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sábado, 8 de marzo de 2014

Lilian Elphick - 3 microcuentos

En el día de la mujer tres microcuentos de Lilian Elphick, de "Bellas de sangre contraria", estos microcuentos tienen como tema principal a la mujer en la historia mítica. 

Foto de Jamie Baldridge
Hipatia

A Virginia Vidal

Los ciegos me arrancan los ojos, los ignorantes me extirpan el conocimiento, las madres muerden mi útero. Todos saborean la ecuación del odio, que es simple como un espejo.

En el nombre de Cristo.

Y en mi nombre quedan las estrellas, el agua gota a gota, el amor a la palabra.


Imagen de Gabriela Amorós Seller - suave vigilia
Sansona

Él me agarró por la espalda, las manos tensas en mi pecho. Me gustó, no puedo negarlo. Sabía que mi codo guardaba toda la fuerza del mundo. Y así fue. Un golpe certero. Luego, el puño izquierdo voló hacia su ceja. Mis nudillos amaron esa valiente sangre. Tambaleó un poco, uppercut, mentón triturado. Tenía la navaja lista. La hubiera hundido en su yugular, pero preferí cortar mi larga trenza y lanzársela al hombrón que se revolcaba en el suelo.

Marimacho -gritó, con baba entre los dientes, cogiendo la trenza y devorándola.

En aquellos días de lluvia, me lavaba el pelo con cicuta, para no andar aleonada.



Imagen de Esteban Leyton
Yocasta

No dramaticemos, Edipo. Lo que pasó, pasó. En el mundo de la sangre, siempre hay puertas de escape. Fui tuya. Sí. Besaste el óxido de mis palabras y gozaste con ellas, en silencio, cuando aún tenías ojos para comprender que mi cuerpo te necesitaba, y se enroscaba en ti con el placer que sólo da la ignorancia.

Yo era una soga al cuello, bien firme; un amor anudado. Y tú, una historia ciega y solitaria que mis lágrimas recogieron para devorarla.

Soy tuya. Aún. Mis huesos te reclaman; la unión posible en esta cárcel de tierra.

Lilian Elphick 


Fuente: http://lilielphick.wordpress.com/ - Bellas de sangre contraria, de Lilian Elphick (Microrrelatos). Mosquito Comunicaciones, Santiago de Chile, 2009.

martes, 13 de noviembre de 2012

Lilian Elphick, poesía

 Dorothea Tanning - Dafne

Amén o himen
es lo mismo:
aprendizajes
de la carne
mojada
de creencias

****

Y los muslos alegres
recibiendo el oleaje
de tu pasión

****

Escenas de caza

He sido toda ofrenda/ un puro errar / de loba en el bosque / en la noche de los cuerpos
Alejandra Pizarnick

Ya está escrita la condena en mi cuerpo que corre
libre de la madeja y del espejo
Nadie devolverá estas palabras
a su cauce
Río y silencio es lo mismo:
unas manos que no dicen agua
aquí está el misterio de no amar
aquí la herida en la comisura de mis labios

Ataviada del mal signo
con la sangre cayendo corro
con la espesa memoria corro
golpeando mi propia imagen corro
siempre detrás observas
y el silencio te destruye la mirada

Un minuto de silencio para la loca
que vive y muere de vacío
arrojándose a los pies de las causas perdidas
Un minuto fragante para sus creencias
Levantará cada piedra del camino
que la lleve al caserío de la escritura
Silencio para la que grita los ecos de su inocencia

Es cierto que la palabra se mancha
pero ella no es lavandera
Le gusta vivir en la mugre de sus ilusiones
y salpicar el vino en los paredones de fusilamiento
Pronto recoge las sobras del beso caído
adentro de un poema
y escarba en la muerte el rizo de  la memoria
Después el frío alberga la letra cubierta
con una máscara de cartón
Pedirá el amor que le corresponde
con el harapo extendido:
libros abandonados
sucias palabras
ante sus ojos

********

Infinitiva

No necesito luces para mirar en el abismo de mi sangre
Olga Orozco

decir:
el cuerpo del silencio sonríe
cuando cruza los dedos
del placer oculto
decir:
dos palabras
y un recuerdo de piel Narcisa
que desconoce al que la lee
decir:
el deseo entusiasmado
en los tejados calientes
de la muerte
decir: hasta aquí llego
y reinicio mi travesura
que juega al castigo de los dioses
decir:
el orgasmo furioso
dura veinticinco segundos
en escalar la montaña de Astarté
decir:
un temblor de verde
en este paraíso de mentira
decir:
no me arrepiento
de la sangre que fluye
por mis venas.

