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sábado, 1 de junio de 2019

Sandra de la Torre Guarderas - poemas


foto mía
Bautizo

Para extirparse
el cálculo de angustia máxima
hay que descender a la tina
atornillar las pupilas
palidecer
amoratar los labios
almidonar el cuerpo
bajo el agua
hasta transparentarse

contenido el aliento
atornillar las pupilas
en el que bajó a los abismos
y esperar al tercer día.




Vértice

Escucho en la caracola
la contrariedad de las olas en desbandada
recuerdos pájaros batiéndose en el vaho.

Hierve
       se multiplica
       el rugido en el hueco insondable
bailan las dudas y las parcas
dientes del infierno
                           sus zapatillas.
La certeza
       parece aflorar en el fondo
el león se ha dormido
la caracola vuelve a la repisa.

Vibra en la repisa
              en la oreja
               feroz  siempre
                                       feroz
no hay fondo.

Se arremolina Láquesis en puntas
devanando el hilo con urgencia
cantan las dudas su opereta
en el nácar de mi oído
                                incansables
celebra Cloto
Átropos
       tijeretea  el viento
braman los aplausos
silba la cuchilla
       en el mar íntimo de la caracola.

Dormía
el pulso en ralentí bajo la piel antártica
las manos en cruz sobre el pecho
como el escarabajo bocarriba de Szymborska 
con esa sonrisa que ignora el devenir 
los pies juntos, libres del acoso de sus huellas
Dormían las ramas, las hiedras, las amapolas
a pierna suelta, con desenfado silvestre
cien años, cien bosques, siempre
dormía el castillo sin el chistar de las puertas
ni el rubor de la estufa o el tic de las horas
Dormían los pajes, los reyes, el centinela
dormía su ansia en el fondo del pozo
Pero ese endiablado galope tronó en la calma
destejiendo telarañas hasta la última alcoba
besó la Poesía los labios inmóviles
y nunca más nadie pudo dormir.


Cuerpo opaco
Riego la sombra que crece en mi jardín
sus hojas morenas provocan al viento  
besa su tallo el suelo humedecido.
No la sembré yo
acaso su semilla vino del sur
donde germinan más fértiles los espectros.
Qué feliz se ve bajo el alumbrado público
rendida su negrura a los dedos de la neblina
bailando un andarele con el agua del grifo. 
Mis ojos se mecen en sus hojas
se duerme mi noción de estar despierta
olvido la sed del jardín
bebo la sombra de esa sombra que baila al viento
me sacio de tiniebla
soy la tiniebla que florece con el toque del agua.
Pero qué triste me mira
triste y sediento me mira el bambú
que se interpone en el sagrado cauce de la luz.

Biografía



Sandra De la Torre Guarderas nació en Quito, en enero de 1971. Estudió comunicaciones en University of Nothwestern, de St. Paul, Minnesota. En 1998, Integró el Taller Literario de Poetas Jóvenes de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, dirigido por Edwin Madrid. Más tarde ejerció su oficio en los talleres literarios de FLACSO Ecuador y Palacio (I)caza de Palabras de la Universidad Andina Simón Bolívar. 
Es guionista y realizadora audiovisual. Enseña las asignaturas de Guión de ficción y Producción dramática, a nivel superior.  Su ópera prima en el género lírico, El hueco en el zapato, es Premio Paralelo Cero 2012. Es coautora del poemario infantil “Cuando cierro mis ojos”, 2013.

lunes, 10 de octubre de 2016

Margarita Laso - poemas

Imagen de Flor Garduño - pecado original
SANGRE FRÍA

I

Es un cajón de 90 x 90 x 90.
En él se exhibe la espléndida pitón.
Carnívora de bronce y estaño.
No oye a su mandíbula elástica quebrantar
los huesos calientes de su comida.

Está enroscada sobre su lujuria.
Sorda y satisfecha.
No puede estirarse pero sus anillos de serpentina
helados se tocan como presas.
Espera su merienda.
Por medio de una persiana
un ratón de blanco impecable
ha sido llamado a esta cena.
Será tragado sin que medie de cascabel o crótalo
advertencia alguna.
Sin que una orquesta de metales le despida.
Sin una danza funeraria.

El público está atento al momento del asalto.
El ratón merodea con unos saltímetros
esos pasitos que da en la epidermis el escalofrío.
Sus bigotes transparentes pronto temblarán
de una vez para siempre.

