viernes, 8 de julio de 2011

Anne Sexton, poesía

Anne Sexton - Portada del libro The complete Poems

Anne Sexton, poesía

Cuando un hombre entra en una mujer

Cuando un hombre entra
en una mujer,
como el oleaje que muerde la orilla,
una y otra vez,
y la mujer abre la boca de placer
y sus dientes brillan
como el alfabeto,
Logos aparece ordeñando una estrella,
y el hombre
dentro de la mujer
hace un nudo,
para que nunca más estén separados
y la mujer
sube a una flor
y Logos aparece
y desata los ríos.

Este hombre,
esta mujer
con su doble hambre,
han procurado penetrar
la cortina de Dios,
lo cual brevemente
han logrado
aunque Dios
en su perversidad
deshace el nudo.

Versión de Beth Miller

La verdad que los muertos conocen

Para mi madre, nacida en marzo de 1902, muerta en marzo de 1959,
y para mi padre, nacido en febrero de 1900, muerto en junio de 1959.

Se acabó, digo, y me alejo de la iglesia,
rehusando la rígida procesión hacia la sepultura,
dejando a los muertos viajar solos en el coche fúnebre.
Es junio. Estoy cansada de ser valiente.

Conducimos hasta el Cabo. Crezco
por donde el sol se derrama desde el cielo,
por donde el mar se mece como una cancela
y nos emocionamos. Es en otro país donde muere la gente.

Querido, el viento se desploma como piedras
desde la bondadosa agua y cuando nos tocamos
nos penetramos por completo. Nadie está solo.
Los hombres matan por ello, o por cosas así.

¿Y qué ocurre con los muertos? Yacen sin zapatos
en sus barcas de piedra. Son más parecidos a la piedra
de lo que lo sería el mar si se detuviera. Rehúsan
ser bendecidos, garganta, ojo y nudillo.

La música vuelve a mí

Aguarde señor. ¿Cuál es el camino a
casa? Apagaron la luz
y la oscuridad se mueve en el rincón.
No hay carteles indicadores en esta
habitación,
cuatro damas, de más de ochenta años,
en pañales todas ellas.
La la la, oh la música vuelve a mí
y puedo sentir la melodía que tocaban
la noche en que me dejaron
en esta clínica privada sobre la colina

Imagina. Una radio encendida
y todos aquí estaban locos.
Me gustó y bailé trazando círculos.
La música entra a raudales en la razón
y de un modo extraño
la música ve más que yo.

Quiero decir que recuerda mejor;
recuerda la primera noche aquí.

Fue el frío estrangulado de noviembre;
incluso las estrellas estaban atadas en
el cielo
y esa luna tan brillante
hurgaba entre los barrotes para
pincharme
en la cabeza con una melodía.
He olvidado el resto.

A las ocho de la mañana me atan a esta
Silla
y no hay señales que indiquen el
camino,
sólo la radio encendida para ella misma
y la canción que recuerda
más que yo. Oh la la la,
esta música vuelve a mí.
La noche en que vine bailé trazando
Círculos
y no tuve miedo.
¿Señor?

Fantasmas

Algunos fantasmas son mujeres,
ni abstractas ni pálidas,
con pechos tan flácidos como peces muertos.
No brujas, sino fantasmas
que vienen, moviendo sus brazos inútiles
como sirvientas descartadas.

No todos los fantasmas son mujeres,
he visto otros;
hombres gordos de blancos vientres
que lucen sus genitales como trapos viejos.
No demonios, sino fantasmas.
De uno retumban sus pasos descalzos,
mientras da bandazos sobre mi cama.

Pero eso no es todo.
Algunos fantasmas son niños.
No Ángeles, sino fantasmas;
se enroscan como tazas de té rosadas
en cualquier almohada, o patalean,
mostrando sus traseros inocentes, clamando
por Lucifer.

De ésas

He salido al mundo, una bruja poseída,
rondando el aire negro, más valiente por ello;
soñando el mal, he sobrevolado
las casas planas, de luz en luz:
pobre solitaria, con mis doce dedos, enajenada.
Una mujer así no es una mujer, lo sé.
Yo he sido de ésas.

He encontrado las cuevas tibias del bosque,
las he llenado de sartenes, tallas, estantes,
de armarios, sedas, de incontables bienes;
he preparado la cena para los gusanos y los elfos:
llorando, aullando, ordenando lo que estaba mal.
A una mujer así no se la comprende.
Yo he sido de ésas.

