martes, 2 de junio de 2009

Antonin Artaud, poeta y dramaturgo francés


Cahier nº 253, autorretrato 1947

Antonin Artaud

Actualmente, la Casa Encendida en Madrid presenta una muestra de la obra de Antonin Artaud: escritor, director de escena y actor, pero ante todo un gran poeta y está considerado como uno de los grandes poetas malditos, su aporte al surrealismo fue decisivo tanto por su vida como por su obra y formó parte de este movimiento. También es conocido como el creador del Teatro de la crueldad, consiste en dar más importancia a los gestos, un impacto violento en el espectador para que libere la razón y la lógica.
La vida de Artaud nos impresiona, desde niño sufre problemas de salud, tanto físicos como mentales. En distintas ocasiones fue recluido en hospitales psiquiátricos, donde se le practicaron múltiples electroshock y lo convierten en un adicto a las drogas.
Cuando vemos sus fotos también observamos su deterioro físico y su sufrimiento. Su figura lánguida, casi trasparente como en carne viva. Su obra también es parte de ese sufrimiento y por eso nos conmueve y nos lleva a nuestros rincones más oscuros.
En la exposición, he tenido la oportunidad de ver varios de sus cuadernos, llenos de dibujos y escritos y llama la atención la estructura de su escritura, éstos son muy visuales. También he escuchado su voz con una emisión radiofónica con la obra: Pour en finir avec le jugement de diue, que fue grabada en 1947, pero su estreno fue prohíbido y finalmente fue emitido el 6 de marzo de 1973 por France Culture.

Una de sus últimas declaraciones:

"Sé que tengo cáncer. Lo que quiero decir antes de morir es que odio a los psiquiatras. En el hospital de Rodez yo vivía bajo el terror de una frase: "El señor Artaud no come hoy, pasa al electroshock". Sé que existen torturas más abominables. Pienso en Van Gogh, en Nerval, en todos los demás. Lo que es atroz es que en pleno siglo XX un médico se pueda apoderar de un hombre y con el pretexto de que está loco o débil hacer con él lo que le plazca. Yo padecí cincuenta electroshocks, es decir, cincuenta estados de coma. Durante mucho tiempo fui amnésico. Había olvidado incluso a mis amigos: Marthe Robert, Henri Thomas, Adamov; ya no reconocía ni a Jean Louis Barrault. Aquí en Ivry sólo el doctor Delmas me hizo bien; lamentablemente murió...
-Estoy asqueado del psicoanálisis, de ese "freudismo" que se las sabe todas".

Os dejo con su poesía y este video video:

El ombligo de los limbos

Allí donde otros exponen su obra yo sólo pretendo mostrar mi espíritu.
Vivir no es otra cosa que arder en preguntas. No concibo la obra al margen de la vida.
No amo en sí misma a la creación. Tampoco entiendo el espíritu en sí mismo. Cada una de mis obras, cada uno de los proyectos de mí mismo, cada uno de los brotes gélidos de mi vida interior expulsa sobre mí su baba.
Estoy en una carta escrita para dar a entender el estrujamiento íntimo de mi ser, tanto como estoy en un ensayo exterior a mí mismo y que se me presenta como una indiferente incubación de mi espíritu.
Sufro que el Espíritu no halle lugar en la vida y que la vida no se encuentre en el Espíritu, sufro del Espíritu-órgano, del Espíritu-traducción o del Espíritu-atemorizante-de-las-cosas para hacerlas ingresar en el Espíritu. Yo dejo este libro colgado de la vida, deseo que sea masticado por las cosas exteriores y en primer término por todos los estremecimientos acuciantes, todas las vacilaciones de mi yo por venir.
Todas estas páginas se arrastran en el espíritu como témpanos. Perdón por mi total libertad. Me niego a hacer diferencias entre cada minuto de mí mismo. No acepto el espíritu planeado.

Es preciso acabar con el Espíritu como con la literatura. Quiero decir que el Espíritu y la vida se encuentran en todos los grados. Yo quisiera hacer un libro que altere a los hombres, que sea como una puerta abierta que los lleve a un lugar al que nadie hubiera consentido en ir, una puerta simplemente ligada con la realidad.
Y esto no es el prefacio de un libro, como tampoco lo son los poemas que lo indican en la lista de todas las furias del malestar.

