martes, 9 de octubre de 2012

Adrienne Rich, Buceando hacia el naufrafio poema


Buceando hacia el naufragio


Después de haber leído el libro de los mitos,

y cargado la cámara,

y comprobado el filo del cuchillo,

me pongo

la armadura de goma negra

las absurdas aletas

la incómoda y solemne mascarilla.

Tengo que hacerlo

no como Cousteau con su

diligente equipo

a bordo del velero inundado de sol

sino aquí, sola.



Hay una escalera.

La escalera está siempre ahí

colgando inocentemente

de un costado del velero.

Sabemos para qué sirve,

nosotros que la hemos usado.

Si no

sería un resto flotante en el mar

una parte cualquiera del equipo.



Desciendo.

Peldaño tras peldaño y todavía

el oxígeno introduce en mí

la luz azul

los puros átomos

de nuestro aire humano.

Desciendo.

Las aletas me entorpecen,

bajo por la escalera arrastrándome como un insecto

y no hay nadie

que me diga cuándo comienza

el océano.



Al principio el aire es azul y luego

es más azul y luego verde y luego

negro estoy desmayándome pero

mi mascarilla es potente

me bombea la sangre con fuerza

el mar es otra cosa

el mar no es cuestión de poder

tengo que aprender sola

a girar el cuerpo sin esfuerzo

en el profundo elemento.



Y ahora: es fácil olvidar

a qué vine

entre los muchos que siempre

han vivido aquí

agitando sus abanicos festoneados

entre los arrecifes

y además

aquí abajo se respira distinto.



Vine a explorar el naufragio.

Las palabras son intenciones.

Las palabras son mapas.

Vine a ver el daño causado

y los tesoros que perduran.

Paso la luz de mi linterna

lentamente por el costado

de algo más duradero

que los peces o las algas



la razón por la que vine:

el naufragio y no la historia del naufragio

el objeto en sí mismo y no el mito



el rostro ahogado que mira siempre fijamente

al sol

la prueba del daño

convertida por la sal y el vaivén en esta raída belleza

las cuadernas del desastre

que protestan curvadas

entre los indecisos visitantes.



Este es el lugar.

Y aquí estoy yo, la sirena con cabello oscuro

en ondas negras, el tritón con su armadura

Circundamos silenciosamente

el naufragio

buceamos hacia la bodega.

Yo soy ella: yo soy él



cuyo rostro ahogado duerme con ojos abiertos

cuyo pecho aún soporta la fatiga

cuya carga bermeja de plata, de cobre, yace

en la oscuridad de los barriles

mal sujetos y abandonados al deterioro

somos los instrumentos semidestruidos

que una vez mantuvieron un rumbo

la bitácora corroída por el agua

la brújula bloqueada



Somos, soy, eres

por cobardía o por coraje

el ser que descubre nuestra ruta

hasta esta escena

llevando un cuchillo, una cámara

un libro de mitos

en el cual

nuestros nombres no aparecen.


(1972)


DE: Adrienne Rich. Poemas (1963-2000)
Edición, prólogo, traducción y notas de María Soledad Sánchez Gómez
Sevilla: Renacimiento, 2002


 Blog de María Soledad Sánchez Gómez (la traductora)

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2 comentarios:

Clara Schoenborn dijo...

Muy buen poema, por el tema tan original así como por el manejo poético. Abrazos María, gracias por traernos estas pequeñas joyas.

María dijo...

Adrienne Rich es una de las grandes poetas americanas, gran artista y sabía.
Seguiré compartiendo belleza.
Un abrazo Clara