He viajado contigo, carretero, saludando
con los brazos desnudos a los pueblos que dejábamos atrás,
aprendiéndome las últimas rutas de la claridad, superviviente
allí donde tus llamas aún muerden mis muslos
y crujen mis costillas bajo la presión de tu carreta.
Una mujer así no se avergüenza de morir.
Yo he sido de ésas.

La balada de la masturbadora solitaria
Al final del asunto siempre es la muerte.
Ella es mi taller. Ojo resbaladizo,
fuera de la tribu de mí misma mi aliento
te echa en falta. Espanto
a los que están presentes. Estoy saciada.
De noche, sola, me caso con la cama.
Dedo a dedo, ahora es mía.
No está tan lejos. Es mi encuentro.
La taño como a una campana. Me detengo
en la glorieta donde solías montarla.
Me hiciste tuya sobre el edredón floreado.
De noche, sola, me caso con la cama.
Toma, por ejemplo, esta noche, amor mío,
en la que cada pareja mezcla
con un revolcón conjunto, debajo, arriba,
el abundante par en espuma y pluma,
hincándose y empujando, cabeza contra cabeza.
De noche, sola, me caso con la cama.
De esta forma escapo de mi cuerpo,
un milagro molesto, ¿Podría poner
en exhibición el mercado de los sueños?
Me despliego. Crucifico.
Mi pequeña ciruela, la llamabas.
De noche, sola, me caso con la cama.
Entonces llegó mi rival de ojos oscuros.
La dama acuática, irguiéndose en la playa,
un piano en la yema de los dedos, vergüenza
en los labios y una voz de flauta.
Entretanto, yo pasé a ser la escoba usada.
De noche, sola, me caso con la cama.
Ella te agarró como una mujer agarra
un vestido de saldo de un estante
y yo me rompí como se rompen una piedra.
Te devuelvo tus libros y tu caña de pescar.
El periódico de hoy dice que se han casado.
De noche, sola, me caso con la cama.
Muchachos y muchachas son uno esta noche.
Se desabotonan blusas. Se bajan cremalleras.
Se quitan zapatos. Apagan la luz.
Las brillantes criaturas están llenas de mentiras.
Se comen mutuamente. Están más que saciadas.
De noche, sola, me caso con la cama.

Para mi amante que regresa con su mujer

Ella está allí, entera.
La han preparado atentamente para ti
Y te la han mandado desde tu infancia.
Te la han mandado desde tus cien edades preferidas.
Ella estuvo siempre allí, cariño.
Ella es, de hecho, exquisita.
Fuegos artificiales en el medio del febrero tan gris
Y tan real como una tetera de hierro.
Seamos sinceros, estuve de paso por tu vida.
Un lujo. Una curva de un rojo brillante en el puerto
Mi pelo flotando como el humo por la ventana del coche.
Como mejillones fuera de la temporada.

Ella es mucho más que esto. Ella es tu tengo que tener
Ella te ha cuidado tu crecimiento práctico, tropical.
Ella no es un experimento. Ella es todo armonía.
Ella cuida los remos y las horquillas de tu bote,
Ha colocado flores en la ventana para el desayuno,
Se sienta en el torno a mediodía,
Parió tres hijos bajo la luna,
Tres querubines dibujados por Miguel Ángel,
Y lo hizo con las piernas abiertas
En los terribles meses en la capilla.

Si miras hacia arriba, los niños están allí
Como globos delicados descansando en el techo.

También llevó a cada uno de ellos por el pasillo
Después de la cena, con sus cabecitas tiernamente bajados
Dos piernecitas protestando,
Su cara enternecida por una canción de cuna y su pequeño sueño.
Te devuelvo tu corazón.
Te doy permiso
Para fundirte en ella, dando embestidas
En el barro, para la zorra que hay en ella
Para enterrar su herida ---
Para enterrar viva a su pequeña herida roja—

Para el aleteo pálido debajo de sus costillas
Para el marinero borracho esperando en su pulso izquierdo,
Para la rodilla de madre, para sus medias,
Para su liguero, para su llamada –
La extraña llamada
Cuando te hundas en su madriguera de brazos y pecho
Y acaricies el lazo anaranjado en su pelo
Contestando a la llamada, la extraña llamada.

