domingo, 15 de abril de 2012

Ana Rossetti, poesía

El Beso - Constantin Brancusi, 1910 

ANATOMÍA DEL BESO

La seda lujuriosa,
del vivo tegumento receptáculo.
Prolifera placenta.
Del embrión del beso, brillante funda rosa.

Oh labios abultados,
pulpa irresistible, pretexto del mordisco.
La boca se asemeja a una fruta que ofrece
sus dulces y apretados gajos rojos.

Estos dientes blanquísimos,
pórticos del velado santuario
donde la fría y mulsa exudación de la saliva
deseos clandestinos baña y une.

Tu suave paladar,
bóveda tan admirable, techado de los besos
con saña meditados en el escalofrío
constante de la fiebre más mortal.

Almohadillada lengua,
lamedora serpiente, escurridiza lanza.
De la entreabierta boca, ese dúctil pistilo
que en su candente magma fluye y fluye.

De: Los devaneos de Erato - 1980

A UN JOVEN CON ABANICO

Y qué encantadora es tu inexperiencia.
Tu mano torpe, fiel perseguidora
de una quemante gracia que adivinas
en el vaivén penoso del alegre antebrazo.
Alguien cose en tu sangre lentejuelas
para que atravieses
los redondos umbrales del placer
y ensayas a la vez desdén y seducción.
En ese larvado gesto que aventuras
se dibuja tu madre, reclinada
en la gris balaustrada del recuerdo.
Y tus ojos, atentos al paciente
e inolvidable ejemplo, se entrecierran.
Y mientras, adorable
y peligrosamente, te desvías.

De: "Los devaneos de Erato" 1980

PURIFÍCAME
Dichosos los que salieron de sí mismos
Colette

Cierto es que alguna vez intento rebelarme,
desprenderme, desnudarme de ti.
Y te sueño vestido resbalando,
desmayando hasta el suelo sus innúmeros frunces
y te niego. Tus fotos abandonan
caladas cantoneras, el cristal de los marcos,
y tu nombre se rompe, y me olvido
que era Mayo, y Pléyade, y de flor parecida
al crisantemo.
Y creo que no existe la Quinta de Chaikowski,
pero recurro a ti.
Al final, siempre recurro a ti,
a tu silencio huraño ante la maravilla,
a tus buches pacientes bajo el sol, irisándose,
mientras quería ser santa apretando amapolas,
a tu desolación que era un ópalo turbio
y a esa terquedad de no mostrarlo nunca.
Voluntad educada para ser guardadora,
para que de tu rostro no saliera
ni un atisbo de ti, ni el corazón vaciar
por calladas cuartillas, por la morada lana
de los confesonarios. Ni en lágrimas verterlo.
Cómo te vigilabas para no proclamar
miedos o desventuras; la culpa y el desastre
desdeñados, y el asombre escondido.
Mi siempre lastimada y jamás dulce niña,
atesorando ibas antifaces, metáforas,
ingenuos simulacros de blindaje o conjuro
y no me adivinabas heredera y alumna.
Más yo no sé vivir sin imitarte.
En mí no hay emoción sin que en ti la apacigüe
ni recuerdo que al final no te mencione
ni experiencia que no compare en ti,
reina de la cautela y del enigma.
Pero, tanto el sigilo, que yo no me sé el nombre
de las cosas, ni de este sentimiento
que está sobrepasándome, dulce e impetuoso,
doloroso quizás, quizás desesperado.
En no atenderlo está mi vanagloria,
Está mi precaución y mi obediencia.
Mi niña, mi tirana, contemplándote
sé que todo es inútil, que me parezco a ti,
y que en ti permanezco voluntaria y cautiva.
Es mi memoria cárcel, tú mi estigma, mi orgullo,
yo albacea, boca divulgadora
que a tu dictado vive,
infancia, patria mía, niña mía, recuerdo.

De: Devocionario - 1985

Mis paredes, mi calma y mi vigilia:
el recinto y el tiempo de estar en mí, conmigo.
A salvo, finalmente.
Completamente a salvo
del dolor, la razón y el consuelo.
Sin temblor. Sin temor.
Sin atender a nada. Sin aguardar siquiera
a que suceda algo.
Obediente cautivo que enhebra sus jazmines
e insistentes cifras cada noche
que en su ábaco ordena las estrellas,
así yo voy limando bayonetas y heridas
de rencores y lágrimas.
Porque ya nada importa.
Mientras tanto, las sirenas, gimiendo,
cruzan las avenidas,
el ámbar parpadea en las encrucijadas,
y, en húmedas alcobas, la soledad tantea,
se desliza por el empapelado
y abarquilla sus bordes.
Sacudo la tristeza que espolvorea mis sábanas
de rabia y alfileres.
Precinto con silencio la derrota.
No me rindo No entrego:
simplemente, abandono.
Me oculto en el olvido como en un hondo aljibe
al margen de la estrella, del jardín y la lágrima.

De: Puerto Umbrío - 1995

Todos los poemas del libro: La Ordenación
(Retrospectiva 1980 - 2004)
Edición de Paul M. Viejo
Fundación José Manuel Lara


Memoria del 4º Festival Mundial de Poesía  de Venezuela
Ana Rossetti, entre otros

Ana Rossetti, Cádiz - España 1950

3 comentarios:

José Antonio Fernández dijo...

Me encanta Ana Rossetti. Su poesía desprende un erotismo inigualable Gracias por traerla a tu-nuestro espacio.

Anónimo dijo...

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María dijo...

Gracias a ti, José Antonio. Ana Rossetti nos embriaga con la fuerza de su erotismo.
Un abrazo