Esto no es más que un témpano atragantado. Una gran pasión razonadora y superpoblada arrastraba a mi yo como un puro abismo. Resoplaba un viento carnal y sonoro, y el azufre también era denso. Y pequeñas raíces diminutas llenaban ese viento como un enjambre de venas y su entrelazamiento fulguraba. El espacio sin forma penetrable era calculable y crujiente. Y el centro era un mosaico de trozos como una especie de rígido martillo cósmico, de una pesadez deformada y que sin parar cae como un muro en el espacio con un estruendo destilado. Y la cubierta algodonosa del estruendo tenia la opción obtusa y una viva mirada que lo penetraba. Sí, el espacio entregaba su puro algodón mental donde ningún pensamiento era todavía claro ni devolvía su descarga de objetos. Pero paulatinamente la masa dio vueltas como una náusea potente y fangosa, una especie de fuerte flujo de sangre vegetal y detonante. Y las ínfimas raíces trémulas en el filo de mi ojo mental se arrancaban de la masa erizada del viento a una velocidad vertiginosa. Y todo el espacio como un sexo saqueado por el vacío ardiente del cielo, se estremeció. Y algo como un pico de paloma real socavó la masa turbada de los estados, todo el pensamiento más hondo se diversificaba, se disipaba, se volvía claro y reducido.
Entonces era preciso que una mano se transformara en el órgano mismo de la aprehensión. Y aún dos o tres veces giró la masa artificial y cada vez, mi ojo se enfocaba sobre un sitio más exacto. La oscuridad misma se hacía más densa y sin objeto. Todo el hielo ganaba la claridad.

Dios-el-perro contigo y su lengua
que atraviesa la costra como una saeta
del doble morrión abovedado
de la tierra que le causa ardor.

Y aquí está el triángulo de agua
que se aproxima con paso de chinche
pero que bajo la chinche ardiente
se transforma en cuchillada.

Bajo los senos de la espantosa tierra
dios-la-perra se ha marchado,
de los senos de la tierra y de agua congelada
que pudren los agujeros de su lengua.

Y aquí está la virgen-del-martillo
para masticar las cuevas de la tierra
donde la calavera del perro del cielo
siente crecer el horroroso nivel.

Doctor,

Hay un asunto sobre el cual hubiera querido insistir: es el de la relevancia de la cosa sobre la cual operan sus inyecciones; esta especie de languidecimiento esencial de mi ser, esta disminución de mi estiaje mental, que no quiere decir, como podría creerse, un rebajamiento cualquiera de mi moralidad (de mi alma moral) o ni siquiera de mi inteligencia, sino más bien de mi intelectualidad servible, de mis recursos razonantes, y que se relaciona más con el sentimiento que tengo yo mismo de mí mismo yo, que con lo que pongo de manifiesto a los demás de él.
Esta vitrificación sorda y polimorfa del pensamiento que en cierto momento elige su forma. Hay una vitrificación inmediata y llana del yo en el centro de todas las posibles formas, de todos los modos posibles del pensamiento.
Y, señor Doctor, ahora que usted está bien enterado de lo que puede ser alcanzado en mí (y curado por las drogas), de la zona de conflicto de mi vida, espero que sabrá suministrarme la cantidad suficiente de líquidos sutiles, de reactores especiosos, de morfina mental, capaces de sobreponer mi abatimiento, de enderezar lo que cae, de juntar lo que está separado, de reparar lo que está destruido.

Le saluda mi pensamiento

De "L'Ombilic des limbes"
Versión de L.S.