Ella está tan desnuda y peculiar
Ella es la suma de ti y tus sueños
Móntala como si montaras a un monumento
Peldaño a peldaño
Ella es sólida.

Mientras yo, yo soy acuarela.
Y me destiño.

Los bombardeos

Nosotros somos América.
Somos los que rellenan los ataúdes.
Somos los tenderos de la muerte.
Los envolvemos como si fuesen coliflores
La bomba se abre como una caja de zapatos.
¿Y el niño?
El niño decididamente no bosteza.
¿Y la mujer?
La mujer lava su corazón.
Se lo han arrancado
y se lo han quemado y como último acto
lo enjuaga en el río.
Este es el mercado de la muerte.

¿Dónde están tus méritos,
América?

Selección de poemas extraídos de la web: Poemas en Inglés:

http://poemaseningles2.blogspot.com/search/label/Anne%20Sexton

Video sobre la vida, obra y suicidio de Anne Sexton. También leyendo su poema: De Ésas (Her Kind).


A fourteen-minute video splitted in two parts where we can see Anne Sexton at home reading, talking about poetry and about her family. Most of the material is showed in public for the first time. Spanish subtitles.

Vídeo de catorce minutos dividido en dos partes. Podemos ver a Anne Sexton recitando en su casa, hablando sobre poesía, sobre su familia...La mayor parte de este material se muestra en público por primera vez. Versión original con subtítulos en español.

Más sobre Anne Sexton en los enlaces siguientes:



Otra web con poesía de Anne Sexton:

http://www.poeticas.com.ar/Directorio/Poetas_miembros/Anne_Sexton.html

Biografía:
http://es.wikipedia.org/wiki/Anne_Sexton

jueves, 30 de junio de 2011

De la película Camille Claudel



De la película Camille Claudel de Bruno Nuytten, 1988. Con la interpretación de Isabelle Adjani como Camille Claudel y Gérard Depardieu como Auguste Rodin.

 La madurez - L'age mur de Camille Claudel

La trinidad del vacío

“Te equivocas al pensar que se trata de ti. Eres escultor Rodin, no una escultura. Deberías saberlo.
Soy la anciana que sólo lleva el tiempo sobre los huesos.
Y, la joven arrodillada que ya no puede hallar su juventud, también soy yo.
Y, el hombre, una vez más, soy yo; y no tú. Le he dado toda mi dureza, a cambio, él me ha legado su vacío. Eso es, tres veces yo; la única trinidad. La trinidad del vacío.”


Texto extraído de la película, cuando Camille Claudel dialoga con su obra: La madurez (L'age Mur). Traducción mía (María Germana Matta).

Más sobre Camille Claudel:
Página web de la escultora:
http://www.camilleclaudel.asso.fr/

Artículo sobre su vida, arte y pasión:

http://martamiraalrededor.lacoctelera.net/post/2009/10/14/amor-arte-y-pasion-13-1-camille-claudel-1864-1943 
 

jueves, 23 de junio de 2011

Mis poemas: Canción para una muchacha colgada de una rama

Imagen: Eaten by love - Mariana Palova



Canción para una muchacha colgada de una rama II



Una muchacha colgada de una rama

el sol dora tibiamente su corazón en off

a cada paso

por el agujero del mundo emerge

la pesadilla de sus guerras sin sentido

y sin embargo nada la conmueve

el mundo como una sombra agonizante

destilando belleza y espanto

que no la tocan

sus brazos mudos

tiritan

el runrún atolondrado de su pena

a la intemperie.



Una muchacha colgada de una rama

desliza su figura de papel descolorido

quizás alguna hoja

acaricie sus invisibles cicatrices

es tan fácil cortar con todo

es tan difícil cortar con todo

ajena

en un latido eterno de ceniza

su corazón se ausenta

y nada la penetra.


María Germana Matta – en Valdepeñas a 23 de junio de 2011

Página web de Mariana Palova:

domingo, 19 de junio de 2011

Carmen Boullosa, poesía

Carmen Boullosa
Carmen Boullosa, poesía

Hay en el aire el retardo de la niebla
Hay en los árboles la tersura de la niebla, la suavidad,
y en el río la pausa de la niebla.

