lunes, 17 de octubre de 2011

Jacques Prévert - poesía

Jacques Prévert - PARA HACER EL RETRATO DE UN PÁJARO





PARA HACER EL RETRATO DE UN PÁJARO


Pintar primero una jaula
con la puerta abierta
pintar después algo bonito
algo simple, algo bello,
algo útil para el pájaro.
Apoyar después la tela contra un árbol
en un jardín en un soto
o en un bosque esconderse tras el árbol
sin decir nada, sin moverse
a veces el pájaro llega enseguida
pero puede tardar años
antes de decidirse.
No hay que desanimarse
hay que esperar
esperar si es necesario durante años
la celeridad o la tardanza
en la llegada del pájaro
no tiene nada que ver
con la calidad del cuadro.
Cuando el pájaro llega, si llega
observar el más profundo silencio
esperar que el pájaro entre en la jaula
y una vez que haya entrado
cerrar suavemente la puerta con el pincel.

Después borrar uno a uno todos los barrotes
cuidando de no tocar ninguna pluma del pájaro.

Hacer acto seguido, el retrato del árbol,
escogiendo la rama más bella para el pájaro,
pintar también el verde follaje
y la frescura del viento,
el polvillo del sol
y el ruido de los bichos de la hierva en el calor estival
y después esperar
que el pájaro se decida a cantar.

Si el pájaro no canta, mala señal,
señal de que el cuadro es malo,
pero si canta es buena señal,
señal de que podéis firmar.
Entonces arrancadle delicadamente
una pluma al pájaro
y escribid vuestro nombre
en un ángulo del cuadro.

(Traducción desconocida)
Poema extraído de la web:

miércoles, 5 de octubre de 2011

Pier Paolo Pasolini




Título original: La Ricotta (el requesón)
País: Italia - Año: 1962 - Género: Drama - Duración: 34min
Dirección: Pier Paolo Pasolini
Protagonistas: Orson Welles, Mario Cipriano, Laura Betti, Edmonda Aldini, Ettore Garofolo.

En este vídeo podemos ver una escena del rodaje. Aparece un periodista dialogando con Orson Welles, quien hace de director de la película. A continuación el dialogo y la lectura del poema de Pasolini:
  
Periodista –¿Me permite una palabra? Discúlpeme si lo molesto.
Orson Welles –Diga, diga...
Periodista –Quiero hacerle una entrevista de no más de cuatro palabras.
Orson Welles –No más de cuatro preguntas.
Periodista –¿Qué quiere expresar con su nueva ópera?
Orson Welles –Mi íntimo, profundo, arcaico, catolicismo.
Periodista –¿Qué piensa de la sociedad italiana?
Orson Welles –El pueblo más analfabeto, la burguesía más ignorante de Europa.
Periodista –¿Y qué piensa de la muerte?
Orson Welles –Como marxista, es un hecho que no merece consideración.
Periodista –¿Qué piensa de nuestro director Federico Fellini?
Orson Welles –Él baila... él baila.
Periodista –¡Gracias! ¡Felicitaciones!, adiós.
Orson Welles –¡Ey...! "... yo soy una fuerza del pasado". Es un poema. En la primera parte el poeta describe ciertas ruinas antiguas de las que ya nadie sabe la historia y ciertas horrendas construcciones modernas que todos entienden, dice así:

Yo soy una fuerza del pasado
solo en la tradición, mi amor.
Vengo de las ruinas, de las iglesias,
de los manteles de altar,
de las aldeas olvidadas en los Apeninos
y de los Alpes donde viven los hermanos.
Doy vueltas por la Tuscolona como un loco
por la Appia como un perro sin dueño
o miro el crepúsculo y las mañanas
en Roma, en Ciociaria, en el mundo,
como los pioneros antes de la historia
a los que asisto por privilegio de anágrafe,
desde el borde extremo del sepulcro.
Monstruoso es el que nació
de las vísceras de una mujer muerta.
Y yo, feto adulto,
doy vueltas más moderno
que todos los modernos,
para buscar a los hermanos que ya no están.


Más sobre Pier Paolo Pasolini:
http://www.divxclasico.com/foro/viewtopic.php?t=14420
http://www.pasolini.net/espanol.htm

sábado, 1 de octubre de 2011

Blanca Varela, poesía


Fernando de Szyszlo - Ronda Nocturna

Destiempo

I
Se fue el día,
las escamas del sueño giran.

Todo desciende,
la noche es el tedio.

En el desierto, a oscuras,
temerosa del amor
la ostra llora a solas.
Caen las lívidas hojas de tu frente,
Te alejas, negra burbuja sin destino.

