martes, 24 de enero de 2012

Carson McCullers - El orfanato

Carson McCuller vista por Jill Thompson


El orfanato
Carson McCullers

Definido como “un ejercicio…, pero algo asombroso para alguien tan joven” por su hermana Margarita G. Smith al editar The Mortgaged Heart, donde apareció por primera vez, “El orfanato” –otra estampa estática y desoladora donde puede inferirse que la narradora sin nombre es, de nuevo McCullers utiliza por primera vez –como lo haría al final de La balada del café triste y en su ensayo/credo “El sueño que florece (Notas sobre la escritura)”- ese recurso telescópico donde ella se ubica para contemplar; con cierta envidia, a todos los demás (a esos niños que juegan fuera, todos juntos) desde la soledad de su vida y de su oficio. (Rodrigo Fresán).

Cómo el Hogar llegó a asociarse con el frasco siniestro pertenece a la lógica fluida de la infancia, porque al comienzo de este episodio yo no debía de tener más allá de siete años. Pero el Hogar, residencia de los huérfanos de nuestra ciudad, quizás fuese en parte responsable debido a su misteriosa fealdad. Era un edificio grande, con techo de dos aguas, pintado de un color verde negruzco, que tenía delante un patio cuidadosamente barrido y totalmente vacío con la excepción de dos magnolios. En el patio, rodeado por una verja de de hierro forjado, se veía muy pocas veces a los huérfanos cuando te detenías en la acera para mirar dentro. El patio de atrás, por otro lado, fue para mí durante mucho tiempo un lugar secreto; el Hogar estaba en una esquina, y una alta valla de tablas ocultaba lo que sucedía dentro, pero cuando se pasaba por allí se oía el sonido de voces y en ocasiones el ruido de algo semejante a metales entrechocados. El secreto y los ruidos misteriosos me asustaban mucho. En el camino a casa desde la calle principal del pueblo pasaba a menudo por delante del Hogar con mi abuela, y ahora, en el recuerdo, tengo la sensación de que siempre lo hacíamos al atardecer y en invierno. Los sonidos de detrás de la valla de madera parecían teñidos de amenazas en la luz que se desvanecía, y la puerta de la verja delantera estaba increíblemente fría cuando se la tocaba. La melancolía del patio sin hierba e incluso el resplandor de luces amarillas detrás de ventanas estrechas parecía de algún modo corresponderse con la terrible información que por aquel entonces llegó a mis oídos.
Mi confidente fue una niña llamada Hattie, que debía de tener nueve o diez años. No recuerdo su apellido, pero haya algunos otros datos sobre la tal Hattie que son inolvidables. Para empezar me dijo que George Washington era tío suyo. En otra ocasión me explicó lo que hacía negros a los negros. Si una chica, me dijo, besaba aun chico, se convertía en una persona de color y, cuando se casaba, sus hijos también eran negros. Solo los hermanos eran la excepción a aquella regla. Hattie era pequeña para su edad y dentad, de cabellos rubios grasientos que se sujetaba en la nuca con un pasador enjoyado. Se me había prohibido jugar con ella, quizá porque mi abuela o mis padres advertían un elemento malsano en aquella relación; si mi suposición es correcta, estaban por completo en lo cierto. Yo había besado en una ocasión a Tit, que era mi mejor amigo pero sólo primo segundo, de manera que día a día me iba convirtiendo lentamente en una persona de color. Era verano y día a día me ponía más morena. Quizá confiaba en que Hattie, después de haberme revelado aquella terrible transformación, tuviera e algún modo el poder de detenerla. En el doble cautiverio de la culpa y del miedo, yo la seguía por todo el barrio y ella me pedía a menudo monedad de cinco y diez centavos.
Los recuerdos infantiles poseen una extraña cualidad volandera, y zonas de oscuridad rodean los espacios de luz. Los recuerdos de infancia son como velas encendidas en una hectárea de oscuridad, e iluminan escenas inmóviles, separándolas de la negrura circundante. No recuerdo dónde vivía Hattie, pero en cambio un corredor y una habitación de su casa poseen una nitidez asombrosa. Ni tampoco sé cómo sucedió que fui a aquella habitación, pero lo cierto es que estuve allí con Hattie y con mi primo, Tit. Era a última hora de la tarde y la habitación no estaba del todo oscura. Hattie llevaba un vestido indio, con una cinta para el pelo de brillantes plumas rojas y nos había preguntado si sabíamos de dónde venían los bebés. Las plumas indias de su cinta, por alguna razón, me daban miedo.
-Crecen dentro de las señoras –dijo Tit.
-Si juráis que nunca se lo diréis a ningún ser vivo, os enseñare una cosa.
Debimos de jurar comos pedía, aunque recuerdo cierta desconfianza y el temor a nuevas revelaciones. Hattie se subió a una silla y bajó algo de la estantería de un armario. Era un frasco, con una cosa extraña y roja dentro.
-¿Sabéis qué es esto? –preguntó.
Lo que había dentro del frasco no se parecía a nada que yo hubiera visto antes. Fue Tit quien preguntó:
-¿Qué es?
Hattie esperó y en su rostro, debajo de la hilera de plumas, apareció una expresión astuta. Al cabo de unos momentos de suspense, dijo:
-Es un bebé muerto y escabechado.
El silencio en la habitación era completo. Tit y yo nos miramos de reojo horrorizados. No tuve valor para mirar de nuevo, pero Tit contemplaba el frasco con aterrada fascinación.
-¿De quién? –preguntó por fin en voz baja.
-Fíjate en la cabecita roja con la boca. Y las piernecitas rojas, aplastadas debajo. Mi hermano lo trajo a casa cuando estudiaba para ser boticario.
Tit extendió un dedo y tocó el frasco; después se puso la mano detrás de la espalda. Y volvió a preguntar, esta vez nada más que un susurro:
¿De quién? ¿El bebé de quién?
-Era huérfano –dijo Hattie.
Recuerdo el ruido levísimo de nuestros pasos mientras salíamos de puntillas del cuarto, recuerdo que el corredor estaba oscuro y que al final había una cortina. Ése, por suerte, es mi último recuerdo de la tal Hattie. Pero el huérfano escabechado me obsesionó durante algún tiempo; una vez soñé que la Cosa había salido del frasco y deambulaba por el orfanato y yo estaba encerrada dentro y estaba buscando… ¿Me creí que en aquella casa melancólica, con tejado de dos aguas, había estantería llenas de aquellos frascos sobrecogedores? Probablemente sí…, y no. Porque el niño distingue dos capas de realidad: la del mundo, que se acepta como una inmensa confabulación de todos los adultos; y la no reconocida, la escondida y secreta, la profunda. En cualquier caso, seguí yendo muy pegada a mi abuela cuando, a última hora de la tarde, pasábamos junto al Hogar, al volver del centro. Por aquel entonces yo no conocía a ninguno de los huérfanos, dado que iban a la escuela de la calle Tercera.
Tuvieron que pasar varios años antes de que dos sucesos me hicieran entrar en contacto directo con el Hogar. Para entonces me consideraba una chica mayor, y había pasado por delante miles  de veces, ya fuese a pie, con patines o en bicicleta. El terror había disminuido hasta convertirse en algo así como una peculiar fascinación. Siempre miraba fijamente el edificio al pasar y a veces  veía a los huérfanos que caminaban en formación, aunque con lentitud dominical, hacia la catequesis y los servicios después, los dos huérfanos de mayor tamaño delante y los dos más pequeños al final. Tenía unos once años cuando se produjeron cambios que me acercaron más como espectadora y abrieron una inesperada dimensión novelesca. En primer lugar, a mi abuela la hicieron miembro del Consejo del Orfanato. Eso sucedió en otoño. Luego, al comienzo del trimestre de primavera, los huérfanos se trasladaron al instituto de la calle Diecisiete, al que también iba yo, y tres de ellos estaban conmigo en sexto grado. El traslado se hizo debido a un cambio en los límites de los distritos escolares. A mi abuela la eligieron porque le gustaban los consejos, los comités y las reuniones de asociaciones, y porque  había fallecido por entonces un anterior miembro del Consejo del Orfanato.
Mi abuela visitaba el Hogar una vez al mes, aproximadamente, y la acompañe en su segunda visita. Era el mejor momento de la semana, un viernes por la tarde, con la amplitud que daba a aquellas horas la proximidad del fin de semana. La tarde era fría y el sol del crepúsculo provocaba violentos reflejos en los cristales de las ventanas. Dentro, el Hogar era muy distinto de la que había imaginado. El amplio vestíbulo estaba prácticamente vació y en la s habitaciones no había cortinas, ni alfombras, ni apenas muebles. El  calor procedía sólo de estufas en el comedor y en la sala común, junto al salón principal. La señora Wesley, la directora del Hogar, era una mujer grande, bastante dura de oído, que mantenía la boca ligeramente abierta cuando conversaba con personas importantes. Siempre parecía faltarle el aliento, y hablaba con acento nasal y voz plácida. Mi abuela había llevado algo de ropa (la señora Wesley lo llamaba prendas), donada por las diferentes iglesias de la ciudad y las dos se encerraron para cambiar impresiones en el frío salón principal. A mí me confiaron a los cuidados de una chica de mi misma edad, llamada Susie, y salimos de inmediato al patio de atrás, el que estaba rodeado por la valla de madera.
Aquella primera visita me resultó incómoda. Chicas de todas las edades jugaban a cosas distintas. Había en el patio una tabla flexible sobre dos soportes que permitía dar saltos, una barra fija y un juego de tejo dibujado en el suelo. La confusión me hizo ver aquel patio lleno de niños como un todo en completo desorden. Una niñita se me acercó para preguntarme quién era mi padre. Y, como tardaba en contestarle, dijo:
-El mío era vigilante de la vía del ferrocarril.
Luego corrió a la barra fija y se colgó de las rodillas: el pelo le cayó recto desde la cara, muy encarnada, y debajo de la falda llevaba unos pololos marrones de algodón.