Todo duerme respirando niebla.
El sueño del zorro es suave pausa retardando.
El sueño del lobo es sólo niebla.
La niebla sueña con ríos inmóviles, amedrentados.
El pez no duerme.
El hombre cava al pie de la montaña,
junto a los árboles, cerca del río,
lejos de los caminos, al ritmo suave de la niebla.
Hay en el aire…
El pez no duerme.
El hombre sería alboroto, ventarrón, pero cava en silencio,
obedece a la niebla.
Cava.
Los matorrales bruscos le dan la espalda.
No hay gota de sudor sobre su cuerpo.
La niebla ocupa al momento la tierra desterrada.
El hombre es más de tierra que la tierra,
claro de sal o mansedumbre,
piedra de río a quien menea la niebla, piedra flexible,
serena como es sereno el desierto,
como los bosques de algas,
y como ambos iracundas flechas lentísimas apuntando al forastero
silenciosas
(¿a quién acepta el alga o el desierto?).
El hombre viste niebla.
Lo protege la noche y una vela encendida
donde danzan su muerte los mosquitos festivos.
Lo alumbran los tímidos coyotes.
                                                               
De La delirios (fragmento)

SANGRE
El manuscrito a Emilio Adolfo Westphalen
a Marta Lamas

1
Si ES la luna quien rige las mareas,
¿qué raro astro llama las sangres de nuestros dos ajenos cuerpos?
Es un astro que no podrían ver tus ojos o los míos,
vive oculto por la luna y el sol.
Su materia cruel juega con los signos de sus partículas
Sin temer ponerse en riesgo, estallar, cambiar de forma,
Tornar a pequeñas partes,
Asteroides en otras órbitas
o polvos
disperso polvo viajero.
Un astro absurdo.
Es por él que mi sangre tira hacia la tuya.
Si ésta no tiene inclinación por mí,
entonces has de ser tú quien rige la mía, tú mi luna.
Tú quien gobierna la tendencia.
Por tus venas sin reventar circula esa sensata sorda, tu sangre caliza.

De La delirios (fragmento)

Porque aquí el árbol muere, el huracán se apacigua
Y al humo o a la arena del pecho los matan con dos píldoras.
Aquí los trenes no traquetean
para evitar en todo el recuerdo de la cópula.
Aquí los canales desembocan en una estatua, monumento patrio
que lleva al pie inscrita una letanía
ignorante de la falsedad de los héroes.
Todo se va.
¿Cómo puedo yo abandonarlo, si olvidé el camino y perdí mi barco?
¿Deberé tomar la ruta del beso y coger la cuerda que saca al
              ahogado del pozo, para poder salir?
Empiezo:
tomo un muchacho de un país vecino, me vuelvo mujer, quiero engañarlo
para que me saque de aquí siguiera dos pasos.
El muchacho percibe mi treta y me regresa al pozo.
Yo me quedo tiritando sin el atavío, casi toso sangre, me cubro.
Debo beber del beso, asir la cuerda del ahorcado,
Amarrarla a mis puños, ignorar el poder de mis zapatos, y,
sin dormirme ni un segundo, obedecer la orden del sueño.
De aquí todo sale muerto, embotellado, hecho plástico o gas,
convertido en depósito bancario,
carne empacada, abrigo de piel, zapatos de víbora,
cartera del cruel lagarto de Indias,
mesa tallada de madera preciosa.
Y los salvajes diamantes quedan empotrados
a los anillos de infames, sometidos compromisos.
¡Deberán olvidar la sombra, la pureza de la mina,
El silencio perfecto, la oscuridad!

De La delirios (fragmento)