Se abren súbitamente mil calles,
arrecifes en llamas
retienen tu cuerpo helado como una lágrima,
nada te hiere,
el coral clava su garra en tu sombra,
tu sangre se desliza, inunda praderas,
salta de las ventanas como un rojo sonido
y todo esto no es sino el otoño.

II

Estréchame las manos,
la única luz que nos queda,
no me dejes olvidada
en la cima de la ola.

Aléjate.

Aparten ese frío paisaje de cipreses,
escombren esos náufragos que ocultan el horizonte.

La vida es una noticia conmovedora.

Atravieso el desierto,
la terrible fiesta en el centro de un cielo derribado.
Estoy casi olvidando.

III
A César Moro

El rayo ha perfumado ferozmente nuestra casa.
Tenemos sed, tenemos prisa por golpear
con el hueso de una flor en la tiniebla.
Hay un árbol talado en esta historia.
Contemplamos el cielo. No hay señales.
¿Es de día? ¿Es de noche?
Murió la araña que medía el tiempo,
sólo hay un viejo muro y una nueva familia de sombras.

IV

Deseos, piedras, cielo a jirones,
ni un ave.
Estoy huyendo.
Una nueva montaña,
un río joven, sin ira.

Éste es el mundo que amo.
Quiero un cielo veloz,
la mañana distinta, sin colores,
para poner mis ángeles,
mis calles donde siempre hay humo y sorpresa.

V

Aquella torturada nube parecía tan firme,
ambulando,
desgarrando,
chocando con masas de ángeles.

Cóncava,
valva de viene y soledad,
de trajín y música constante,
de arena, de resplandor
y fuga,
desierto etiope
en un tutti de gemidos
y sorpresa.

Tan exacta
sobre el laberinto de la pupila,
color perdido
de vieja misiva,
terrible silencio
de quien ha sacudido el aire
y conoce el vado de los sollozos.

Continuaba,
migradora,
llave del torbellino
como una gota pura
preñada de su propia existencia.

VI

El mar pliega las alas al atardecer,
tú no eres sino una pálida burbuja
navegando al golpe del aliento,
un negro trino,
el sol que sale en el centro del pecho
en mitad de la calle,
un silencio en la música dura
de la ciudad sin límites.

Para atravesar ese océano,
ese golpe de luz en la siesta,
no bastaría la eternidad.

VII

Toda la palidez inexplicable es el recuerdo.

Travesía de muralla a muralla,
el abismo es el párpado,
allí naufraga el mundo
arrasado por una lágrima.

VIII

Despierto.

Primera isla de la conciencia:

un árbol.

El temor inventa el vuelo.

El desierto familiar me acoge.

Alguien me observa con indiferencia.

IX

El amor es como la música,
me devuelve con las manos vacías,
con el tiempo que se enciende de golpe
fuera del paraíso.
Conozco una isla,
mis recuerdos,
y una música futura,
la promesa.

Y voy hacia la muerte que no existe,
que se llama horizonte en mi pecho.
Siempre la eternidad a destiempo.

La muerte se escribe sola...

La muerte se escribe sola
una raya negra es una raya blanca
el sol es un agujero en el cielo
la plenitud del ojo
fatigado cabrío
aprender a ver en el doblez

entresaca espulga trilla
estrella casa alga
madre madera mar
se escriben solos
en el hollín de la almohada

trozo de pan en el zaguán
abre la puerta
                 baja la escalera
el corazón se deshoja

la pobre niña sigue encerrada
en la torre de granizo
el oro el violeta el azul
                  enrejados

no se borran

no se borran

no se borran

Blanca Varela, poeta peruana - 10 de agosto de 1926 - 12 de marzo de 2009 







Memoria del Festival Internacional de Poesía de Medellín. En junio de 1995 se celebró en Medellín, la quinta edición de este evento. La lúcida poeta peruana Blanca Varela fue huésped de honor del evento, donde el que leyó su poema Canto Villano. 



Canto Villano

y de pronto la vida
en mi plato de pobre
un magro trozo de celeste cerdo
aquí en mi plato

observarme
observarte
o matar una mosca sin malicia
aniquilar la luz
o hacerla
hacerla

como quien abre los ojos y elige
un cielo rebosante
en el plato vacío

rubens cebollas lágrima
más Rubens más cebollas
más lágrimas

tantas historias
negros indigeribles milagros
y la estrella de oriente

emparedada
y el huesos del amor
tan roído y tan duro
brillando en otro plato

este hambre propio
existe
es la gana del alma
que es el cuerpo

es la rosa de grasa
que envejece
en su cielo de carne

mea culpa ojo turbio
mea culpa negro bocado
mea culpa divina náusea

no hay otro aquí
en este plato vacío
sino yo
devorando mis ojos
y los tuyos




Casa de Cuervos

porque te alimenté con esta realidad mal cocida
por tantas y tan pobres flores del mal
por este absurdo vuelo a ras de pantano
ego te absolvo de mí laberinto hijo mío