***************

Aprendiendo con Virginia Woolf

Ya lanzada la piedra
al agua
sólo queda esperar
el círculo concéntrico
si éste no aparece
búsquelo
zambúllase
vaya a lo más profundo
de su bolsillo
la piedra estará allí
adentro
en el hueco mojado
de su soledad
desnúdese
lleve sólo la piedra
hacia la superficie
si usted sale a flote
se verá sumergida
en un círculo vicioso.

*************

Puntos de fuga

Ir al vacío.
Sin ningún temor.
Irse.
Con los ojos muy abiertos.
No puedo sostener mi imagen.
Callar.
Quebrar el espejismo.
Ir a la sangre que gorjea su primavera equivocada.
Así es el olvido:
un puñado de palabras al borde de los labios.

Selección de poemas de: Siete Leguas

Biografía
Santiago de Chile 1959. Licenciada en Literatura y un máster en Literatura Hispanoamericana y chilena. Escritora, editora, dirige talleres literarios, correctora de textos. Cuenta con una amplia trayectoria en las letras chilenas, además de numerosas distinciones literarias.
Algunos de sus libros publicados:
La última canción de Maggie Alcázar (Cuentos). Mosquito Comunicaciones, 1990, Santiago de Chile. El otro afuera (Cuentos) Editorial Cuarto Propio, 2002, Santiago de Chile. Ojo Travieso (Microrrelatos) Mosquito Comunicaciones, 2007, Santiago de Chile. Bellas de sangre contraria (Microrrelatos) Mosquito Comunicaciones, 2009, Santiago de Chile. Diálogo de Tigres (Microrrelatos) Mosquito Comunicaciones, 2011, Santiago de Chile.