EL SON DEL ÁNGEL DE LA CIUDAD

1
No oigo lo que tengo que decirles.
La voz que saca de las palabras la chispa del frote, la antesala
del fuego, no se presenta.
Estoy sorda. Siento en la carne el dardo del llanto de la triste
      langosta canadiense,
chilla cuando han de matarla.
El animal ha venido aquí sólo a perseguir su muerte.
Ésta es la hora del banquete.
Aquí se lo comen todo,
degluten al mango roto en trozos,
a los cocos cortados y las papayas partidas,
al comote y la sandía,
al perro desollado
y a los toros completos, menos dientes y huesos, que serán gelatina.
Ahora mismo tragan el mugido,
se lo están manducando.
Falleciendo, la gorda langosta chilla, tartamudeando la
         inutilidad de su caparazón, y su lenta gordura.
No escucho las palabras que quiero confiarles.
Razono:
no podrán escucharlas, y por eso no aparecen.
Quiero decirlas para ustedes, aunque sea imposible.
No las oirán, porque me dieron dos días para morir en un
     puerto de lagos que era el centro, el ombligo del mundo,
y en uno tercero, cuando resucitaron en una ciudad fincada
     sobre el agua, el pago de mi regreso a los hombres fue un
      día cuarto en el que recibí de regalo, otra vez, mi muerte.
Viernes y sábado muerta estuve, como el cristo, y el
     domingo caminé entre las personas, sólo para regresar
     a una muerte más terrible, sin ascensión ni tumba,
y ya no se veían entonces el Popo y el Izta, ni la cordillera
     del Ajusto, ni el Cerro de la Estrella cuidando los bordes
     luminosos del valle.

No oigo lo que tengo que decirles.
Levanto lo que digo de entre las ramas secas y la arena,
     porque lo necesito.
¿Gané yo mi muerte? Pagué yo por ella hasta el último centavo?
¿Fui áspera, fui ruda, fui horrible,
o mi rostro se llenó de cabezas de víboras?
De la falda de mi nana brincaron a la cara,
y fueron las dos garras de ella quienes acariciaron mi torso.
¿Qué apareció en mi espalda que desplazó el aditamento del vuelo?
¿Qué hubo en mí para cambiarme de aquel ángel que fui en
     un pájaro negro y mudo?
Caí más ásperamente que Ícaro.
Antes volé entre las nubes y el cielo.
Rozaron las plantas de mis pies la húmeda alfombra blanca
y conversé con las estrellas de tú a tú;
desnuda mil veces, allá en el cielo, me sostuve:
de pronto fue masa pesada mi cuerpo, pero una masa
     injusta porque yo seguía sin ropas: yo deseaba y aún
     ardiendo me cubrieron de un saco estrecho de plumas,
     me otorgaron la faja metálica de un pico y un canto,
     cuando yo había tomado el sitio del aliento,
me forzaron al potro inclemente de la forma,
y desparramaron las piedras talladas que hacían los altos templos
y vaciaron en ríos y lagos la sangre de las venas de los míos,
dejando una larga columna
arriba de la cual me plantaron, inmóvil, dorada, toda ojos.

De La bebida (fragmento)


Los poemas elegidos pertenecen al libro: CASA DE LUCIÉRNAGAS - Antología de de poetas hispanoamericanos de hoy – autor MARIO CAMPAÑA – Editorial Bruguera – Edición 2007


Más información:

Biografía : 

Entrevista a Carmen Boullosa:

Poesía de Carmen Boullosa en A media voz:

El Ojo Crítico, tertulia de Radio Nacional de España con Carmen Boullosa:
http://www.rtve.es/alacarta/audios/radio/tertulia-con-autora-complot-los-romanticos-ojo-critico/413973/ 







domingo, 12 de junio de 2011

Mis poemas: Intuición


Camino árido - Remedios Varo

Intuición


He alisado tu pensamiento
de mañanas frescas
con hebras de mandarina
guiado
tu mano lacia de melancolía
hacia la ruta
del aliento.
He descifrado tus claves
con ternura
¿cómo disolver los pensamientos que te afligen?
por tu reloj de horas moribundas
pasea la angustia
arremetiendo
con asteriscos de viento helado.
Tus ojos sonámbulos de nudos
se visten de intuición
para combatir las tinieblas
en el alba
todo grito está teñido
de un gran silencio
un espasmo
donde la caída se amortigua.
Tu cuerpo de naufrago
exige una señal
la señal de todos.


María Germaná Matta - En Valdepeñas, a 28 de mayo de 2011

sábado, 4 de junio de 2011

Mis poemas: Felicidad

Flores de Shirley Novak

Felicidad

La felicidad es una curva
clandestina
emite
ondas electromagnéticas
babea el corazón
se acerca
y baila con tobillos
de zigzag
se escuchan risas
ciertas noches
de luna ingenua
desde alguna orilla
se oculta 
a veces creo
que la he soñado
sigo el olor de su curva
efímera
la presiento
es tan escurridiza.

María Germaná Matta