sábado, 19 de marzo de 2016

Blanca Varela - Último poema de junio

 Fotografía de Antonio Mora

Último poema de junio



Pienso en esa flor que se enciende en mi cuerpo. La
hermosa, la violenta flor del ridículo. Pétalo de carne [y
                            [hueso. ¿Pétalos? ¿Flores?
                            [Preciosismobienvestido,
                            [muertodehambre, vaderretro.

Se trata simplemente de heridas congénitas y
                            [felizmente mortales.

Luz alta. Bermellón súbito bajo el que despiertas
de pie, caminando a ninguna parte. Pies, absurdas
criaturas sin ojos. No se parecen sino a otros pies.
Y además estas manos y estos dientes, para mostrar-
los estúpidamente sin haber aprendido nada de ellos.

Y encima de todo y todas las cosas, sobre tu propia
cabeza, la aterciopelada corona del escarnio: un som-
brero de fiesta, inglés y alto, listo para saludar lo
invisible.

Rojos, divinos, celestes rojos de mi sangre y de mi
corazón. Siena, cadmio, magenta, púrpuras, carmi-
nes, cinabrios. Peligrosos, envenenados círculos de
fuego irreconciliable.

¿Adónde te conducen? ¿A la vida o a la muerte?
¿Al único sueño?
La flor de sangre sobre el sombrero de fiesta (inglés
y alto) es una falsa noticia.

Revelación. Soy tu hija, tu agónica niña, flamante
y negra como una aguja que atraviesa un collar de
ojos recién abiertos. Todos míos, todos ciegos, todos
creados en un abrir y cerrar de ojos.

El dolor es una maravillosa cerradura.

Arte negra: mirar sin ser visto a quien nos mira
mirar.

Arte blanca: cerrar los ojos y vernos.

Ver: cerrar los ojos.

Abrir los ojos: dormir.

Facilidades de la noche y de la palabra. Obscenidades
de la luz y del tiempo.

Y así, la flor que fue grande y violenta se deshoja y
el otoño es una torpe caricia que mutila el rostro
más amado.

Fuera, fuera ojos, nariz y boca. Y en polvo te con-
viertes y, a veces, en imprudente y oscuro recuerdo.

Dulce animal, tiernísima bestia que te repliegas en
el olvido para asaltarme siempre. Eres la esfinge
que finge, que sueña en voz alta, que me despierta.


(1993)

Más

jueves, 17 de marzo de 2016

Cecilia Podesta - Canción de amor de María

Fotografía de Esteban Leyton

Canción de amor de María

(de Oraciones, canciones y maldiciones de mujeres impuras)



Los hombres que me amaron saben de la facilidad que tengo
para destruir una mañana.


Saben que duermo con la boca abierta
Despidiendo hasta la última luz que intenté robar de sus cuerpos
Y que poco obtuve.


Los hombres que me amaron saben como es el hilo mi llanto
y el terco caer de mi baba
lo escucharon al dejarme
y algunas veces y como una maldición
quizá los descubre intentando la nostalgia vana
y pueden volver a oírlo como una canción errante
y volver a amarme y dejarme
con la misma facilidad con la que abren los ojos
para convertirme en una pieza frágil en su memoria.


ellos saben que regreso a las viejas ciudades que destruimos juntos
buscando el dolor que dejaron como cosas viejas
para que alguna vez se hallen con sorpresa
en nuestra vieja fabula
mudada a un poema tan absurdo como este.



Y saben tanto y tan poco de mi risa
también de las promesas de mi boca
de mi danza obscena y desesperada
de las construcciones edificadas sobre sus frágiles espaldas
y de los proyectos imposibles
convertidos en hermosos laberintos
entre los que fui perdiendo la razón
y perdiéndome yo
sin atarme al hilo que desprendía de sus ropas
y que podía conducirme a la salida.