domingo, 17 de mayo de 2009

Otro de mis cuentos: La niñera


Foto de Bill Brandt

La niñera

La risa de las niñas ilumina sus tardes en los parques. Las niñas tras la pelota siempre corriendo de un lado a otro, a veces se deslizan en patines, y ella, Clara, sigue siempre con los ojos los juegos de Claudia y Daniela. Le gusta escuchar la risa que sale por sus pequeñas boquitas hablantinas, otras veces las escucha discutir y tiene que correr y hacer de intermediaria. Afortunadamente, a los cinco minutos vuelven a sus juegos. A veces parece que los otros niños no son más que seres extraños para las hermanas, ellas tienen su exclusivo mundo junto a ella, Clara y lo comparten con amplia ternura.
Clara recoge del colegio a las niñas, adora su trabajo de niñera y en su corazón resuenan pequeñas risas cálidas. Lleva tres años intentándolo pero todos los meses, la regla hace su aparición puntual. Esta triste y Antonio, su marido, le dice que no se preocupe, que ya vendrá, luego añade:
- Tenemos que trabajar para poder seguir viviendo aquí. Además, hay que enviar dinero a nuestros padres, recuerda, por eso estamos aquí, en España.
Cada vez que Clara intenta expresar su anhelo, Antonio le repite con firmeza la misma respuesta. Por las noches, arropaditos en la cama, sus tibias manos se estrechan, juntan sus encendidas pieles, dejando a un lado los pijamas, mientras acarician sus cuerpos con ternura, luego con la violencia que el instinto desata van encajando sus cuerpos hasta que cada cual busca abruptamente la respuesta feliz que aplaca sus apetitos.
Por las mañanas, Clara vuelve otra vez a sus angustiados pensamientos, mientras trajina con las tareas del hogar. Y luego, como todas las tardes recoge a las niñas del colegio. Cada día, una aventura: las tareas del colegio, la merienda, sus juegos, a veces vienen las peleas y no se aceptan las derrotas. Clara con la sabiduría de la ternura les habla y les habla hasta que ablanda sus corazones y sus risas espolvorean nuevamente el aire de la casa.
Cuando llega la madre, Clara se marcha, aunque esta vez, le pedirá consejo. Es una buena mujer, por eso Clara ha decido confiarle sus angustias. La madre de las niñas la escucha con atención y le dice que la seguridad social también ofrece tratamientos de fertilidad y que la ayudará a pedir una cita. A Clara le brillan los ojos, por fin podrá hacer algo.
Ha tenido que esperar varios meses para ver al especialista, pero mañana a primera hora acudirá a la consulta. Clara está sola y nerviosa, no sabe como abordar el tema, pero espera con impaciencia su turno. La llaman y la invitan a sentarse, luego el medico le pregunta:
- ¿Qué es lo que la trae aquí señora?
Clara responde:
- Doctor hace tres años que lo intento y no puedo quedarme embarazada.
- ¿Qué edad tiene?
- Treinta y ocho años.
- Debiste venir antes. Tus ovarios ya están gastados.
- Pero doctor, en mi país tratan a las mujeres incluso de cuarenta años.
- Que quieres que te diga. Regresa a tu país.
Clara se queda pálida y se le acaban las palabras. El medico alza la vista y añade:
- Los tratamientos son largos y costosos. La seguridad social sólo trata hasta los cuarenta años y tú ya estas en el límite. En fin, si quieres te hacemos las pruebas. Y le extiende una hoja.
Clara coge la orden de análisis y se marcha en silencio. No comprende que ha pasado, se siente confusa y defraudada.
Por la tarde recoge a las niñas del colegio y por un momento aparca sus pensamientos y la rutina de las niñas la envuelve con sus alegrías. Al finalizar la tarde, Clara se despide en medio del bullicio, en una reconfortante ceremonia de besos. Y, como todos días, se prepara para regresar a casa, camina por la calle y su cuerpo se contonea al ritmo de los transeúntes, camina hacia adelante esquivando sus pensamientos pero una y otra vez, las palabras del médico azotan su cabeza. Tiene los ojos clavados a sus pies y su tristeza acentúa el negro de sus rasgados ojos.
Mira su reloj, pronto serán las diez de la noche, no se había percatado del tiempo, tiene que volver a casa, antes de que su marido note su ausencia. Pasa frente a la puerta del supermercado, lo están cerrando. Mientras sacan los contenedores a la calle, unas cuantas personas aguardan con impaciencia armadas de carros de compra, una vez que los empleados los han depositado en la acera, la turba se precipita sobre éstos tratando de rescatar los mejores alimentos. Clara observa la escena, acelera la marcha tratando de volver a casa, aprisa, casi corriendo, mientras su corazón bate la pena acelerada de su confusión.

Por: María Germaná - En Madrid, a 17 de Abril de 2009
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Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

domingo, 8 de febrero de 2009

Tarsila do Amaral, pintora brasileña



Tarsila do Amaral, pintora brasileña
Os invito a ver la obra de esta interesante pintora.

Esta semana se estrenó en la Fundación Juan March de Madrid, la exposición de la pintora brasileña Tarsila do Amaral.
Su obra está teñida principalmente de dos movimientos artisticos: la vanguardía europea de principios del siglo XX, principalmente el cubismo y el "paisaje ambiental humano" del Brasil.

Tarsila escribe: "Impregnada de cubismo, teórica y prácticamente; vislumbrando sólo a Léger, Gleizes, Lhote, mis maestros en París; recién llegada de Europa, y tras diversas entrevistas a varios peródicos brasileños sobre el movimiento cubista, sentí un deslumbramiento ante las decoraciones populares de las viviendas de Sao Joao-del-Rei, Tirandentes, Mariana, Congonhas do Campo., Sabará, Ouro-Preto y otras pequeñas ciudades de Minas, llenas de poesía popular, retorno a la tradición, a la simplicidad.
... Las decoraciones murales de un modesto pasillo de hotel; el techo de las salas hecho de bambúes de colores trenzados; las pinturas de las iglesias, simples y conmovedoras, realizadas con amor y devoción por artistas anónimos;...Encontré en Minas los colores que había amado de niña. Me habián enseñado después que eran feos y caiparas. Seguí la usanza del gusto selecto... Pero después vengué de la opresión, llevándolos a mis lienzos; azul pruísimo, rosa violáceo, amarillo vivo, verde chillón, todo en graduaciones más o menos fuertes, según la mezcla de blanco. Pintura limpia, sobre todo, sin miedo a cánones convencionales."



