miércoles, 27 de junio de 2012

Rocío Silva Santisteban, poesía


*Georgia O’keeffe – Dark Iris Nº 2

Canción
Una canción es sólo una sombra
Que nada te evita en el camino

Arrastra tu voz
Arrastra tu deseo

El tiempo que me circunda te deja suelto en ti
La voz que te nombra no me dice ni me desdice

Voltea

En medio de la noche y  sobre el mar una breve luz
Una breve luz que no quiere iluminarte
Es palpada por tus sentidos
Y callada por tus silencios

Silva esta canción que no canto
Silva en plena oscuridad

Una pequeña lumbre se asemeja a una nota aguda
Y este piano que se apaga en mi rostro
O por lo menos mi deseo más profundo.
(De Mariposa Negra)

Mariposa Negra

El papel que he puesto sobre las ventanas ha quedado empañado
La humedad de su saliva sobre mis piernas, entre mis dedos
Se guarda y en pequeñas cavidades, destroza
Esto que a veces pretendo inventar.
No, amor, no basta con lamer nuestros cuerpos,
No basta con patearnos y gritar, jadear hasta pulverizarnos
No, amor,
No preguntes la hora después, no enciendas la luz, no hables, no pienses, no respires
Quieto
Deseo recorrer con mis sucias manos tu cuerpo inerte
Y sentir que mis olores te poseen, se incrustan entre tus vellos
Te deshacen.
Mi habitación rojiza se abre como una niña y espera
Pero este rojo tuyo no puede mezclarse ni sangrar, no puede
Rebajar esta brecha de tormento entre tu espacio y el mío
Tu saliva de nuevo sobre la palma de mi mano y tus ojos intentando
No amor
No basta con emitir gruñidos de animal en celo,
No basta con destrozar mi ropa en jirones al aire, no basta
Con inyectarnos veneno en este encuentro
No amor,
Cuando termino de escuchar la música que dejaste
Cuando corto un pedazo de pan y lo mastico para engañar mi furia
Cuando recorro con ojos lascivos la habitación en rojo
Y constato tu presencia en el interior de otra
Habitación vacía, cuando
Enredo entre mis dedos el ansia y la distancia
Sólo la imagen de tu sombra estirada sobre el papel fucsia permanece en mi silencio
Y una mariposa negra, presagio de la muerte, me acompaña.
(De Mariposa Negra)
Venus

de una vieja bañera emerge,
lenta y torpe
Venus Anadrómeda
Arthur Rimbaud

¿Por qué no te vas? ¿Por qué no lanzas una sola mirada lejos,
lejos?
Todo es tan torpe cuando tú pronuncias la palabra que me
desgasta.

Yo soy esa diosa, yo soy esa Venus, precisamente yo la que se
levanta de la tina, desnuda.

Detrás mío sólo las luces, el espacio entre el límite del hastío
y la evasión; yo soy aquella vieja, a los 28, las curvas de mi cuerpo
le dan asco a cualquiera.

En ese espejo que me retrata de cuerpo entero, miro esas curvas
y aguanto la arcada en la boca.

Eres un animal y tu… esa maldita piel te atrapa, te atrapa.

Voltea mi piel, voltea y verás cómo me extiendo hasta el último
resquicio y para siempre. Y para siempre.

Tengo los omóplatos sugestivos, los omóplatos, ah, eternos como
una puta de Brassaï, así soy, amor, una putita, un cuerpo que ni
siquiera tú ahora quieres contemplar.

Soy la que se levanta para otra vez caer.

Al borde ?debajo mil luces de neón invitándote al paseo?
bailas, una botella en la mano derecha y en la izquierda la herida,
te tanteas, debajo de la ropa sólo esa piel inmensa que nunca podrás
achicar, sólo esa piel dura que nunca podrás morder, ni perdonar.

Te mataré

Siempre ?suspendida sin caer sobre los techos de los autos?
siempre en esa lámina final de la cornisa, en ese instante del
pensamiento, siempre pienso en ti.

Soy Venus, desde hace años soy la elegida,
Yo soy aquella por la cual delirarán
Aquella que besarán en los pies
En los pies lacrados de heridas
En los pies cubiertos de enemigos

Sobre mi jinete cabalgo hasta no verte más
Cabalgo como una diosa enfurecida
Cojo las crines de tu pelo,
Hundo mis espuelas en tus ancas
Y mientras tú gimes dejo caer mi saliva
Una raya larga de mi saliva sobre tu frente

Hincha tu sexo para bendecirme, y así,
Cabalgando uno frente a otro, habremos
Quebrantado el dolor
Y seremos los héroes, los héroes

Con el nombre de Dios entre los labios
(De Mariposa negra)
BAvioLADA
Hoy la vi, fue casualidad
estaba en el bar, me miró al pasar
yo le sonreí y le quise hablar
me pidió que no

no, no suéltame, déjame en paz
estás borracho
¿Quién eres tú para hablarme así, perra?

que otra vez será
tierno amanecer, sé que nunca más

aquí el que manda soy yo

cómo olvidar su pelo , cómo olvidar su aroma

cómo olvidar ese olor que sube por mi cuerpo
una babosa, pegajoso, leche agria
cerveza y vómito negro, rencor y cólera

si aún navega en sus labios el sabor de mi boca

sus pelos en mi boca, la arcada al fondo de mi garganta
y esa otra boca, la pistola

abre la boca mierda

entre mis piernas, saliéndose y metiéndose,
¡por qué no me matas de una vez!
Cada chica que pase con un libro en la mano
Me traerá tu nombre como en aquel verano
¿su nombre?, ¿para qué?
era oficial o teniente o no sé qué
porque ordenaba, les dijo, háganlo rápido
como yo y no se ensucien demasiado
entonces pasaron uno por uno, dos, tres
no más, por favor, no, no déjenme morir
cuatro cinco seis
ya no, Dios, ya no, ya no
siete
estaba completamente muerta, muerta, muerta,
ocho
fuiste mía un verano

ocho fueron ocho

perra, ladra

solamente un verano
pero el olor lo tengo aquí
zumba en mi cabeza como rastrillo de metralla

que asco

yo no olvido la playa ni aquel viejo café

nunca jamás, esos ojos
su huella me vuelve loca

ni tu voz ni tus pasos
se alejarán de mí.
(De Las hijas del terror)


Fuente: Poetas peruanas de antología – por: Ricardo González Vigil – Mascaypacha Editores – Lima, Perú 2009

Bibliografía: Rocío Silva Santisteban , Lima 1963, poeta, narradora, periodista, crítica literaria, profesora universitaria.
Libros publicados: Asuntos circunstanciales (Lluvia editores, 1984), Ese oficio no me gusta (COPE, 1987), Mariposa negra (Jaime Campodónico Editor, 1993), Me perturbas (El Santo Oficio, 1994), Condenado amor (El Santo Oficio, 1995), El combate de los ángeles: literatura, género, diferencia (Universidad Católica, 1999), Estudios culturales: Discursos, poderes, pulsiones (Universidad del Pacífico, 2001), Turbulencias (Estruendomudo, 2005), Las hijas del terror (Ediciones Copé 2005).


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