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jueves, 15 de junio de 2017

Alba Ceres - Luciérnaga

Imagen Robert & Shana ParkeHarrison

Alba Ceres nos presenta su poemario “Luciérnaga” (Libros Kokoro – Killer71 ediciones - 2017), nos habla de lo precario y lo desprotegido del ser humano frente a la muerte. Ceres, se enfrenta a la enfermedad y muerte de su madre.
El poemario está dividido en cuatro partes, separadas por páginas negras con epígrafes de poetas japoneses, que nos van ilustrando dichas fases, a manera de guía o vuelo. Sus versos nos llegan fragmentados escritos desde la fragilidad. Primero con el dolor de un cuerpo herido y lo precario de la enfermedad. Después, se enfrenta al proceso del duelo, sigue el sentimiento de la pérdida, la orfandad. En la parte final apreciamos la luz interior de la luciérnaga, la huella que nos deja el ser querido cuando ya no está con nosotros.


Os dejo que esta breve selección de poemas:

cuida cada vez cada vez en cada boca la plegaria rezan
cuida repentino un golpe la mirada súplica y dolor dolor
y estrábica de vez en adelante siempre cuida la impo-
tencia hace palabras como cuida hace plegarias cada vez se-
dimentándose abisales cada vez cada plegaria rezan cuida

sabrás instinto rezan la memoria hace plegarias rotas
que sabrás la mano aquí en la enfermedad en lo que rom-
pe hace escondite cuida insiste que sabrás lo roto duele
lo que escribe cuidad cuida la oración si abajo buscas toca

rezan se hace y es sabrás como si siempre siem-
pre ahora que sabrás como una hija que ha creci-
do rezan cuida las palabras y las manos hilan ges-
tan se hace vuelco el corazón sabrás caerlo y no
temer el hilo anuda un alfabeto el gesto nace de las yemas

cadavezsicuidastocasestefondomovedizo ah si si si si si du-
das cada vez qué incierto ruego hace la fe si escribe piel qué
huell tiene rezan rezan cada vez la enfermedad hace ple-
garias en un cuerpo toca toca si hay un dios está en el tacto:


***


contra-ido
dónde
el gesto
limpio
del oxígeno
en qué
mueca
enferma
desovar
luciérnagas
ma
má
alar
lo ya
rotura


***


toca
seguir
dicen y
cariátides
las
manos
no
comprenden
lo que
tocan
¿es la
pérdida
es lo
huérfano
que
pesa? – sin
abrazo
cada huella
que se
escombra


***


ruido
de
memoria
que te
trae
¿en un
arrojo?
más
diáfana
más
mamá
como si
antes
yo no
comprendiera
esto
pero
esto
en el
oído
¿es
artimaña
sin tu
cuerpo
soy ¿tu
caja de
resonancias?


***


en red o
torbellino
el corazón
hace
¿una casa?
en lo
invisible
a la
deriva
el sufrimiento
guarecer



Biografía
Nació en Nápoles 1986. También toca el violonchelo y ha escrito A Grieta (ejemplar Único, 2014).

Fuente: Luciérnaga – Alba Ceres – Libros Kokoro – Killer71 ediciones - 2017


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domingo, 2 de abril de 2017

Arlette Luévano - Poemas

 Imagen de Katia Chausheva

No basta con nombrar al llanto llanto
a Montserrat

*

En su jardín es de noche. Ahí la oscuridad llega luchando contra la luz salvaje que nunca se rinde. Nadie gana esa batalla sino estrellas tenaces que pueblan el cielo en enjambres estridentes, y las brujas verdes que explotan como fuegos de artificio.

Es un paraíso macabro, donde el pincel invade los pliegos con secreciones de esteros policromados, memorias de siglos descompuestos.

El pasto es un mosaico de brotes glaucos, livianos, sicalípticos. Los pies de mi hermana exceden su tacto y lo sobrepasan en su oscuro andar de nube henchida de lluvia.

Rosadas plantas de tallo grueso crecen golpeándose unas a otras. Al llegar a su máxima altura, cercana a mi talle, coronan su cresta con una flor aguda y luminosa, sus tallos se llenan de manchas como ventanas y no he querido saber quiénes habitan esas extraordinarias construcciones, pues seguramente serán seres diminutos de grandes dentelladas.

Mi hermana se mece en el columpio que detiene el único árbol del jardín. Ese árbol es de la misma vieja hechicería que la luna. Árbol y luna se guardan gran devoción. Vuelven los brazos uno al otro y tararean juntos la melodía con la que baila el viento. Pequeñas quimeras de fortunas indescifrables crecen donde las hojas nunca han existido.

Mi hermana se guarda en el columpio. Así la recuerdo. Descalza y sonriente, con las trenzas flotando en el vaivén del juego. Mirando cómo el destino se escribe en unas manos menos blancas, en unos ojos menos anhelantes.



Foto de Cole Thompson 
*

Acaba de morir

y una antigua soledad

domesticada

avanza hasta instalarse en su cuarto



La había visto antes

un gato detrás de los armarios

bajo la cama

trasladando su sombra

por los espejos no observados



Pero hoy

que ella acaba de morir

la soledad se presenta

con su fría sonrisa delante de mis ojos

la cabellera agitada en el aire breve

para me ofrece sus brazos


y el escalofrío

Imagen de Katia Chausheva
*

Hay una ciudad que lleva tu nombre y no la conozco

Me he quedado aquí, junto a todo lo que abandonaste



y mis preguntas nunca habían sido tan inútiles como ahora que no hay respuesta posible

que no hay palabras suficientes para hacerlas

ni viento que las tome y las lleve hasta donde pudieran calmarse o cansarse de ser



Tampoco, de pronto, conozco lo que fuiste

Eres un recuerdo, un vislumbre



y me duele algo que no sé qué es


Imagen de Esteban Leyton 

*

Yo no sé rezar                       no puedo

todavía no creo en tu muerte

apenas si puedo creer en cualquier cosa



¿Para qué es todo esto?

No te vayas, quédate a hablar conmigo

dime qué de cierto hay en esta sangradura



Hay tanto que debiste ver

Tantas cosas que no deberían suceder sin ti



Y llegaría a tomar tu cuerpo y sacudirlo

gritaría desde el dolor de mi garganta

para exigir hasta la convulsión



porque no alcanzan mis ojos para derramar

el vacío que me colma el cuerpo

cuando mi condena es no poder aniquilarlo

a cambio del tuyo y el hubiera

De: De pasto verde.

Biografía

Arlette Luévano (Aguascalientes, 1976) es Maestra en Derecho Constitucional y Amparo por la Universidad Iberoamericana. Desde 1997 dirige el suplemento cultural Ananke del diario Página24. Forma parte del comité editorial de la revista Parteaguas, del Instituto Cultural de Aguascalientes. Ha publicado los libros de poesía Casi verde y Apostillas negras. También, en ediciones colectivas, los poemarios Rituales, Informe sobre trenes que llegan y desaparecen y Tercera persona. Recibió el Premio Efraín Huerta 2006 por Casa en ruinas.