Ellos saben que mis ojos no ocultan mi destino
y que he buscado inútilmente el amor en cada uno de sus cuerpos
como si fueran cajas cerradas conteniendo la molicie
de mis construcciones
o el absoluto amor ofrecido a alguien cuyos ojos eran calmos
(distintos a los míos)
alguien que guardaba en su pecho un corazón verdadero
y que no latía terco, amargo y desesperado.


Tuvieron la seguridad desde la primera vez que me desearon,
que me tendrían
que los amaría sin detenerme a pesar del rechazo
y que serían una intensa fábula
condenada desde su inicio a convertirse en tristeza solamente.
yo supe que jamás me elegirían,
siempre tuve la absoluta certeza de que los recordaría
y escribiría sobre ellos sintiéndome sabia, sola y loca
sentada sobre una silla de patas vacilantes
y arrojándolos
junto a sus nombres
al abismo escrito que toma ya de sus formas.


Y es que nunca mintieron
porque cada vez que los tuve,
cada vez que los amé deseando el cielo y gritando,
cada vez que dormí como una presa mansa,
tan desprevenida de sus ojos,
abrazada
y exhausta por ellos,
cada vez que los vi tan desnudos
con la vaga luz jugando a hacer sombras sobre sus cuerpos,
cada vez...

cada vez supe que me dejarían porque siempre pudieron oler mi cabeza.


mi cabello nunca cubrió por completo la locura que presintieron
y que nos envolvía como una neblina nauseabunda
que salía de la carne fermentada de mi cabeza
e invadía y detenía el amor como si imantara las agujas de un reloj.


Mi cuerpo nunca escondió o apresó por completo el animal insano
Y cruelmente sincero
que habita dentro y lo invade
y que habla conmigo como si estuviera vivo.
mis ojos jamás tuvieron el pudor de ocultar mi sentencia.
Y a pesar de eso,
ellos, los hombres que me amaron
dirían que soy una mujer intensa
pero la verdad es que hoy he tenido la certeza de mi locura
en el deseo de cortar mi cabeza adormecida,
o dormir al animal insano de mi cuerpo
para no saber de la sentencia que se lee en mis ojos
sin pudor alguno.
Y es que ya no soy una mujer intensa
Y esos, los hombres que nombro son sólo otra fábula
de los que tocaron mi luz como a una flama
y quemaron sus dedos
desterrándome fugazmente de sus extraños reinos
y haciendo de mí
la carne vencida que se incendia
o el humo que se escribe alrededor de la ceniza
y que es la ceniza sino el presagio de mis ojos en el espejo:
y que son mis ojos sino mi destino escrito y la sentencia:
y cual es la sentencia de esta mujer que escribe sobre el amor
como un cansado error que se reitera sino la inevitable soledad .

y donde están ahora los que me desterraron
porque tuvieron miedo de mi locura y de mi amor
sino escondidos en estas líneas vanas
conservados como viejas canciones
y es que este no es otra cosa que un poema que destruye con facilidad otra mañana
y recibe conmigo el rechazo del que va en busca de un corazón puro.



(Oraciones, canciones y maldiciones de mujeres impuras probablemente no será publicado jamás al igual que muchas de las cosas que escribo. Es un texto en el que pretendí recoger voces de mujeres locas y pecaminosas. Esta: María, no cometió homicidio como las otras, incesto o adulterio sino que terminó haciendo una simple canción sin tonada alguna)

© Cecilia Podestá

Biografía
Cecilia Podestá (Perú - Ayacucho 1981). Escritora. Estudió literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha publicado los poemarios Fotografías escritas (Premio Dedo crítico 2002) reeditado en el 2007 en Lima, Perú; La primera anunciación (2006) reeditado en Paraguay por la editorial Felicita cartonera 2010, Muro de carne (Lima, 2007), Desaparecida (2008) y Vía Crusis en Chepén (2010); las obras dramáticas Las mujeres de la caja (2003), La repisa de los juguetes vacíos y el libro de cuentos De cabeza sobre el pasto amarillo (2011). 
Ha llevado talleres de escritura creativa (dramaturgia, poesía, narrativa), de actuación, dirección escénica entre otros. Ha dictado talleres de creación literaria (Anexo Cárcel de Chorillos). 
Ha obtenido el premio de dramaturgia de la revista Muestra por la obra Cenizo y la mención honrosa en el concurso de libro objeto Carlos Oquendo de Amat, por El libro de cera. Presentó la performance Yo no soy un costo de guerra en el Centro cultural de España, 2011. 
Ha participado en encuentros nacionales e internacionales de escritores, ferias de libro y seminarios, también como ponente. Dirige el sello editorial Tranvías editores. Artículos suyos en prensa cultural pueden leerse en www.dinosauriosdelaton.lamula.pe