Traducción de: José Luis López Muñoz

Este cuento pertenece al libro:
El aliento del cielo
Autor: Carson McCullers
Editorial: Seix Barral Biblioteca Fomentor
Con prólogo y comentarios de: Rodrigo Fresán

En la Web:
Biografía:
Caricatura extraída de la web:


sábado, 21 de enero de 2012

Etta James - It's a Man's Man's World



El día de ayer, 20 de Enero de 2012 murió ésta formidable cantante de soul, rhythm y blues americana. Aquí  los dejo con ésta emblemática canción.



Etta James – En un mundo de hombres, hombres, hombres


Se trata de un mundo de hombres, se trata de un mundo de hombres 
Pero no sería, no sería nada
nada sin una mujer o una chica

Lo ves, el hombre construyó coches para llevarnos por el camino
El hombre construyó trenes para transportar la carga pesada
 
El hombre hace la luz eléctrica para sacarnos de la oscuridad
 
El hombre construyó el barco para el agua como Noé construyó el arca

Se trata de un mundo de hombres, hombres
 
Pero no sería nada
 
Sin una mujer, una mujer o una chica
 

Ahora escucha:
El hombre piensa en las nenitas y en los muchachitos
El hombre los hace felices porque el hombre, el hombre los convierte en su juguete
Y después que el hombre les ha hecho de todo, todo, todo lo que puede
Sabes que el hombre hace dinero para comprar a otro hombre

Se trata de un mundo de hombres, hombres
 
Pero no sería nada
 
Sin una mujer, una mujer o una chica
 

Le dije: Él está perdido, perdido en el mundo del hombre, oh sí
Y está perdido, perdido en la amargura
Se trata de hombres, se trata de un mundo de hombres, oh sí
Se trata de un mundo de hombres

Se trata del hombre, el hombre, en un mundo de hombres
 
Ah, pero no sería nada sin una mujer o una chica
 
Le dije sería, no sería nada, nada, nada, nada
 
Sin una mujer, nada sin una mujer o una chica
 

Se trata de un mundo de hombres, se trata de hombres, se trata de un mundo de hombres
 