_

II

También yo
como la gorda constrictora
gozaré en la quietud estos banquetes.
Cada vez mis glándulas termo-sensibles me dirán
si has venido a lucir tu miserable gabardina
tu cola aguzada de escalpelo.
Si has venido quizás a llevarte la piel que mudo
o acaso
a mirarte en las placas y escudos de mi cuerpo.

¿No ves que tendrías que limar mis escamas?
¿Que arrancarme un colmillo?

_

III

Ven pues
que toda yo soy brazo que abrasa y destroza.
Y antes de engullirte
sabrás volar
con la sustancia tóxica que traigo en mi saliva.
Sabrás meterte en cintura.
Y engrosarme.

Ven
que notarás que soy ciega y siseo.
Que toda yo soy cuello y talle.
Que soy una víbora modesta.

Ven ratón que he perdido la línea.
Pero no el apetito.
Y tampoco el veneno.

(de Los lobos desarmados)

_

 Imagen de Sarolta Ban
OSO

y sale del bosque el oso
su musculatura oculta
trae abrigo y debajo un brujo
sedoso no se desnuda
ante la sola idea de trozar mis partes
no se detiene
ávido el oso
de arrancar los lomos de las truchas con los dientes
en el corazón del remolino
hincar entre mis piernas el hocico
la ansiedad la sed la zozobra
el tirón de muerte que la succión mitiga

un dominio de demonios tus patas y mis muslos
maroma marcial llave poderosa runa y mandala

oso que muerdes los finos lomos de mi sexo

ya volverás al bosque
como el tigre a la arena
como al verdugo la máscara y la soga
ya volverás
como vuelve esta contorsionista
a bañar sus partes por partes
en los cultivos piscícolas del río

(de Los lobos desarmados)

Happy Killer de vitalikdumyn

ORCA

I

Esta orca emerge de las profundidades.
De los líquidos oscuros y sus arcos.
De las bóvedas salinas de mi abismo.
De mis polos donde queman el frío y los naufragios.
Brota maciza.
Eléctrica.
Turbina que bate su formidable cuerpo.
Dos colores en toda mi carnaza.
En la pulpa que has querido desosar.
Como quien viene de lejos crece ante tus ojos.
Exhala las piezas de tu asombro.
Esos rastros de sangre en el océano.
Pócimas íntimas.

_

II

Esta ballena comió entrañas humanas y ha hecho de ellas carne en mi carne. Mamífera cebada con lóbulos y huesos.
Este monstruo que no maniobro. Que ocurre a su albedrío. Que es dentro de mí. Que impone su instinto. Esta bestia que te cela y ahora se disputa tus entrañas. Y las mías.

Es el amor que te ofrecí. Tal vez.
Frágil como la piel de las dunas.
Y tan escurridizo.
Fino como el alma de la aguja o la navaja.
Y tan irreversible.

De lo mío conocido (atroz o bello o ambos) no pude darte a cambio de ti mismo a ti mismo sino estos otros fragmentos del océano:

Uno. Un lobito de mar que roba a los pescadores. Bigotes de púas vibrátiles. Luna negra en el mar menguante de plata. Otea el peligro sin temerle al tridente ni a la red ni a la vara. Pirueta de seda entre los luceros oblongos y moribundos de las lanchas.
Dos. Los círculos que trazan las aletas codiciadas por barcos orientales. Armaduras de toro carnicero en formación de ataque. Cuchillas como cachos que asestan en la superficie la convulsión de las presas. Griterío de mamíferos marinos indefensos. Ojos blancos en el desigual ballet de la batalla. Dientes de obsidiana mortífera.
Tres. La dentellada de las rocas a tus pies. Esos picos habitados por moluscos cangrejos látigos salobres tenazas como broches de collares. Perlas prietas. Valvas impares como yo. Caracolas demudadas igual que yo.

_

III

Y este amor qué ha sido.
¿Acaso la orca no devora a los lobos desarmados?
¿Acaso la orca y su cadalso no han quedado abandonados en la playa?
¿No mi propia voz acaso me estrangula entre sus púas? ¿Entre sus cerdas y cabestros de sal?
Y
Qué dejó sino este destierro.
Sino estas vértebras que ciernen arena.
Qué dejó sino estas espinas de pescado.
Donde estuvo el delta entrañado del vientre.
La espesura manada de la noche.
Humea la destrucción. Tinieblas y olvido detonaron.
Arpones en el lomo de las dunas.

