viernes, 25 de abril de 2014

LEIDY YANETH VÁSQUEZ RAMÍREZ, dos poemas

*Imagen de la red, autor desconocido

Noches mil y una más


En la noche calculaste mi pecho entre tus manos abiertas,



tal vez buscando los pedazos de piel que dejé en el paraíso



o la sombra de la mujer que te escurrió de sus labios hace tiempo.



Pero en el ropero de dios no hay más que barro y algas…



agua en mi boca y tu palabra.







Hombre de manos infinitas para todos los abrazos







elegiste esta noche en la que no soy más que un rumor de pena



una zancadilla al borde del abismo, borde, arista, hilo.



Esta noche en la que me das un nombre como a otras en la ceremonia continua de los cuerpos…



Un nombre que me guardo entre las manos



accidente inconcluso entre mis piernas.







Soy entonces, desde ahora y para siempre,



un pichón abandonado



sexo virgen, umbral deshabitado



salto en la otra orilla de tu cuerpo







y huelo, como las otras, a tierra



atajo del silencio.







Elegiste tomarme en una copa como al vino.







Tal vez ahora mismo yo sea esa copa que te espera



sentada en la laguna entre tus piernas,



con el filo apuntándote a la lengua;



y mis hijos escapando por la boca son estrellas



que te aguardan en la esquina



o palabras cayendo en el silencio,



anagramas de algún verso inconcluso aleteando en tu mochila…



sólo eso.







Pero soy yo la que escribe:



es este intonso afán de no pasar los días en vano,



porque lo que escribo me da un poco de miedo



porque soy sólo un dolor más, como dice De Greiff,



que se consume,



como el humo en la boca de la calle



de una ciudad en la que fácilmente podría nacer



todo el dolor del mundo.







Afuera me aguarda mi sombra



al lado de la noche que baila en las aceras



y ambas se fuman un cigarro en mi nombre



mientras remiendan mis pedazos



tendidos en su tela sobre el tiempo



y se burlan de mí, como otras veces,



porque esta noche, -mil y una más-



confundes mis pasos en la bruma,



con el humo en la boca de la calle…







Afuera suena la voz de la mañana que se acerca



con su risa socarrona de quien no espera.



Porque no logré atar la lengua de la luz a mi palabra.



Porque no logré hacer un paraíso entre mis ojos.



Porque mi cuerpo se hizo sólo niebla entre tu boca.







Sí, hay que reconocerlo,



tú también sabes llegar de vez en cuando,



como el olvido eres ave que regresa;



te veo ahorita mismo plegando una barquita de papel con amplia vela



y con la suavidad de las plumas de un gorrión



tendiéndome en el río de esta ciudad que me espera…



como un olvido de alguien, despierta.







Sí, hay que reconocerlo



adoro esa vieja costumbre del olvido



de predecir todas las partidas



para esperar el regreso de mi sombra



detrás de cada lluvia que me acecha.

Imagen de Christian Schloe

Muerte de Virginia



I



Llevo los bolsillos llenos de suficientes piedras.
El río es un niño que me llama con su llanto y yo lo sigo
hasta donde no hacen falta las respuestas…

¿qué te hace falta mujer para ser tuya? ¿acaso tu alma niña es ahora un viejo cofre que se cierra? ¿o tus lágrimas pagarán el arrepentimiento de todos los hombres que han matado algo?…
porque tienes una voz que nació para ser inmortal como la noche
no te escondas en Bloomsbury o en Ouse; 
allí también te encontrarás temprano.

Abre la puerta, afuera ya no está tu sombra con su teatro de claraboyas.
Y luego, recoge tus fantasmas en la intriga del personaje que increpa a su autor, si tú misma te has creado de sueños y gritos en algún patio en donde tus alter egos juegan escondidijos o alguna mujer grita con su parto.
Ahora eres un viaje inverosímil que se niega a sí mismo cuando grita con ganas: Nadie me mate, yo me muero en mí misma y se cierra el telón.





II


Desde la gruta me aliviano más y más…; arremango mi falda para cruzar la zanja y lanzarme de un olvido a otro, para llegar traicionada nuevamente. En mis uñas me como lo poco que me queda de defensa frente al mundo. Persevero en la tarea de consumirme en un retrato pintado con agua, desde que pacté el acuerdo secreto de espantar las palabras como moscas.

Me sentaré debajo del oloroso ciprés para menearme la mano cuando pase de salida…¿sabes qué?…déjate ir.
Espero; sólo espero eso:
que respetes tu crueldad
cuando juntando los días en racimos
los arrojes en el río que se aleja
con su quitasol líquido.

¡No me pidas que defina mi dolor
las cosas fundamentales
no se pueden definir!