Lo sé, sabes que se trata de un mundo de hombres
 

Se trata de hombres, un mundo de hombres
 
Pero no sería nada, nada sin una mujer o una chica
 
Sin una mujer o una chica
 
Se trata, se trata, se trata del hombre, en un mundo de hombres

(Traducción al español mía)

Etta James - It's A Man's Man's Man's World


This is a man's world, this is a man's world
But it wouldn't, it wouldn't be nothing
Nothing without a woman or a girl


You see, man made the cars to take us over the road
Man made the trains to carry the heavy load
Man makes the electric lights to take us out of the dark
Man made the boat for the water like Noah made the ark


This is a man's, a man's world
But it wouldn't be nothing
Without a woman, a woman or a girl


Now listen
Man thinks about little bitty baby girls and baby boys
Man makes them happy 'cause man, he makes them toys
And after man has made everything, everything, everything he can
You know that man makes money to buy from other man


But this is a man, a man's world
But it wouldn't be nothing, nothing
Without a woman or a girl


I said, "He's lost, lost in the world of a man, oh yeah"
And he's lost, lost in bitterness
This is a man, this is a man's world, oh yeah
This is a man's world


This is a man, man, a man's world
Oh, but it would be nothing without a woman or girl
I said it would be, it would be nothing, nothing, nothing, nothing
Without a woman, nothing without a woman or a girl


This is a man's world, this is a man's, this is a man's world
I know, you know it this is a man`s world


This is a man's, a man's world
But it would be nothing, nothing without a woman or girl
Without a woman or girl
This is, this is, this is a man, a man's world.

viernes, 20 de enero de 2012

Mis poemas: Hermandad

Costureras - Tarsila do Amaral

Hermandad

Caminamos
con la duda a cuestas
la vida transita
y el corazón se agita
inmenso es el sendero
donde afloran
nuestros sueños
éstos se desvanecen
mientras reñimos
en el sendero exiguo de la existencia.


A solas
con los ojos en off
el corazón hace alarde
de su desdicha
a veces resplandece
el recuerdo certero de alguna sonrisa
y el cosquilleo
donde vibra la sorpresa
si desnudamos nuestros rostros
y unimos nuevos rostros
la  estela genuina de la ternura
nos irradia.

Mis poemas: María Germaná Matta - En Valdepeñas, a 20 de enero de 2012
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miércoles, 28 de diciembre de 2011

Tamara Kamenszain, poesía

Sybil Gibson - Dancer at Rest

Tamara Kamenszain - Buenos Aires, 1947, poeta y ensayista.

Otra vez en el bar de las mujeres
me tomo la copa del olvido.
"El tango es macho"
cantan mis amigas
pero según el tango
ellas son musas tristes
o se ven
como muñecas marchitas
de vodevil.
Y a juzgar por mí
(¡tan olvidada de mí!)
no sé si nosotras ahora
formamos una orquesta
de señoritas
o si son ellos muchachos de antes
los que ahora tocan de oído
nuestro repertorio
mientras nosotras
antes también pero de apurar la copa
ya entonábamos mal.

****************************************************
 1

Sentada al borde de la memoria de ella
me archivo como puedo en ese olvido que la trabaja
entre nosotras las palabras se acortan
ella no habla yo dejo de decir lo que decía
la dejo que no diga para no avergonzarla
juntas vamos armando un presente que no dura
en ese instante precoz mi madre se queda sola
porque yo como los tontos elijo seguir de largo
creo que a futuro todo me espera
mientras nadie a ella le da esperanzas
así separadas nos vamos juntando
la que oyó mi nacimiento me sienta en el borde
para hacerme escuchar por ella el anticipo de su muerte
vienen y van nuestros pasados compartidos
van y vienen nuestros futuros distanciándose
ella no sabe lo que yo no sé me pregunta ¿yo qué hago?
le contesto comé vestite dormí caminá sentate
el chirrido de su robot le hace caso por hoy
a ese minimalismo que habrá que reprogramar mañana.