Fuente: Cecilia Podesta


domingo, 13 de marzo de 2016

Luz Helena Cordero - Tres poemas

Eleonora Carrington - Santa Teresa en la cocina

JARDÍN DE MANOS

Una mano reemplaza una palabra,
dibuja una pregunta en el vacío,
suprime el pensamiento,
simula un vuelo en la oscuridad,
va y viene sin dios ni amo,
no sabe lo que quiere
pero siempre lo encuentra.
Las manos tienen los ojos anchos
y los labios dispuestos
para contar su desparpajo.
Suelen deambular en las noches
como gatos hambrientos,
ninfas desnudas en la acera del cuerpo.
Una mano se posa en otra mano
y se funda una medusa de silencio.
Suele morir de frío si está sola,
es su mayor miseria.
Las manos se resisten a matar los cuerpos.
Cuando van a la guerra se persignan,
caen a tierra como flores marchitas.
Alguien prepara un jardín de manos
para adornar la tumba de Dios.

Foto de Esteban Leyton

COTIDIANA

Pasa una ambulancia en busca de un herido,
da vueltas el sonido rojo
ávido de golpes, de caídas, 
buitre que ruega al cielo su alimento.
Todos nos revisamos el cuerpo
no sea que exista un agujero
y por ahí se nos escapen las ganas de movernos,
de empujar los zapatos.
Alguien ha visto pasar nuestro nombre
en el desfile de los rezos. 
Es posible que ya estemos muertos
y sigamos erguidos como troncos
que engañan a los pájaros.


ESO DICEN

Dicen que hablar no cuesta nada.
Parece infalible la sentencia.
Se cae la boca con el grito,
pesan las palabras como trenes frenéticos
que atropellan las noches,
el compás del corazón,
la forma de peinarse.
Alguien pronuncia dos palabras
y se desploma el paisaje en la ventana,
deja de salir el agua por el grifo
o sale con desgano, sin sed que la recoja.
Dices adiós y algo se quiebra,
puede ser el espejo o su imagen,
alguna cosa que guardabas,
la secreta esperanza de un algo impronunciable,
su cobarde mudez.
Podríamos andar ligeros de voz y de preguntas,
dos o tres dudas como globos que estallan
sin ruido, sin misterio.
Pero las palabras se cargan de sal y de sonidos
llegan a pesar tanto que un día nos matan
de memoria, de silencio,
qué le vamos a hacer,
si estamos más hechos de palabras que de huesos
y hablar nos cuesta todo.

Biografía
Luz Helena Cordero: Nació en Bucaramanga, Colombia, en 1961. 
Ha publicado los siguientes libros de poesía:Óyeme con los ojos, 1996 yCielo ausente, 2001; libros de relatos Canción para matar el miedo, 1997 y El puente está quebrado, 1998. Incluida, entre otras, en las antologías: Tambor en la sombra, Poesía colombiana del siglo XX, 1996; Quién es quién en la poesía colombiana, 1997 y Trilogía poética de las mujeres en Hispanoamérica (pícaras, místicas y rebeldes), 2004. 


Fuente: Corporación de Arte y Poesía Prometeo Revista Prometeo




martes, 8 de marzo de 2016

Adrienne Rich - Planetarium

En el día de la mujer que mejor que un poema de Adrienne Rich, dedicado a la astrónoma Caroline Herschel y a todas las mujeres que trabajan por la ciencia, el arte, la historia, feministas, activistas humanitarias y todas aquellas que realizan oficios menores que pasan desapercibidas pero que contribuyen a un mundo mejor. 