Del libro:  Las grietas del tiempo

Biografía
LEIDY YANETH VÁSQUEZ RAMÍREZ, (Medellín, 1981). Es candidata a Magister en Educación en la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Especialista en Literatura con énfasis en producción de textos e hipertextos y Licenciada en Educación con énfasis en Humanidades y Lengua Castellana de la Universidad de Antioquia. Su obra hace parte de la exposición Itinerante Mujeres de la tierra florida (Secretaría de la Mujer, Medellín-Colombia, desde 2011), donde se le destacó al lado de reconocidas escritoras contemporáneas del Departamento de Antioquia. 
Obtuvo mención en el II Premio Nacional de Poesía Joven Isaías Gamboa (Cali, 2005). En el año 2007, obtuvo el GRAN PREMIO CON EDICIÓN DE EDICIONES EMBALAJE (Museo Rayo, Valle del Cauca- Colombia), por su libro Las horas de la espera, editado en el año 2008; en este mismo año se le concedió el Primer Galardón al Mérito Literario por parte de la Secretaría de la Mujer (Medellín-Colombia), destacando su obra poética. En el 2012 obtuvo Mención de Honor en el Concurso Internacional de Poesía “Rumbo a Grito de Mujer” (2012), organizado por Mujeres Poetas Internacional y la Promotora Cultural Diablos Azules en Trujillo- Perú. Se desempeña como docente universitaria y de educación básica en la ciudad de Medellín, donde desarrolla proyectos vinculados con la didáctica de la lengua y la literatura, la formación de maestros y la escritura literaria.

Fuente: http://circulodepoesia.com/



domingo, 13 de abril de 2014

Anne Carson, poema

Catherin Colaw - inmersa en el paisaje


***

En el esfuerzo que uno hace por hallar su camino entre los contenidos de la memoria
(insiste Aristóteles)
es útil el principio de asociación:

«pasar rápidamente de un punto al siguiente.
Por ejemplo de leche a blanco,
de blanco a aire,
de aire a húmedo,
tras lo cual uno recuerda el otoño en el supuesto de que esté tratando de recordar
esa estación».

O suponiendo,
amable lector,
qué no estés tratando de recordar el otoño sino la libertad,
un principio de libertad
que existió entre dos personas, pequeño y salvaje,
como son los principios, pero ¿cuáles son aquí las reglas?

Como él dice,
la locura puede ponerse de moda.
Pasar entonces rápidamente
de un punto al siguiente,
Por ejemplo de pezón a duro,
de duro a cuarto de hotel,
de cuarto de hotel
a la frase encontrada en una carta que escribió en un taxi el día que se cruzó con
su mujer
que iba caminando
por la otra acera, pero ella no le vio, se dirigía
-así de ingeniosas son las combinaciones de ese estado de flujo que llamamos
nuestra historia moral acaso no son tan claras casi como las fórmulas matemáticas
salvo que están escritas en el agua-
al juzgado
a presentar los documentos para el divorcio, una frase como
qué sabor entre tus piernas.
Tras lo cual mediante esta facultad absolutamente divina, la
«memoria de las palabras y las cosas»,
uno recuerda
la libertad.

¿Es eso yo? grita irrumpiendo el alma.

Almita, pobre animal incierto:

cuidado con este invento «siempre útil para aprender y vivir»
como dice Aristóteles, Aristóteles,
que no tenía marido,
rara vez menciona la belleza
y es probable que de muñeca pasara rápidamente a esclava cuando trataba de
recordar esposa.




Anne Carson (Toronto, Canadá, 1950)
La belleza del marido, un ensayo narrativo en 29 tangos

Traducción de Ana Becciu

Fuente: emmagunst

miércoles, 9 de abril de 2014

Linda Maria Baros, La nube de Oort

imagen de la red 
La nube de Oort

En la madrugada, sólo escuchas a tus huesos quebrarse.

Existen sólo las eyaculaciones de ayer saliendo de tu cuerpo.
Se diría que son firmas:
Ellas vibran como agujas sísmicas
tal que una de sesión prolongada
de acupuntura,
de vudú.

Las eyaculaciones evaden los lingotes porosos,
en platina, de tus viejos huesos,
y separan – en tu subconsciente tribal –
como los sexos,
el cielo y la tierra.
Que atraviesan el pecho,
dando nombres, las trepanaciones viven,
bailan en el aire tanto como las llamas,
mucho más tiempo que el oxigeno que nos rodea.

Clavados a. Extirpados de tu carne.

Un hilo invisible los une al punto de partida,
vociferan desde lejos, de otra carne,
de otra calle.

Se les ve desprenderse de tu cuerpo
en el trascurso de esta separación narcótica,
estallan en pedazos hacia alguna parte, fuera de ti.

Explosionan. Te enganchan.

Linda Maria Baros - Traducción María Germaná Matta


Le nuage d'Oort

Au petit matin, tu n’entends plus tes os se briser.

Il n’y a que les éjaculations d’hier qui sortent de ton corps.
On dirait des signatures : 
elles vibrent comme des aiguilles sismiques
dans une sorte de séance prolongée
d’acupuncture,
de vaudou.