Su blog 

martes, 8 de diciembre de 2009

Cuento: La elegida - Por Lilian Elphick


Jean Cocteau

La Elegida
Por Lilian Elphick

Un coup de vent sur tes
yeux et
je ne te verrais plus
A. Breton

I. En Santiago no llueve nunca, pero hoy sucede lo contrario: la mampara de pavos reales está empañada, la casa oscura, un poco fría. Salgo.
Camino por ciertas calles que no tienen salida directa sino que dan vueltas y vueltas, terminan en plazoletas y luego continúan. Me gusta perderme y caminar sin rumbo bajo esta lluvia. Elijo esta calle y no otra. A pesar de ser lunes no veo gente; no me inquieta, es más, me gusta que sea así.
Al llegar a una esquina hay una mujer joven. Está parada esperando cruzar. Avanzo hacia ella, no sé por qué no cruza. No hay semáforo ni automóviles. Sigo de largo; finjo comprar algo en un negocito de verduras. Desde allí vuelvo a observarla, sigue donde mismo, balanceándose arriba de la cuneta, las manos en los bolsillos. El olor del zapallo cortado es agradable; el hombre que atiende me habla. Yo asiento mientras observo las grandes pepas del zapallo calado, las hilachas. Al levantar la vista, los bigotes cerdosos del hombre me molestan, podría sentir sus púas clavándose en mi cara. Para acabar la conversación le compro un paquete de cigarrillos y me despido de él para volver a mirarla. Está donde siempre. Retrocedo, voy en su dirección. A unos tres metros me detengo y no sé qué hacer. Parece no verme. De lejos, su abrigo simulaba ser un simple impermeable; pero no, tiene botones dorados, metálicos, grabados con motivos marineros. Me acerco cautelosa, comprobando que el agua le corre por el pelo igual que a mí y que no espera nada de este día imaginario. Ella me mira y apenas sonríe.
No hablamos del tiempo ni de sus arbitrariedades mientras avanzamos en la misma dirección. Ha estado buscando trabajo desde hace horas y el desánimo le surge feroz de sus ojos grises.
Yo también le cuento una historia de abandonos y de calendarios inútiles. A ella no le importa que el agua se le meta por el cuello.
-El mundo se va a acabar- me dice serenamente- pero quedarán algunos, los elegidos, ¿me entiende?
Yo no respondo, la invito a tomar un café, al lugar de Rosas.
Ella acepta y sonríe triste. Me gustan sus ojeras y la tomo del brazo como si la conociera desde siempre.
Hablamos durante horas y la lluvia no declina. Con el cuerpo tibio salimos a la calle, espero que se despida, retarda el momento, debe tener otras cosas que hacer, seguir buscando trabajo, o tomar el bus de vuelta. Me pregunta: ¿vamos al centro? Por primera vez, la hora no me preocupa. Le digo: sí.
Caminamos lentamente por calles que yo conozco demasiado, algunas veces ella se detiene a mirar las vitrinas. Sin embargo ella no mira, sus ojos se pierden en un camino recto, interminable, atraviesan los maniquíes, como si quisieran ir más allá de todo. El viento me refresca cuando veo cómo una anciana busca desesperada un taxi, con un pedazo de papel protegiendo su cabeza.
Después de una hora de peregrinación le propongo entrar a un hotel. No entiendo mi propia invitación, por qué no a mi casa, allí estaríamos a solas, sin interrupciones, además hace tiempo que ya no recibo visitas inesperadas. Pero, ¿por qué este querer estar solas?, sé que ella también lo siente, por eso nuevamente acepta, sin mirarme, aunque le adivine su sonrisa de pecados secretos.
Es bella cuando se saca el abrigo de paño negro y su cuerpo se refleja mohoso en el espejo. Mi cabeza se asoma detrás de ella. La abrazo.
Contemplamos esta escena por un tiempo suprimido. Ella no parece darse cuenta de su protagonismo y mira asombrada cómo yo le retiro el pelo húmedo de los hombros y lo ordeno hacia arriba, dejando libre su cuello, soplando despacio para darle más calor a sus orejas frías. Cierra los ojos y permite que le desabroche la blusa. Poco a poco va girando hasta encontrarnos en pechos que se rozan. Quiero que sus pezones aparezcan erectos y enormes. Los adorno de saliva. Sus pezones brillan rosados, ínfimos, como semillas de granada. Ella gime a medida que mi lengua baja hasta su ombligo. Se recuesta en la cama y abre sus piernas. Mi lengua desciende, ella se arquea, las caderas oscilan, me frena y susurra algo.
La beso. Me busca los labios. Ciega cachorra. Oigo que cantan afuera, los hacen callar, siguen haciéndolo hasta que los cantos se pierden, luego, a lo lejos, oigo el ulular de una sirena.