(de Los lobos desarmados)

Biografía
Margarita Laso (Ecuador, 1963) es escritora y cantante. Ha publicado cuatro libros de poesía: Erosonera (1991), Queden en la lengua mis deseos (1994), El trazo de las cobras (1997), Los lobos desarmados (2004). En el año 1997 obtuvo el premio Nacional de Poesía Jorge Carrera Andrade por su libro El trazo de las cobras. Actualmente es articulista del periódico Hoy de Quito. Su trabajo musical se ha concentrado en la interpretación de géneros tradicionales y regionales del Ecuador, aunque ha extendido su trabajo hacia otros géneros latinoamericanos. Su vocación siempre fue la canción popular. Ha grabado pasillos, boleros, tangos, canciones latinoamericanas, música ecuatoriana tradicional, música navideña, canciones de cuna. Tiene once discos compactos con énfasis en lo nacional ecuatoriano donde ha combinado el legado del cancionero patrimonial con compositores contemporáneos. Ha propuesto el encuentro de músicas regionales y generacionales en escenarios donde se fortalecen vínculos de identidad.

Margarita Laso ha llevado su voz a casi todo el Ecuador y también a Colombia, Perú, Cuba, Brasil, Venezuela, Estados Unidos, Chile, Panamá, El Salvador, Turquía, Guatemala, Nicaragua.

jueves, 5 de junio de 2014

Aleyda Quevedo Rojas - Hondo muy hondo

Imagen Antonio Mora
Hondo muy hondo

Me afeito la cabeza

y empiezan las preguntas

sobre lo que dejamos de hacer



La alfombra verde que se hace hierba

cuando la pisas y se extiende como

mancha de insectos sobre mis manos

aún permanece en la sala de televisión

Un presentimiento puro

sale de mí

Las preguntas cubren mi cabeza afeitada



¿Quién soy?



¿Quién soy?

Tal vez la mujer senos de ámbar

y pies helados que escribe versos

para reconfortarse

Más la poesía

solo logra descarrilarme

Como el tren rojo que soy

Ese tren que se abre paso

entre las montañas puntiagudas

y difíciles de algún país

Ese tren que nunca llega

a ninguna estación de humo

Esta mujer que emana voces

Trenes y más trenes

que me esperan

Versos para sobrevivir

¿Quién soy?

Quizá este cuerpo encendido

que aún guarda tus huellas en los pliegues.


Aleyda Quevedo Rojas

Fuente: Arte Poética

jueves, 18 de julio de 2013

Aleyda Quevedo Rojas - Arranco todas las flores de mi cuerpo - poema

foto: Diana Block - self portrait
Arranco todas las flores de mi cuerpo

Para ofrecértelas, Señor.
Allá voy, más desnuda sin las diminutas flores
del torso, más desvestida que nunca
sin las dalias que crecían en la espalda.
Voy saltando las piedras de la desdicha
y el viento me ayuda a alcanzar la arena.
Señor de las Angustias, todopoderoso mío,
me despojo incluso de la flor pasionaria
Y de la corona de heliconias que adorna mi pubis.
Desnudísima, para entregarme a ti,
sin los lirios de la nuca o los girasoles de las nalgas,
pulcra, tal vez insondable isla de misterios
y no más rosas, ni margaritas, ni violetas
encandiladas en mis senos.
Limpia estoy, vuelta promesa.
Brillante y sola para entregarme a ti
sin las astromelias del sexo,
sin la flor azul del corazón.


Fuente: Fórmix – Revista de Creación y crítica julio 2013 – Memorias del II Festival Internacional de Poesía de Lima – Editorial Nido de Cuervos – Lima - Perú

jueves, 11 de octubre de 2012

Aleyda Quevedo Rojas, poesía


* Flor Garduño – Vestido eterno


Hay Música y Cirios Encendidos

soy mía en el cielo de mi cama
Igual contigo que sin ti
clítoris y cerebro
confesarme, besarme
guío mi dedo
en la selva
de frondosos árboles
y perfume de mangos calientes.

La cocina

Celda
de los más finos olores
espacio que guarda
lágrimas favoritas
para ellos y nosotras
Retiro caliente
donde las esclavas
experimentan venenos y manjares
Burdel encantado
en el que se conjuga el pan
con sabias mentiras
Trinchera del asombro
arrebatada a las brujas
antiguo territorio
que fortalece el pacto
de ellas y los astros.