Luego de impregnarse de la vanguardía europea, vuelve a su tierra y saca desde el interior todo lo que el paisaje brasileño le dió siempre: la fuerza de un lenguaje pictórico cargado de pureza y belleza.

martes, 9 de diciembre de 2008

Emily Dickinson poemas


Emily Dickinson


En mi jardín avanza un pájaro...

En mi jardín avanza un pájaro
sobre una rueda con rayos -
de música persistente
como un molino vagabundo -

jamás se demora
sobre la rosa madura-
prueba sin posarse
elogia al partir,

cuando probó todos los sabores -
su cabriolé mágico
va a remolinear en lontananzas-
entonces me acerco a mi perro,

y los dos nos preguntamos
si nuestra visión fue real-
o si habríamos soñado el jardín
y esas curiosidades-

¡pero él, por ser más lógico,
señala a mis torpes ojos-
las vibrantes flores!
¡Sutil respuesta!

Versión de Silvina Ocampo

1251

El silencio es todo lo que tenemos.
La Voz es el rescate –
Pero el silencio es Infinito.
Él carece de rostro.

1354

El corazón es la Capital de la Mente –
La Mente es un Estado único –
Y Corazón y Mente forman juntos
Un solo Continente –

Uno – es la Población –
Bastante numerosa –
Esta Nación extática
Búscala – eres Tú mismo.

1355

Vive del Corazón la Mente
Como cualquier Parásito –
Si aquél está lleno de Carne
La mente engorda.

Pero si el Corazón se inhibe
Se demacra el Ingenio –
Pues su Alimento
Es absoluto.

Traducción de Margarita Ardanaz



Vídeo poema- I'm nobody 



YO SOY NADIE. ¿TÚ ERES QUIÉN?

¡Soy nadie! ¿Quién eres?
¿Eres — nadie — también?
¡Somos entonces un par!
No lo digas son capaces
de descubrirlos — lo sabés.

¡Qué horrible — ser — alguien!
Qué impudicia — como una rana —
Decir vuestro nombre — todo el santo día —
a un admirativo pantano.

Versión de Silvina Ocampo

I’M NOBODY, WHO ARE YOU?

I’m nobody, who are you?
Are you nobody too?
There’s a pair of us, don’t tell!
They’d advertise us, you know!

How dreary to be somebody!
How public like a frog,
To tell your name the livelong day
To an admiring bog!

Emily Dickinson



Nota mía:
Recientemente, estuve releyendo la poesía de Emily Dickinson. Las relecturas son siempre enriquecedoras porque descubres nuevos aspectos del poema.
Emily Dickinson nos sorprende por la reflexión, cuando la leemos el espíritu nos queda dando vuelta porque ella es capaz de mostrarnos otros aspectos de la realidad, esos que se nos escapan por ser cotidianos o porque hemos aprendido a verlos de un sólo modo. Además, tiene un gran sentido del humor.

Breve Reseña bibliográfica:
Emily Dickinson, poeta norteamericana. Nació y murió en Massachussets 1830-1886.
Posee una voz lírica, su poesía es de carácter íntimo. Esta considerada como una de las figuras más representativas de la literatura norteamericana del siglo XIX.
Prácticamente vivió recluida en su casa, publicó alrededor de seis poemas en vida, mientras que su obra (alrededor de 2000 poemas) fue publicada tras su muerte.


sábado, 29 de noviembre de 2008

Homenaje al poeta Aimé Césaire

Se le considera como el poeta de la negritud. Más allá de lo que digan los expertos, la voz de Aimé Césaire es la voz que habla desde el dolor de una raza oprimida, quiere resaltar su herencia africana y nutrirnos con con la belleza de sus palabras. Nació en La Martinica bajo el dominio colonial francés.