no es tuya la culpa
ni mía pobre pequeño mío
del que hice este impecable retrato
forzando la oscuridad del día
párpados de miel y la mejilla constelada
cerrada a cualquier roce
y la hermosísima distancia
de tu cuerpo
tu náusea es mía
la heredaste como heredan los peces la asfixia
y el color de tus ojos
es también el color de mi ceguera
bajo el que sombras tejen sombras y tentaciones
y es mía también la huella
de tu talón estrecho de arcángel
apenas pasado en la entreabierta ventana
y nuestra para siempre
la música extranjera
de los cielos batientes
ahora leoncillo encarnación de mi amor
juegas con mis huesos
y te ocultas entre tu belleza
ciego sordo irredento casi saciado y libre
con tu sangre que ya no deja lugar
para nada ni nadie

aquí me tienes como siempre
dispuesta a la sorpresa de tus pasos
a todas las primaveras que inventas
y destruyes
a tenderme nada infinita sobre el mundo
hierba ceniza peste fuego
a lo que quieras por una mirada tuya que ilumine mis restos
porque así es este amor
que nada comprende y nada puede
bebes el filtro y te duermes
en ese abismo lleno de ti
música que no ves colores dichos
largamente explicados al silencio
mezclados como se mezclan los sueños
hasta ese torpe gris que es despertar
en la gran palma de dios
calva vacía sin extremos y allí te encuentras
sola y perdida en tu alma
sin más obstáculo que tu cuerpo
sin más puerta que tu cuerpo
así este amor
uno solo y el mismo con tantos nombres
que a ninguno responde
y tú mirándome
como si no me conocieras marchándote
como se va la luz del mundo
sin promesas y otra vez este prado
este prado de negro fuego abandonado
otra vez esta casa vacía
que es mi cuerpo
a donde no has de volver

Más sobre Blanca Varela en :
Artículo de Carmen Olle sobre la autora:
Más poemas en:
http://amediavoz.com/varela.htm

Más información sobre el cuadro en:
http://www.latinamericanmasters.com/english/exhibit_szyszlo2.html

Datos del vídeo Casa de Cuervos el Youtube y en :
http://yanaallqu.blogspot.com/

martes, 27 de septiembre de 2011

Diamela Eltit - El arte de la Intención

Foto correspondiente a la acción, en ella, Diamela Eltit


En 1980 Diamela Eltit transitó por prostíbulos, cárceles y hospicios (zonas de dolor) leyendo sus escritos, proyectando su imagen en las paredes y lavando sus veredas.

A continuación el texto que acompaña el manifiesto, tomado de la revista:   Letras.s5.com:


La expiación se transformó en el eje temático de uno de los trabajos de Diamela Eltit realizado en 1980. Su cuerpo se convirtió en cuerpo expiatorio y sacrificial, al asumir la culpa y el dolor colectivos. Transitó por prostíbulos, cárceles y hospicios que designó como "zonas de dolor". En estos lugares leyó trozos de su novela "Por la patria", proyectó su imagen (en diapositivas) sobre las paredes de esos recintos y lavó sus veredas.
En su calidad de escritora, todas estas acciones fueron la prolongación de su trabajo literario y las incorporó como registro visual a su texto definitivo. Estos trabajos los denominó "arte de la intención" y los fundamentó así:

"Desde los prostíbulos más viles, sórdidos y desamparados de Chile, yo nombro a mi arte como arte de la intención. Yo pido para ellos la permanente iluminación: el desvarío. Digo que no serán excedentes, que no serán más lacras, digo que relucientes serán conventos más espirituales aún. Porque son más puros que las oficinas públicas, más inocentes que los programas de gobierno más límpidos. Porque sus casas son hoy la plusvalía del sistema: su suma dignidad. Y ellos definitivamente marginados, entregan sus cuerpos precarios consumidos a cambio de algún dinero para alimentarse. Y sus hijos crecen en esos lupanares. Pero es nuestra intención que esas calles se abran algún día y bajo los rayos del sol se baile y se cante y que sus cinturas sean apresadas sin violencia en la danza, y que sus hijos copen los colegios y las universidades: que tengan el don del sueño nocturno. Insisto que ellos ya pagaron por todo lo que hicieron travestistas, prostitutas mis iguales".
Este texto pone de manifiesto su decidida intención de vincularse con los espacios -límites- donde las situaciones humanas alcanzan la degradación más radical. Aquí, precisamente. Sitúa su cuerpo, su imagen y su palabra, mientras lava la calle, purificándola, en un acto simbólico de penitencia y arrepentimiento colectivos.