Leonora Carrington - Laberinto

Este hermoso poema se lo debo al magnífico blog de Elena Soto, El establo de Pegaso

Planetarium

Pensando en Caroline Herschel (1750—1848)
astrónoma, hermana de William; entre otros.

un monstruo con apariencia de mujer
son frecuentes en el cielo
una mujer «en la nieve
entre  relojes e instrumentos
o midiendo el suelo con varas»

descubriendo a sus 98 años
ocho cometas
Sobre ella, que gobernó la luna
como sobre nosotras
levita en el  cielo nocturno
viajando muy lejos con lentes brillantes
Galaxias de mujeres, cumpliendo
penitencia por su impetuosidad
nervios gélidos
en esos espacios de la mente

Un ojo
«viril, preciso y absolutamente seguro»
desde las oscuras telarañas de Uranusbor
encuentra la NOVA
cada impulso de la luz estalla
desde el centro
volando como nuestra vida
Tycho susurra al fin
«Que no parezca que he vivido en vano»
Lo que vemos,  vemos
la visión está cambiando
la luz que marchita una montaña
y le permite a un hombre vivir
Los latidos del pulsar
el corazón exudando por el cuerpo
El impulso de radio
que viaja desde Taurus
Estoy bombardeada pero aun así me yergo
He permanecido de pie toda la vida en medio
de la trayectoria directa de una serie de señales
el más transmitido precisamente el más
intraducible lenguaje en el universo
Soy una nube galáctica tan profunda tan intrincada
que una onda de luz tardaría 15
años en llegar hasta  mí. Y ha sucedido.
Soy un instrumento con forma
de mujer intentando traducir pulsaciones
a imágenes para aligerar el cuerpo
 y reconstruir la mente.

Adrienne Rich “Planetarium” de The Fact of a Doorframe: Selected Poems 1950-2001.

1     Planetarium


Thinking of Caroline Herschel (1750—1848)
astronomer, sister of William; and others.
A woman in the shape of a monster
a monster in the shape of a woman
the skies are full of them
a woman      ‘in the snow
among the Clocks and instruments
or measuring the ground with poles’

in her 98 years to discover
8 comets
she whom the moon ruled
like us
levitating into the night sky
riding the polished lenses
Galaxies of women, there
doing penance for impetuousness
ribs chilled
in those spaces    of the mind
An eye,
          ‘virile, precise and absolutely certain’
          from the mad webs of Uranusborg
                                                            encountering the NOVA
every impulse of light exploding
from the core
as life flies out of us
             Tycho whispering at last
             ‘Let me not seem to have lived in vain’
What we see, we see
and seeing is changing
the light that shrivels a mountain
and leaves a man alive
Heartbeat of the pulsar
heart sweating through my body
The radio impulse
pouring in from Taurus
         I am bombarded yet         I stand
I have been standing all my life in the
direct path of a battery of signals
the most accurately transmitted most
untranslatable language in the universe
I am a galactic cloud so deep      so invo-
luted that a light wave could take 15
years to travel through me       And has
taken      I am an instrument in the shape
of a woman trying to translate pulsations
into images    for the relief of the body
and the reconstruction of the mind.

Adrienne Rich, “Planetarium” from The Fact of a Doorframe: Selected Poems 1950-2001.



domingo, 28 de febrero de 2016

Mis poemas: Intento

Foto de Antonio Mora

Intento

Despejar la mañana
con la tozudez del cepillo
en los cabellos
y ese sabor entrañable
del primer café

disipa
la teoría del colapso
que hace trizas
tu epicentro

cúrate de las culpas
de sus sombras elípticas
ya que a veces hasta el aire
paraliza

sacude con fuerza
la niebla más cercana
que trepa como garrapata
a tu cordura

y luego respira
con la lozanía
de una vida en construcción

basta con enumerar
los flecos que oscilan
al compás sigiloso
del asombro

ten en cuenta
que por sus largos filamentos
circula el estruendo
silencioso
de una nueva luz.