Video de Joel Cimarrón

ELEGÍA de Aimé Césaire

El hibisco no más que un ojo reventado
de donde pende el hilo de una larga mirada, las trompetas de esparavanes
el gran sable negro de los flamboyanes, el crepúsculo llavero siempre tintineante
las arecas indolentes soles que jamás se pusieron por traspasadas por un alfiler que las tierras que se saltan la tapa de los sesos
no dudan nunca en incrustarse
hasta el corazón, los fantasmas horrorosos, Orion
la extática mariposa que los pólenes mágicos
crucificaron sobre la puerta de las noches cimbreantes
los bellos tirabuzones negros de las cañafístulas mulatas
altaneras cuyo cuello tiembla levemente bajo la guillotina

y no te sorprendas si en la noche gimo más hondamente o si mis manos estrangulan más sordamente es el tropel de viejas penas que hacia mi olor negro y rojo en escolopendra
alarga la cabeza y con una insistencia en el hocico aún blanda y desmañada busca más dentro mi corazón de nada me sirve entonces apretarle contra el tuyo y perderme en la espesura de tus brazos que acaba por encontrarlo y muy gravemente de manera siempre nueva
lo lame amorosamente
hasta que brota salvaje la primera sangre
bajo las bruscas garras desplegadas del
DESASTRE

sábado, 1 de noviembre de 2008

Mis Cuentos: Aquella Enfermedad


Imagen de Rafael Martín


Quería compartir otro de mis cuentos, éste habla sobre la enfermedad de Alzheimer. La mente se va deteriorando poco a poco y los recursos de las personas que la sufren se van agotando. Me resulta difícil explicar con palabras lo que percibo, por eso me acerco a través de este cuento que es mi manera de expresar emoción.
Mejor me callo y os dejo con el cuento que espero os guste.

Aquella enfermedad

A la memoria de mi tía Isabel


Amelita no deja de llorar y en su desesperación ha tomado el autobús para llegar a casa de su hermano Augusto donde vive Encarna, su tía. Cuando la ve, las palabras se le entreveran en un susurro tembloroso:

- Mis hijos me han abandonado. Estoy sola. Ven a casa y quédate conmigo.

La mirada de Encarna se detiene en el fatigado rostro de Amelita y recuerda cuando ambas compartían su modesto departamento en el centro de Lima. Todos los fines de semana, la recogía del internado y su alegría teñía las paredes de su sosegado hogar. Sus manos tiemblan de ternura tratando de alcanzar los recuerdos; acurrucadas la una en la otra para enfrentar las envestidas de la gran ciudad. Cuando Amelita terminó el internado se fue a vivir con ella hasta que se casó.

Encarna se mueve con la lentitud de sus noventa y tres años. Se dirige a su habitación, prepara algunas mudas y las mete en un maletín, a su vez, escucha las interminables quejas de Amelita, sus ojos van humedeciéndose. No entiende qué está pasando con su sobrina, pensar que fue la más lista en el colegio y luego en la universidad, y, ahora con setenta y tres años, la mente se le embrolla. Por momentos, junta los recuerdos y le salen entreverados, a borbotones, luego se repite y la angustia la persigue sin dar tregua como una obsesión.

Una vez más, Encarna, con su pequeño maletín en mano, apoya su frágil esqueleto en su sobrina y juntas emprenden la ruta de la vuelta a casa.

Por: María Germana Matta - En Madrid, a 27 de junio de 2008

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Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

domingo, 6 de julio de 2008

Cine de Autor: Antes que el Diablo sepa que has muerto



Antes que el diablo sepa que has muerto (Before the devil knows you’re dead)
De: Sidney Lumet

Dos hermanos burgueses desesperados por conseguir dinero traman robar la joyería de sus padres. Todo debe salir bien, ya que conocen todos los movimientos, pero Hank, el hermano encargado de realizar el robo, se siente incapaz de hacerlo y pide a un ladrón de poca monta que le ayude a realizar el trabajo. A la hora del atraco todo se complica y lo que debió ser un robo fácil se convierte en un drama donde cada uno de los personajes irá dibujando sus propios límites.
Un mundo donde todo se rige por el dinero y que te empuja a llevar una vida más allá de tus posibilidades para conseguir el sueño americano. Nunca es suficiente, siempre más dinero. Hank divorciado y con una hija debe pagar una pensión y un colegio totalmente fuera de su alcance. Andrew, con un trabajo de ejecutivo pero, adicto a las drogas, pretende salvar su matrimonio, lleno de contradicciones.
Una sociedad despiadada donde los hombres están presos de necesidades creadas por el propio sistema, el mismo que te asfixia y te lleva a la violencia. Una interesante visión del mundo en que vivimos.
Excelente reparto y narrada en fragmentos, avanza y retrocede y va revelando información donde el espectador va armando las piezas del drama.