El texto y la foto pertenecen la revista: Letras.s5.com:

viernes, 23 de septiembre de 2011

Mis poemas: Nocturno

Grafiti 

Nocturno

La noche se tiñe
con el zumbido
ardiente del insomnio
y nos contempla
desde su pedestal de acero.

A tientas
caminamos
con un puñal de sombras
desoladas
que se diluyen
con la sonrisa  fresca 
del alba
y dan paso al día siguiente.

A veces hay jazmines
que tiritan el rocío dulce
de lo breve.

María Germaná Matta - En Valdepeñas, a 23 de septiembre de 2011

Foto de El mundo:


domingo, 11 de septiembre de 2011

KAMALA SURAIYA DAS, poesía

*Suraiya Das, Kamala

Composición (fragmento)

¿Quién puede decir, viéndolas,
que son juguetes
apropiados para las noches locas?
Debe haber algo simbólico aquí,
pero no
recuerdo qué.
He acumulado también un par de principios,
arrancándolos
como flores salvajes
en mi camino.
Maridos y mujeres,
este es mi consejo para vosotros.
Obedeced las órdenes disparatadas del otro,
ignorad a los cuerdos.
Convertir vuestra casa en una alegre
perrera,
el matrimonio deber ser eso
de todas formas,
acordado en
un paraíso de buen humor.
He alcanzado la edad en la que
uno perdona todo.
Estoy preparada para perdonar a los amigos
su cariño,
perdonar aquellos que destruyeron amistades
y a aquellos que perdonaban
y continuaban amando.
Pero daría un mundo por tener
a uno de mis enemigos
para una merienda tranquila
en alguna parte.
Tras tanto tiempo sin vernos
tendríamos mucho que contarnos.
Pero
en serio, debo despertarme,
volver a la vida.
Me digo a mí misma
y os digo a vosotros, los
que escrutáis el espejo buscando ese destello
blanco en el pelo,
enamoraros,
enamoraros de una persona
inapropiada,
arrojaros a ella
como una polilla a la llama.
Que haya desesperación en cada movimiento.
Excavad
profundo, el profundo dolor.
Para ser sincera,
he fracasado,
siento mi edad y mi inutilidad.
Todo lo que quiero ahora
es dar un paseo
por el mar
y tumbarme allí, descansar,
completamente desconectada.

Pero
descansar es un capricho infantil,
un hambre pequeña.
hambres mayores acechan
en el fondo del mar.
Al final,
alimentaré únicamente el hambre
de alimentar otras hambres,
la esencial.
Deshacer
disolver
y retener en otros elementos
los potentes fragmentos
de uno mismo.
El supremo descubrimiento será
que somos inmortales,
los únicos perecederos son
los sistemas y los arreglos,
incluso nuestras penas continuándose
en los insaciables que forman
el mundo. Ni tan siquiera los
movimientos a menudo repetidos
de cada célula dispersa
otorgará el poder de escapar
de las jaulas del compromiso.
Debo prolongarme,
atrapada en la inmortalidad,
mi única libertad es
la libertad
de descomponerme.



Fuente: Kamala Suraiya Das - La vieja casa de juguete y otras historias (2004) - editorial Torremozas. Traducción y Prólogo: Isabel García López.

Más detalles sobre el libro:
http://www.torremozas.com/La-vieja-casa-de-juguete-y-otras-historias 

*Imagen tomada de Wikipedia:
http://en.wikipedia.org/wiki/Kamala_Surayya

martes, 6 de septiembre de 2011

Arthur Rimbaud - El barco ebrio



A continuación el poema en español


Arthur Rimbaud - El Barco Ebrio


Al tiempo que bajaba por ríos impasibles,
Sentí que no me guiaban los hombres a la sirga:
Aullantes pieles rojas, tomándolos por blanco,
Los clavaron desnudos en postes de colores.

Portador de algodón inglés, trigo de Flandes,
Sin pena me tenían todos los tripulantes.
Cuando acabó aquel ruido a la par que mis hombres,
Me dejaron los Ríos marchar adonde quise.

Entre los chapoteos de la mar encrespada,
Yo, el invierno pasado, más sordo que el cerebro
De los niños… ¡bogaba! Penislas a la vela
Nunca experimentaron barullos más triunfantes.

