   desde ahí habló
-desde ahí respira la voz-    las voces    desde ahí las voces
murmuran   -adentro-    resuenan   lanzó un grito sin más
al interior de quién?    de quiénes las voces?
                                  pensó en él y su voz    pensó en ella (en ella) y su voz
         -así fisura y todo-   la boca atenta   los labios en movimiento
                          ¿qué dice?      - dijo-    ¿qué dices?
la infancia    -la madre-    (al interior dos voces)
                              cordón umbilical que sueña la voz del otro
       y su voz?                 -dijo-
                 arena en el engranaje     suena     raspa
                                                                              ahí la voz despierta?

*********

… Mientras las oropéndolas
hacen su reclamo
en los tupidos bosques.
Las aguas del río, acrecentadas
por las lluvias de verano
se desbordan velozmente…
Wei Yin Wu

Allá   río abajo    aquí (adentro) otro río desciende
otros ríos profundos y rápidos descienden    (choque de piedras)
ni el miedo ni el coraje nos salvarán
                        (piensas) cómo se llama aquel pájaro de alas amarillas y cola amarilla
oropéndola marinero oropéndola   el canto allá (afuera) amarillo navega
y (adentro) punza la voz como mordida de hormiga   punza y se expande por la espalda
por los ríos que descienden furiosos
    mariposas revoloteando (chocando como piedras) encendiendo de color al río
(gritan)   canta la oropéndola navegando el aire
    …y si el río se seca (y si el corazón se achica)   si el agua se estanca  (digo)
(dice) la oropéndola    canta y su canto se alza   ¡no se vaya a secar este río!
¡no se vaya a morir este oro!   No se vaya a estancar este corazón que se atora
en todas las esquinas (grita) navegando   ni el miedo ni el coraje nos salvarán
     (choque de piedras)  mariposas revoloteando
                                  adentro ríos profundos descienden.

De: La marcha hacia ninguna parte – editorial Chile Kormorebi ediciones – 2018


Biografía
Tania Favela Bustillo, nació en Ciudad de México, México 1970. Doctora en Literatura Latinoamericana (UNAM). Da clases de literatura en el departamento de letras de la Universidad Iberoamericana.
Publicaciones: Materia del camino (compañía, 2016), la traducción (con Jahel Leal) del libro En la tierra de Robert Crreley (Textofia, 2008), el libro de poemas Pequeños Resquicios (Textofilia, 2013), la antología de poesía El desierto nunca se acaba de Jose Watanabe (prólogo y selección, Textofilia, 2013). Un ejercicio cotidiano, selección de prosas de Hugo Gola (prólogo y selección, Toé, 2016). El libro El lugar es el poema: aproximaciones a la poesía de José Watanabel (APJ, 2018) y el libro de poemas La marcha hacia ninguna parte (Kormorebi, 2018).



domingo, 17 de febrero de 2019

Andrea Rivas, 3 poemas


Campo de Criptana (Imagen mía)

auto traiciones

esta lluvia no es más que una insoportable y fina niebla
estás caminando hacia mí
la fosca no me perfora los huesos
hay humo elevándose de tus labios:
Intento deslizarme dentro
pero tampoco yo logro ahogarme.

****

abro, en la oscuridad, los ojos, giras en la cama
tu espalda una ciudad con todas las luces encendidas
me pregunto dónde estaría mi hogar & suave señalo el sitio con el índice
tus omóplatos se hinchan mientras suspiras en sueños.
miro microscópicas puertas abrirme el paso.

********

el retrato de tu espalda
un tigre
estirar sus huesos al salir el sol
tras atravesar un inmenso río
en el momento exacto en que la luz
ocurre sobre sus omóplatos

Biografía
Andrea Rivas - Puebla, México, 1991. Poeta y traductora. Estudia una maestría en Literatura Hispanoamericana en la BUAP. Obtuvo la distinción Herminia Franco Espinosa por la mejor tesis de licenciatura en 2017. Segundo lugar del premio Filosofía y Letras de la BUAP. Ganadora del Premio 49 de la Revista Punto de Partida de la UNAM. Becaria Interfaz 2018. Fue nombrada Silver Poet por la Asociación de Escritores de China en el primer Premio Internacional de Micropoesía. Sus trabajos de traducción han aparecido en Círculo de Poesía, Valparaíso México y Editorial Planeta.



martes, 20 de junio de 2017

Lydia Zárate - Sin señas particulares


*imagen de la Revista La que Arde
Os dejo este maravilloso poemario: "El lugar de las lámparas" de Lydia Zárate, editado por Torremozas (2017). 
Nos hablan del drama de México y los crímenes perpetuados a sus habitantes invisibles, para nombrar lo que no se nombra y contra el silencio.