****************************************************


"¿Sucederá que vea
extenderse el desierto
hasta que también le falte
la caridad feroz de los recuerdos?"
se pregunta Ungaretti en El cuaderno del viejo
mientras mi vieja se aleja encorvada
hacia el desierto público de su desmemoria
desde la cabecera de la cama doble la interrogan dos retratos
pero ella no encuentra la contraseña
quiero guiarla pero se le suelta la lengua
es tu mamá es tu papá
¿te acordás cómo se llamaban?
Avanza protegida por lo que no dice su amnesia
y me pierde a mí en otro idioma
nos encuentran sueltas nuestras maternidades adoptivas
soy ahora por ella la hija que crece sin remedio
para dejarla decrecer tranquila entre mis brazos
así juntas nos vamos separando
trabajamos hasta el borde un abismo de sonrisas
porque hay otras fotos
y ella bien puede no acordarse de mí pero no importa
entre mi nacimiento y su muerte la de la alegría fotogénica
ésa que me legó generosamente un parecido
todavía está viva y nada le impide
seguir siendo mi madre.
****************************************************
 Soy la okupa de mi propia casa
desde que la propiedad se fue de mí
ya no tengo escritura y como en los sueños
la puerta de entrada me espera afuera
para que todo empiece de nuevo
atravieso de canto esa hospitalidad
atrás de los cuadros debajo de los muebles
se aquerencia un techo nuevo
donde hubo hogar quedan fotogramas
vos tú él el hombre con la cama doble
mudado por el cuarto a la deriva paso a paso
los libros del living lo siguen arrastrados
en un maletín que se desfonda y es en el baño
donde la mochila ruge por última vez.
Hablo de un inodoro que nos traga lejos
hasta otras casas.

Más de Tamara Kamenszain: 

Biografía:


Entrevista a Tamara Kamenszain en página 12:

martes, 27 de diciembre de 2011

Nina Simone: Four Women

https://youtu.be/EWWqx_Keo1U?si=8y3p9ZAPSKFYKMMW


Está canción me la envió una de mis queridas amigas, Verónica, es una de las canciones que siempre suelo escuchar.
Nina Simone nos habla de cuatro tipos de mujeres, de aquellas que soportan el peso del mundo. Según dicen la primera canción feminista negra.

Nina Simone Four Women Versión en español:

Mi piel es negra
Mis brazos son largos
Mi pelo es lanoso
Mi espalda es fuerte
Lo suficientemente fuerte para soportar el dolor
Infligido una y otra vez
¿Cómo me llaman?
Mi nombre es tía Sarah
Mi nombre es tía Sarah
Tía Sarah

Mi piel es amarilla
Mi pelo es largo
A dos mundos
Pertenezco
Mi padre era rico y blanco
Una noche forzó a mi madre
¿Cómo me llaman?
Mi nombre es Saffronia
Mi nombre es Saffronia

Mi piel es oscura
Mi pelo es fino
Mis caderas te invitan
Mi boca es como el vino
La pequeña que soy ¿De quién es?
De cualquiera que la pueda comprar
¿Cómo me llaman?
Mi nombre es Cosa Dulce
Mi nombre es Cosa Dulce

Mi piel es morena
Y dura mi manera de ser
Mataré a la primera madre que vea
Mi vida ha sido difícil
Estos días me siento terriblemente amargada
Porque mis padres fueron esclavos
¿Cómo me llaman?
Mi nombre es MELOCOTONES

Letra original:

My skin is black
My arms are long
My hair is woolly
My back is strong
Strong enough to take the pain
Inflicted again and again
What do they call me
My name is Aunt Sarah
My name is Aunt Sarah
Aunt Sarah

My skin is yellow
My hair is long
Between two worlds
I do belong
My father was rich and white
He forced my mother late one night
What do they call me
My name is Saffronia
My name is Saffronia

My skin is tan
My hair is fine
My hips invite you
My mouth like wine
Whose little girl am I?
Anyone who has money to buy
What do they call me
My name is Sweet Thing
My name is Sweet Thing

My skin is brown
And my manner is tough
I'll kill the first mother I see
My life has to been rough
I'm awfully bitter these days
Because my parents were slaves
What do they call me
My name is PEACHES