Soy mi cuerpo

Hay miedo en el mudo de las palabras que designan el cuerpo,
Y se habla favorablemente de la ropa
Pablo Neruda

Ustedes, océanos que han estado en calma dentro de mí,
¡cómo los siento insondables, excitados, preparando
oleajes y tormentas sin precedentes!
Walt Whitman

Siempre eres otro y misterioso conmigo
 y a tí más dócil cada día me entrego.
Pero tu amor, oh mi severo amigo,
es una prueba a hierro a fuego.
Ana Ajmátova

Libro 1

Blanca enfermedad

Mi útero reposa
en la bandeja de cirugía
Se vuelve ceniza fértil
en los basureros hospitalarios
Ya no tengo por qué mantener
mi compromiso
con el misterio
No adivino más la suerte
he quemado el tarot

Me abandono a la virgen
que vi desde niña
tomo sus manos de porcelana
y las llevo suavemente
hasta mi piel
hasta quemar con su frío mi piel
Ahora que ellos me tienen
en sus tentáculos de acero
reescribiendo mi destino
Me abandono desnuda
a ese manto acariciado

Cuánto dolor tolera
la suma del cuerpo
Sus fronteras heladas
terminan con los deseos
Mi cuerpo delgado
cruza los límites
con la espalda encorvada
y el blanco camisón
como un aviso
llega a mi terrible vanidad

Todavía escucho
a los dragones afilados
ingresando en mis entrañas
Tejido quemado
árbol de ladera yo
Vi sombras de arena
y horas abismales
detenidas en mi cabeza
Mas todo se esfumó
por los besos de mi amado

El cariño de los amigos
se traduce en cartas          besos
bálsamos contra la enfermedad
Las flores que dejaron me confortan
en la madrugada áspera
Ajena asustada me refugio
cuando la enfermera regresa
y creo ver caballos alados
antiguos jinetes que me aguardan
con una espada transparente

Sobre los hemisferios
el peso del dolor
está en uno mismo
Nada tiene que ver la cirugía
experimento nuevas cicatrices
y agrego sufrimientos pasados
para alcanzar
la condición de santa vaciada en la tierra

Cada noche
Sueño y me entrego sin control
sola
con mi corazón
caigo y renazco
al nuevo día

Me deslizo
entre camas metálicas
y tanques de oxígeno

Estoy helada
en el fondo marino de este hospicio
ya mis deudos saben que las cenizas
regresarán a las montañas
de donde salí
cuando las piedras se movieron
por la fe de mis padres

Todos los enfermos dicen
antes de…
No más falsedades
una segunda oportunidad
corre entre el agua de la virtud

Mi esposo con sus manos tibias
baña mi cuerpo dolorido
con raíces y hojas de menta
Mientras duermo me mira respirar
Si me alejo caminando
entre las violetas
él me sigue
si estoy está conmigo
Es el madero en alta mar
al que me abrazo con amor

El amor aprisiona
al negro cielo y
selecciona a los de corazón puro
que se perdieron de la maldad

Me tumbo al Sol
y de las piernas
y de la espalda
salen latidos de fuego
Ahora que regresé
ningún lugar me es
tan cercano como el mar.

Fuente: Revista Alforja XXXI – 2004
Trilogía poética de las Mujeres en Hisponamérica - Pícaras, Místicas y   Rebeldes – Tomo III Rebeldes

Aleyda Quevedo Rojas, leyendo en el Festival de Poesía de Medellín

Aleyda Quevedo Rojas - Ecuador, 1972. Poeta y periodista. Licenciada en comunicación social. Desde hace 10 años trabaja como redactora, editora y consultora de comunicación para el desarrollo, en diversos diarios del Ecuador y agencias de cooperación internacional.
Ha publicado los libros de poesía: Cambio en los Climas del Corazón (1989) La Actitud del Fuego (1994), Algunas Rosas Verdes (1996) y Espacio Vacío (2001); Música Oscura (Antología, Cuadernos de Caridemo-Almería, Junta de Andalucía, España, 2004); Soy mi cuerpo (2006). En 1996 con Algunas Rosas Verdes recibió el Premio Nacional de Poesía Jorge Carrera Andrade.