La tempestad bendijo mi despertar marino.
Más ligero que un corcho bailé sobre las olas
(Eternas trajineras de víctimas las llaman),
¡Sin añorar, diez noches, a las bobas farolas!

Más dulce que manzanas agrillas para un niño,
Impregnó el agua verde mi cascarón de abeto
Y me lavó las manchas de tintorros y vómitos,
Dispersando el timón y el áncora de brazos.

Y desde entonces bogo inmerso en el Poema
De la mar, infundida de astros, lactescente,
Tragando verdes cielos por donde a veces baja,
Cuerpo arrobado y pálido, un muerto pensativo;

Donde, tiñendo súbitos azules, desvaríos
Y ritmos lentos bajo el rutilante día,
Más fuertes que el alcohol y más que nuestras liras,
¡Fermentan las amargas rojuras del amor!

Sé de cielos que rompen en rayos, y de trombas,
Resacas y corrientes; sé también del ocaso,
Del alba entusiasmada cual tribu de palomas,
¡He visto varias veces lo que ver cree el hombre!

¡Vi al sol poniente, sucio de místicos horrores,
Iluminando vastos coágulos violetas,
Y lejos, cual actrices de antiquísimos dramas,
Olas rodando al paso su temblor de postigos!

¡Soñé la verde noche de nieves deslumbradas,
Beso que asciende lento hasta los ojos mismos
Del mar, circulación de savias inauditas,
Y aviso azul y gualda de los cantantes fósforos!

¡He seguido por meses, como a piaras histéricas,
Embates de mareas contra los arrecifes,
Sin pensar que los pies de luz de las Marías
Domar pudieran morros asmáticos de Océanos!

¡Creánme que he tocado increíbles Floridas,
Donde ojos de pantera con piel de hombre a flores
Se mezclan! ¡Y arcos iris bajo el confín marino,
Tensados como bridas para glaucos rebaños!

¡He visto fermentar vastas marismas, nasas
En donde un Leviatán entre aulagas se pudre!
¡Avalanchas de aguas en medio de bonanzas,
Distancias que se abisman como las cataratas!

¡Soles de plata, heleros, alas de nácar, cielos
De brasa! ¡Horribles pecios engolfados en simas
Donde enormes serpientes, comidas por las chinches,
Con negro aroma caen desde torcidos árboles!

Quisiera haber mostrado a los niños doradas
De agua azul, esos peces de oro que salmodian.
–La espuma en flor meció mis salidas de rada
Y vientos inefables me alaron por instantes.

A veces, mártir harto de polos y de zonas,
La mar cuyo sollozo mi vaivén suavizaba,
Me subía, de amarillas ventosas, sus corolas
Brunas, y, cual mujer, de hinojos me quedaba...

Penisla que columpia en sus riberas guano
Y querellas de pájaros chillones de ojos rubios,
Yo navegaba, mientras por mis frágiles zunchos
¡Ahogados con sueño andaban para atrás!

Así, barco perdido entre pelo de ancones,
Lanzado por la tromba en el éter sin aves,
Yo, a quien acorazados o veleros del Hansa
No le hubieran salvado el casco ebrio de agua;

Libre, humeante, envuelto en brumazón violeta,
Yo, que horadaba el cielo rojizo como un muro
Que sostiene, jalea exquisita gustada
Por el poeta, líquenes de sol, muermos de azur;

Que corría empañado de lúnulas eléctricas,
Loca tabla escoltada por negros hipocampos,
Cuando julio derrumba, a grandes garrotazos,
Cielos ultramarinos en ardientes embudos;

Que temblaba al oír, gimiendo en lontananza,
Los Behemots en celo y los densos Maelstroms,
Hilandero perpetuo de quietudes azules,
¡La Europa de los viejos parapetos, yo añoro!

¡He visto siderales archipiélagos, islas
Cuyo cielo en delirio se abre al bogavante!
–¿Son noches abisales en que exiliado duermes,
Oh tú, Vigor futuro, millón de aves áureas?–

¡Cierto: mucho he llorado! El alba es dolorosa.
Toda luna es terrible, y todo sol, amargo.
El agrio amor me hinchó de embriagantes torpores:
¡Que mi quilla reviente! ¡Que me hunda en la mar!

Si algún agua de Europa deseo, ésa es la charca
Helada y negra donde en tardes perfumadas
Un niño encuclillado, hondo en tristezas, suelta
Un barquito muy frágil, mariposa de mayo...

No puedo, marejada, inmerso en tu apatía,
Escoltar ya el aguaje del barco algodonero,
Ni traspasar orgullos de banderas y grímpolas,
Ni nadar a la vista atroz de los pontones.


VERSIÓN DE JOSÉ LUIS RIVAS