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Luzmaría Jiménez Faro, poesía

Lucian Freud - Triple portrait



Mujer sin alcuza

Esta mujer no avanza por la acera
de esta ciudad.
Esta mujer va por un campo yerto.
(Dámaso Alonso)

La mujer deja la alcuza sobre su soledad.
Observa
la ciudad nocturna con sus negras pupilas
donde habitan, furiosos, sólo pájaros ciegos.
Mira las luces de neón, su colorido
de acompasado parpadeo y respira
el turbio aroma de las calles flageladas de lluvia.
La mujer ha doblado su chal. De pie, junto al espejo
se coloca su nuevo vestuario de colores. Con sus manos
espectrales pone flores y plumas en su triste cabeza
carcomida de horas. Lentamente, en su rito, completa
su disfraz con guantes y zapatos de Dra. Queen.
No oye, no habla, no se ríe.
Desprende un viento frío de orfandades
y un hálito de flores derrotadas.
Esta mujer, viajera de lo inmóvil,
Jamás descansa en estación alguna.
Puede tardar, más llega a su destino,
a su espacio de tránsito, puntual y sedienta.
La mujer prepara su maleta:
para este nuevo viaje nada puede olvidar.
Como joyas maléficas va guardando cuidadosamente,
la coca, el éxtasis, el sida, la heroína.
Un nuevo álbum de fotos y una lista.
Esta mujer de paso leve y actitud sombría
irá hacia la noche
y entre una multitud ebria de luces y de sombras,
ebria de música, cumplirá cual verdugo su destino.

De "Mujer sin alcuza" 2005


Mi madre cumple cien años

Dice mi madre que hace varias noches
una mujer se sienta al borde de su cama.
Sobre el oscuro traje, tal vez de terciopelo,
sus dos manos parecen dos palomas inválidas.
Mi madre me pregunta si puede ser la muerte.
Dice que no es mi abuela ni alguna de mis tías.
Que no la ha visto nunca...
Y yo procuro hablarle cosas divertidas.
Dime: ¿Tú crees que ella me busca?
Pues mira, madre, en el Jerte
han florecido todos los cerezos.
Pero la mirada de mi madre
esta cubierta por alas de penumbra.
Los álamos tan altos de la casa
echan sus hojas nuevas, madre.
El único prodigio que tenemos es la vida.
Yo la he gastado toda.
Por eso te pregunto si esa mujer de negro,
oscuramente inmóvil podría ser la muerte
nos miramos. Miro para otro lado.
Dentro del pecho siento el hielo de la tarde.


Poeta y editora madrileña, nacida en 1937.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Reina María Rodríguez, poesía

Fotografía de Egor Shapovalov


A Cheli
no la toquen
no la saquen de su sueño
es humo blando y material.
si lo traspasas comprenderás que su manera de estar
no nos pertenece.
De Cuando una mujer no duerme

Ellas escriben cartas de amor
escriben hasta que se apague la luz
hasta que se acabe la llamita.
escriben en los baños          en       las oficinas
escondidas de los maestros y de las ratas.
escriben todavía sin descanso
para echar en el fondo de los baúles
cositas muertas              las letras pegadas al papel
la sofisticación de las palabras
que quisieron hacer
alguna travesía nunca exacta.
ellas escriben cartas de amor con preámbulos
papelitos puestos una y otra vez
de manera diferente.
lanzados desde el globo de la astucia
desde el hospital           desde el castillo
donde aparecen los sueños que no pudieron asirse.
con tanto temor como bajar de un pedestal húmedo
sonámbulas ellas escriben
sin otra técnica que un corazón ligeramente
                corrompido
por las feroces garras de los años
por la tinta azul petrificada en las noches de espera
Ellas escriben para convencer a alguien
para convencer a una sola persona
que tal vez no ha venido
o se ha perdido definitivamente
entre la multitud
De En la arena de Padua

Reina María Rodríguez (Cuba, La Habana 1952)



Más poemas en:
http://amediavoz.com/rodriguezReina.htm