Ella se deja ir como en un baile antiguo. Me abraza y echa su cuerpo hacia atrás en un apuro que trato en vano de retener, hasta que grita estremecida por sueños desenfrenados.
..... La elegida grita muriendo sobre mi. La elegida dormita con su cara pegada a mi clavícula. La elegida no se da cuenta de que por la claraboya del techo se descuelga la lluvia y que ya da igual este silencio de noche clausurada. La abrazo tratando de buscar calor en toda su humedad y espero que ella se despierte.
II. Usted no quiso abrir sus ojos, y cuando lo hizo fue como despertar de un mal sueño, algo nuevo, incómodo quizás.
¿Habrá oído mis canciones? Sus manos buscan a tientas el espacio que yo he invadido. Silenciosa se toca el cuerpo, intentando reconocerse, se toca las piernas, el vellón triangular de su pubis. Pero sus manos siguen buscando lo que añora, en una nostalgia llena de casualidades.
Ella me pregunta dónde estoy.
Usted se refiere a un episodio de su vida, intenta contarme lo que ya sé, un encuentro casual entre dos mujeres. Tartamudea, se arregla la ropa, se alisa el pelo, se palpa las mejillas, sus palabras tropiezan y caen.
¿La volveré a ver? usted se esconde frente al espejo para no responder. Su reflejo no puede responder. Yo no la miro a usted, miro a una mujer de mejillas sonrojadas que se alisa el pelo y lo ordena y que palidece y se enfría y que palidece cada vez más, que mira fijamente el contorno de una mujer que palidece frente a un espejo.
Ella no responde, intenta huir, desasirse del calor fugaz que le recuerda arena en invierno.
Tengo miedo de que se vaya, que cruce mi soledad por la mitad y se marche, caminando sin prisa, sin mirar hacia atrás, despidiéndose apenas.
Usted no sabe que el azar irrumpe sin que lo hayan llamado. Usted no sabe cómo durmió sobre mí, que yo la acaricié, que silenciamos la lluvia, la misma que ahora nos insulta, que yo le di calor, usted no sabe porque durmió, cerró los ojos y estrechó mi cintura, se hundió en mí, y soñó con un hombre joven. Ella me mira y en mí no quedan más que preguntas. Abotona lentamente el abrigo de paño negro y es bella, más bella que antes, toma su bolso, su pañuelo floreado, se desorienta, busca en vano la puerta y, por última vez, mira a la mujer del espejo. Por última vez le sonríe, gira hacia mí y sonríe.
¿Cómo se llama? le pregunto a usted, usted que sale y se macha hacia la calle, alejándose.
Usted no sabe que yo me quedo aquí y que vuelvo al espejo. Antes de legar a él, un escalofrío recorre la hendidura de mi espalda. Pero al fin llego y descubro. Me acerco hasta rozar mi cuerpo con el vidrio opaco.Usted no sabe que se ha llevado mi reflejo.
III. Su nombre es Miriam. Dijo: Mi nombre es Miriam. No conocía tan bien su voz como ahora, voz que existe sólo en el recuerdo. Miriam. Nunca más volví a verla. Se fue, tomó su bus o un taxi o caminó, desapareciendo. Quise seguirla, acompañarla. Negó con la cabeza, puso su mano blanca en mi hombro para detenerme. La puso y la sacó con la misma lentitud con que se arregló el pelo, antes de partir, mucho antes, cuando me sonrió.
He vuelto a aquel lugar, he vuelto tantas veces a mirar el pequeño letrero que sólo dice Hotel Andes, la vieja puerta siempre cerrada, como si nadie entrara o saliera.
No ha llovido e Santiago. E sol se ha quedado quieto, casi a punto de estallar. Siento nostalgia por usted, Miriam, pero ya no la busco, sólo la sueño cuando me miro desnuda, sentada en una silla frente a mi espejo, sólo la extraño cuando mi mano descansa entremedio de los musos, tibia y húmeda, sólo la deseo y la nombro en la sencillez de este rito que cumplo, Miriam, por toda esta nostalgia, acariciándome a la hora de las siesta interminable, por usted, Miriam, beso mi propia sombra y la muerdo y la beso nuevamente, lamiéndola, inventándole lujuria a sus pechos y a su sonrisa de museo, recorriéndola, mi elegida sin memoria, hasta que las palomas que anidan en el entretecho me despiertan, hasta que sus arrumacos me trizan.
Ratas con alas.
Entonces, ahí la olvido.
Miriam.

Nota mía:

Lilian Elphick escritora, poeta. La conocí gracias a Internet, en especial a www.letras.s5.com
Según he buscado no existen ediciones fuera de Chile, una pena.
Sus cuentos nos abren miradas al interior del mundo femenino. Hay algo que incomoda, una puerta abierta que despierta inquietud, angustia, nos acerca a un mundo prohibido, desconocido y nos abre nuevas visiones sobre la condición femenina. En suma, Lilian Elpick es una extraordinaria escritora contemporánea.



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