Les éjaculations qui évadent des lingots poreux,
en platine, de tes vieux os,
et séparent – dans ton subconscient tribal –
comme des sexes,
le ciel et la terre.
Qui transpercent la poitrine,
donnent des noms, des trépanations,
qui vivent, qui dansent dans l’air tout comme les flammes,
plus longtemps que l’oxygène environnant.

Clouées dans. Excisées de ta chair.

Un fil invisible les relie à leur point de départ,
qui glapit de loin, d’une autre chair,
d’une autre rue.

Tu les vois se détacher de ton corps
au long de cet écart narcotique,
voler en morceaux quelque part, en dehors de toi.

Elles explosent. T’engluent.

Linda Maria Baros

Fuente: Lyricline


domingo, 6 de abril de 2014

Kamala Suraiya Das, La vieja casa de juguetes (fragmento)

 Imagen de Antonio Mora

Planeabas domesticar una golondrina, retenerla 

En el largo verano de tu amor para que olvidara 

No sólo las frías estaciones y los hogares dejados por el camino, sino 

También la naturaleza, la urgencia de volar y los infinitos 

Senderos del cielo. No fue para adquirir conocimiento 

De otro hombre más que vine a ti, sino para aprender 

Quién era yo y el aprenderlo, aprender a crecer, pero cada, 

Lección que me diste fue sobre ti mismo. Te complacía 

la respuesta de mi cuerpo, su clima, sus frecuentes y superficiales 

Contracciones. Babeaste saliva en mi boca, te derramaste 

En cada rincón y grieta, embalsamaste 

Mi podré deseo con tus jugos agridulces. Me llamaste esposa 

Aprendí a trocear la sacarina en tu té, y a 

Ofrecer las vitaminas en el momento apropiado. Encogida 

Bajo tu monstruoso ego comí del fruto mágico y 

Me convertí en una enana. Perdí la voluntad y la razón 

A todas tus preguntas murmuraba respuestas incoherentes. 

El verano comienza a hacerse pesado. 

recuerdo las brisas más fuertes del otoño 

y el humo de quemar tus hojas. 

Tu habitación tiene siempre luz artificial, 

tus ventanas están siempre cerradas. 

Incluso el aire acondicionado ayuda poco, 

Ante el penetrante olor masculino de tu respiración. 

las flores cortadas en los jarrones ha comenzado a oler a sudor humano. 

no hay más canto, ni baile, mi mente es vieja 

Casa de juguete con todas las luces apagadas. 

la estrategia del hombre poderoso es siempre la misma, 

sirve su amor en dosis letales, 

porque el amor es narciso al borde del agua, obsesionado 

Por su propio rostro solitario y, sin embargo, debe al fin buscar 

Un final, una libertad pura y total, debe desear que los espejos 

Se rompan y que la noche amable borre el agua. 
"


La vieja casa de juguetes (fragmento)

Kamala Suraiya Das (Malabar, India 1934-2009)
Fragmento: La vieja casa de juguete y otras historias (1973), editorial Torremozas. Traducción y Prólogo: Isabel García López.

jueves, 3 de abril de 2014

Jenny Bernal, poemas

Foto de la película The Artist

ESTACIONES DIFUSAS DE LOS AMANTES


I



Se debe despojarse de todo

para el ritual de buscarse entre la niebla

para abrazar del abismo su mirada,

para humedecer los labios de tanto silencio





II



La luz de la piel

se pasea por los laberintos

de la creciente lobreguez

se tiende sobre la tierra.

La carne se levanta centelleante

se mezcla entre negruras.





III



El asombro se fuma sus reflejos

la incertidumbre cubre sus pesares

los amantes desconocen del mundo su naturaleza

y echan  a la hoguera sus misterios.





IV



No se puede silenciar del fuego los gritos

ante ello suele el deseo irritarse

golpear sus cauces contra sí mismo

no entiende del destino los acertijos.





V



Al final

una nube de polvo quedo

un secreto

una lumbre enferma se apaga.



Imagen de Jan Svankmajer

ORÁCULO DE EROS



Majestuosas se abren las hojas

bajo cada una de sus silentes pisadas.


Él es un inmenso instante

y sus ojos

destello, aire cálido

sabe que es la tarde y no la noche su morada

por eso extiende sus escamas antes de oscurecer

y reviste el fuego con sus manos



Es su piel

sus labios

sus brazos

la caligrafía completa

del papiro del deseo


la llave a la contemplación misteriosa

el oráculo de Eros.
Biografía 
Jenny Bernal. Bogotá, 1987. Gestora cultural y  co-fundadora del Festival de Narrativa y Poesía “Ojo en la Tinta”. Actualmente coordina la sección de literatura de la revista Contestarte de la Universidad Nacional de Colombia. Sus poemas han aparecido en diferentes revistas virtuales e impresas de México, Chile y Colombia. En el 2011 publicó en Raíces del Viento: cinco poetas jóvenes colombianos de la editorial Cuadernos Negros. Miembro del colectivo literario La Raíz Invertida.