María Germaná Matta

De: Hierba silvestre

miércoles, 24 de febrero de 2016

Erica Jong - tres poemas

Foto mía Cajamarca - Perú

Mejores amigos

Los hicimos
con la imagen de nuestros miedos
para llorar en las puertas, en las despedidas-
aún las más breves.
A rogar por comida en la mesa
y para mirarnos con esos ojos
enormes dolorosos,
y para quedarse a nuestro lado
cuando nuestros hijos nos huyen,
y para dormir en nuestras camas
en las noches más oscuras,
y temblar cuando truena
como nosotros en nuestros
miedos infantiles.
Los hemos hecho de ojos tristes,
amorosos, leales, miedosos
de la vida sin nosotros.
Hemos cultivado su dependencia
y pena.
Los mantenemos como recordatorios de nuestro miedo.
Los amamos
como los anfitriones sin reconocimiento
de nuestro propio terror
de la tumba-y del abandono.
Sostén mi pata
que me estoy muriendo.
Duerme sobre mi ataúd,
espérame,
con ojos tristes
en medio del camino
que hace curva más allá de la pared del cementerio.
Te oigo ladrar,
yo escucho tu aullido luctuoso-
oh, que todos los perros que yo he amado
lleven mi ataúd,
aúllen al cielo sin luna,
y se acuesten conmigo durmiendo
cuando me haya muerto.



Foto mía Cajamarca - Perú
El fin del mundo

"Te escribo desde el fin del mundo"
HENRI MICHAUX
Aquí, en el fin del mundo,
las flores sangran
como si fueran corazones;
los corazones exudan una oscuridad
parecida a la tinta china
donde los poetas mojan sus plumas
y escriben.
"Aquí, en el fin del mundo",
escriben,
sin saber lo que significa.
"Aquí, donde el cielo mama leche negra,
donde las chimeneas alimentan el cielo,
donde los árboles tiemblan aterrorizados
y la gente llega a parecérseles..."
Aquí, en el fin del mundo,
los poetas sangran.
Se supone que sangrar y escribir
son la misma cosa;
se supone que cantar y sangrar
son la misma cosa.
¡Escríbenos una carta!
¡Envíanos un paquete de comida!
Confórtanos con proverbios o fruta azucarada,
háblanos de un Dios.
Distráenos con teorías del arte
que nadie puede probar.
Aquí, en el fin del mundo,
tenemos las cabezas vacías,
y el viento las atraviesa
como fantasmas
en una casa encantada.


 cuadro de Matisse

Autorretrato

No se trata de una mujer esbelta,
pero su piel era leche
mezclada con mermelada de fresa,
y entre sus piernas había nacido la palabra púrpura,
y su cabello era del color del trigo y la mantequilla.
Sus ojos eran oscuros como el Atlántico Norte.
Aprendió las intraducibles palabras del alba.
Estudió sus propios miedos y escribió sus versos.
Utilizó el hueco de su corazón para hacer música de viento.
Edificó casas de libros sobre su sótano vacío.
Primero se alimentó de su musa,
luego se transformó en su propia madre.

Biografía
Erica Jong (Nueva York, 1942) Escritora estadounidense. Hija de judíos escapados de Rusia, su madre, pintora de profesión. Se graduó en el exclusivo Barnard College y posteriormente obtuvo el doctorado en Literatura inglesa del XVIII en la Universidad de Columbia (Nueva York). Fue miembro del Departamento de Inglés de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, en los períodos 1964-65 y 1969-70.
Cultivó todos los géneros, desde la poesía y el ensayo hasta novela. Entre los libros de poemas que ha publicado destacan Friuts and Vegetables ( 1971); Half-Lives(1973), At the Edge of the Body (1979) y Ordinary Miracles (1983). Pero fue la novela Miedo a volar (1973) la que le dio la fama. 

Fuente: Myslide