martes, 12 de noviembre de 2013

Julieta Gamboa - Muñecas

Jan Svankmajer - Alicia
Muñecas

Que se llame como tú;

ésta tiene la forma de tus ojos,

tal vez llegue a parecerse a ti.

De niña seguía algunos rituales

que se iban convirtiendo en reflejos.

Tenía una muñeca para cuidarla,

para ponerle un nombre.

Había un efecto extraño en el acto de mecerla,

cambiarle la ropa, darle de comer;

un cuerpo de niña ensayando una maternidad prematura;

una niña madre que buscaba en ese plástico algo vivo.

La muñeca aparecía días después con una pierna desprendida,

la ropa sucia, olvidada en el lodo.

Exhibía en su cuerpo rígido todo el desamparo.

En ese momento asomó mi falta de oficio

para dejar esa clase de huellas.

Decliné la intimidad de hospedar a un ser

que sorbiera mis líquidos vitales.

Mi madre telegrafiaba con su mirada un desastre,

profetizaba la ruina de mi cuerpo,

alejado del ciclo de los mamíferos.

Parece que no sabré de qué estoy hecha

hasta sentir el dolor del parto

en todas mis células;

que nada se compara con esa soledad

de no saber lo que es verter mi sangre,

mirar mi sangre en otra sangre,

mis ojos en otros ojos.

Parece que mi cuerpo, esa máquina,

me pedirá un ser unido a mí,

una ventosa necesitada de calor.

Nuestra vida se llena entre nacer y multiplicarnos.

Somos seres gregarios,

emparentados por la misma cadena de sustancias,

Hay que continuar el mapa,

el palimpsesto familiar para no perdernos,

El juego repetido de parir muñecas

acabó con mi instinto de desear esa presencia

nadando en la seguridad del líquido,

de contraer mi estómago para hacerle un espacio.

Otras cosas me ataron a este mundo,

más allá del timbre de un llanto

todas las noches,

de la emoción de llenar los álbumes de fotos

o extrañar las partículas de alguien

pegadas a mi cuerpo hasta la mimesis.


Julieta Gamboa - De Taxonomía de un cuerpo
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4 comentarios:

Ana Muela Sopeña dijo...

Muy interesante esta poeta mexicana, María.

Besos
Ana

Amanda Budhatt dijo...

Primera vez que leo este poema, deja una sensación familiar, un desorden que ya es orden y no caos como el que ella refleja en la metáfora de la muñeca el deber de continuar algo impuesto...Solo vinimos a parir a este mundo?... Tal vez si, quizás no necesariamente humanos , ni muñecos, también parimos nuestra propia miseria... Bellas letras Soledad... Un gusto.

Maria Germaná Matta dijo...

Ana,

Sí, es para leerla detenidamente.
Un abrazo

Maria Germaná Matta dijo...

Amanda,
Imposible permanecer indiferente a un poema como "Muñecas", la conducta aprendida con la que nos educan y las interrogantes que se abren cuando se comienza a crecer. Tantas emociones y miedos.
Y como bien dices crecer significa parir nuestras propias miserias.
Un abrazo