Sin señas particulares

Dormir como las huérfanas.
Como país en guerra.
Con el sigilo urgente de los hospitales.
sentir como las huérfanas.
Con el puño en el vientre.
Como cráter que sigue a su montaña.
Andar como las huérfanas.
Sin señas particulares.
Bajo los ojos abrasivos de la asfixia.
Con un puñado de cruces para no renunciar a la agonía.
Vivir como las huérfanas.
Con la muerte acodada en la mesa.
Con la suerte ovillada en los rincones,
donde la risa vuelve a su adolorido escaparate
para llegar con vida
a la ineludible muerte de mañana.


ABC
A las 49 niñas y niños asesinadxs
y a lxs 72 heridxs de por vida
en la guardería ABC
Detrás de tu mano abyecta arden las cabezas de las niñas.
Sus ojos hirvientes estallan en serie, como burbujas.
Por las cuencas borboteantes brotan hadas en llamas,
duendes crepitantes
princesas ardiendo en despavorida carrera.
Las manitas candentes abrasan muñecas
que se adhieren a sus huellas digitales.
El grito estridente ya no es de júbilo.
La danza delirante ya no es de alegría.
Las niñas son piras humanas.
Muñones ardientes que se cuecen en vida.
Humeantes restos adheridos a tu cubil del ultraje.
Pero los destinos calcinados no figuran en las auditorías.
Habrá que deslindar responsabilidades
por las existencias,
amordazarles el llanto a las hadas de ceniza.
Rehabilitar los activos.
La espeluznante molienda del saqueo debe continuar.


Condolencias

No me conduelo de tus pesares,
me conduelo de tus brazos abiertos
y de la llama agonizante de la vida,
de las contraseñas de la inercia y sus pactos de tinta,
de la servidumbre de las alas,
de los atavismos del vacío.

Me conduelo del latido exangüe
y los vilipendiados emisarios de la luz,
porque escuchas el discurso de los muros
desprendiendo segundos como artificios
y te aferras a su afectada salmodia como a la redención,
como a un asilo de culpas,
como a la “santa” extremaunción.

Me conduelo porque llevas
y alimentas en la sangre
ese vicio por lo prudente
y su infecta molienda de voluntades.

Me conduelo por tu dote de oropel,
por tu felicidad malabarista
y las flores sonámbulas de tu sepelio,
de tu ceguera auto infligida
auto aprobada.

Me conduelo por la rosa y el rocío,
por los rituales de la misa y el Domingo,
por el destino orillado a ser dictamen,
por el guión heredado,
prestidigitador de escenarios y parlamentos.

Me conduelo del sepulcro de ternura
que son mis manos
naciendo al funeral de condolerte.


Que interroguen a la tierra
He estado pendiente del caso de la señora
que se dice asesinaron en Zongolica
(tras violación y tortura tumultuaria por militares).
La CNDH intervino, y lo que resultó de la necropsia
fue que falleció de gastritis crónica no atendida
No hay rastros de que haya sido violada.
Felipe de Jesús Calderón Hinojosa
Ex Presidente de México

A Ernestina Ascencio

Tu nombre (nuestro) empobrecido
no alcanzó suerte de vida.

No hay pancartas en las calles con tu nombre
ni enardecidas procesiones por tus ojos agonizantes,
por tus labios secos como frutos moribundos.

Sólo una daga de odio asalariado en tu garganta.

Las ningunas como tú no mueren de vida.
Las nadie como tú no mueren de muerte.
Las muertas como tú mueren de risa.
De llanto intestinal.
De cáncer de hambre.

Ya los amos de los perros aclararon:

Que no existe tu entraña apuñalada
ni tus músculos
ni tus huesos
ni tu sangre invisible.

Que no existe Tu Empobrecido Testimonio
Agonizante
ni la mancha rota,
ensangrentada
de tu cuerpo.
Ni el dictamen forense,
ni tus horas de agonía,
ni tu dolor flagrante…

Sólo una oscura urdimbre de tu cuerpo ilusionista.

Que no fueron sus perros.
Que sus perros de caza
         -no tenían apetitos qué saciar por esos días-.

Que no se encontró herida alguna
                            -en sus fauces-
por el presunto arrancamiento de tu inocencia.

Que no existe(s) prueba alguna,
         -que impensable, que imposible-
que sus perros te haya embestido las entrañas
         con su oscuros, crecido, avalado,
encargo ancestral de muerte.

Fuente: El lugar de las lámparas – Lydia Zárate – Editorial Torremozas 2017


Lectura del poema ABC por Lydia Zárate 
Biografía
Lydia Zárate (México D.F, 1976) Autora del libro “Semilla Insólita”, publicado por la Editorial Torremozas en España y presentado en la Feria del Libro de Madrid en Mayo del 2009. Premio Nacional de Poesía “Ramón Iván Suárez Camaal” 2011. Becaria del programa “Apoyo de Estímulos a la Producción Artística 2011”, otorgado por el Gobierno del Estado de Querétaro a través del Instituto Queretano de la Cultura y las Artes. Su poema “Condolencias” fue publicado en la Revista de la Casa de Las Américas, en La Habana, Cuba, en septiembre del 2006.
Es co-fundadora y editora de la revista digital feminista *La que Arde.