jueves, 18 de octubre de 2012

Ana Varela Tafur, poesía


Tarcila do Amaral - Abaporu, 1928

MADRE

Como pez que advierte la profundidad en tus ojos
yo regreso a ti para dibujar mi nacimiento
y me sumerjo para siempre entre tus aguas
en las playas y sacaritas que nos otorgas
            en los parajes de los montes cuando te acuestas
                        porque en ti dejo, madre, lo más hondo de mi río
                                   lo más deslumbrante de sus naufragios y hallazgos.

Entonces,
yo dejo que la luna invada mi cuerpo
yo dejo que tu vientre gratifique mis días
yo dejo que te deslumbres plena entre las sombras
            porque tus semillas antiguas, madre,
                        son simientes de haces sobre mi niñez.

Madre de la nútrales diversa
            Madre de las plantas y los animales
                        Madre de los niños tendidos en los arrozales
Madre de los herederos del sol y sus lluvias.

Porque desde los años aciagos del caucho y la balata
Destinos arrojados a puertos distantes fuimos
            Historias de correrías y muerte en tus dominios
                        Cabeza al viento desde el cepo de los árboles.

Madre Cocama
            Madre Pacaya
                        Madre Ahunari

Porque más allá de las balas sembradas en la memoria
más allá de los invasores de tus territorios
            nosotros acodaremos sin miedo en tus orillas
                        y entre humedades y verdes orillas
                                   Somos guardianes de tu cuerpo insomne
                                                                       Y sus frutos de cosecha esparcida.

Madre Samiria:
aquí nos tienes sembrados en ti,
albergados en tus puertos y florestas
erguidos desde ti para protegerte
            amamantados en tu interminable río
                        Donde navegamos desde el inicio de las edades.

(DE Voces Desde la orilla)

Y HABITO DESDE SIEMPRE

¿Quiénes han cruzado la quebrada antes
                                               que nosotros?
¿Quiénes han poblado días y columnas
                                               de hastío?
Nos han abierto el camino para llegar
                                               descansados
y nos han dejado un cementerio de voces
                                               que vagan bajo los puentes.
Y habito desde siempre soles despedazados,
largos infortunios antes de rayar el sol
                                               sobre el planeta
y sé que nuestros abuelos han sembrado y
siembran porvenires
y los astros que me conducen acostumbran
a decir atisbo,
atisbo los años para que los muertos
descansen en paz.
Así recito para no olvidar historias de
                                               látigos
y libras inglesas aventadas desde los
                                               shiringales.
Entonces recuerdo el dolor de una espada
                                               devorada
y el filo del sable que cortó el miedo.
Era el tiempo en que el viento decía
                                   la palabra salida,
así volaron sombreros de huambé desde
                                   las embarcaciones.
Pero hemos regresado intactos, dolientes
                                   cuerpos insospechados,
sabías manos que siembran frutos al recrear
                                   los caminos.

DESDE LAS VERTIENTES

Desde los altos gredales de May Ushin
desde las feroces caídas del Marañón
desde las incandescentes llanuras del Huallaga
mi voz convoca a los habitantes del agua.
Y surcando quebradas desde vertientes remotas
            alcanzo vastedades de arcillas recientes.
            Así me reúno con habitantes del monte
            y nuestras voces se inundan infinitas
                          en tenues bóvedas incrustadas por la noche.

Porque es posible alcanzar cifras en geometrías sagradas
porque es posible arrebatar códigos de sogas alucinadas
             y viajar acompañados por estrellas o soles
                          atrapados en la fugacidad de intrépidos rayos.
Porque somos una antigua y sola voz,
             una liana trenzada bajo los incendios
desterrados o señalados por la belleza de los astros
           y su manto de presagio amamantándonos.

Desde entonces rodamos de fuego,
              caemos de fuego,
quemamos las últimas naves del exilio,
demonios que se llaman en libros apócrifos
            o en abandonados archivos donde no hay olvido.

Pero las madrugadas aproximan las llegadas
y nuestros pies abrevian rutas del miedo:
               ojos de búho a la sabiduría destinados
                              sobre la vía trazada por los abuelos.
Semejante a cada río que despide sus puertos,
alcanzamos la marcha de la luna
            invadidos por la tregua
                        de un viento insondable.

BREVEDAD DEL PLANETA

Página vacía parece este caserío
             Hojarasca en los patios del desvío
Pero en la brevedad del planeta
             Un registro ancestral acusa las noticias

Porque este pueblo parece
Un libro de mapas inconclusos
Una ruta y su primera incertidumbre

Despedidos por azotes que el viento expulsa
             Los niños de la mañana
             Se han vestido de simpleza
                     Y han librado los recuerdos aciagos
                      Mientras crecen sus cabellos en hierbas agrestes.

(Sus pasos desvían profundidades
             Resguardados en la intrepidez del planeta)

Y
       poco
                  a poco
Se ponen de pie nuevamente
Y cruzan sin prisa apresurados atajos
            Lejos de fulminantes pozos de petróleo que la noche esconde.

Nota mía: Cabe destacar esta poeta peruana, ya que su poesía está impregnada de símbolos que aluden a una cosmovisión de la selva amazónica, su vínculo con la fuerza exuberante de la naturaleza y su relación con los hombres y mujeres que habitan la selva.
Fue la primera mujer en ganar el prestigioso premio de poesía Cope (1991).

Biografía
Ana Varela Tafur (Iquitos - Perú, 1963) Poeta y profesora. Ha sido becaria del Programa Aschberg para artistas de la UNESCO, Jerusalén (1996), y de la Agencia Española de Cooperación Internacional, Madrid (1998). Ha publicado con el poeta y narrador Percy Vílchez el libro de poemas El sol despedazado (Proceso Editores, Lima, 1991), Lo que no veo en visiones (Primer Premio de la V Bienal de Poesía Premio Copé y publicado en Ediciones Copé, Lima, 1992), Voces desde la orilla (Colección Urcututu Ediciones, Iquitos, 2000) y Dama en el escenario (Editora Regional, Iquitos, 2001).

Fuente: Poetas peruanas de antología - Ricardo González Vigil - Mascapaycha Editores - 2009


4 comentarios:

c c Rider dijo...

…Porque somos una antigua y sola voz,
una liana trenzada bajo los incendios
desterrados o señalados por la belleza de los astros
y su manto de presagio amamantándonos.”

palabras que nutren por derribar la piel, entre ellas y las cosas, deriva delicada que parece no limitarse a un Tiempo y sí integrarse en una naturaleza pacífica, inquieta, manifiesta incluso en la voz de los muertos.
saludos

María dijo...

Rider,
Sí tienes razón. No se limita a un tiempo, su canto viene de las voces del pasado para recordarnos que somos hijos de Ella, la madre tierra.
Gracias por tu huella.
Un abrazo

Carmela dijo...

Me gusta María, me gusta y me deja ese sabor a tierra,a raices, que no deberíamos perder nunca.
Un beso grande.

María dijo...

Carmela,
A mí también me maravilla su canto, es una mujer de la selva peruana. Creció en un paisaje exuberante, dentro de una tradición de conocimiento de la naturaleza no puede más que tener una poesía donde la naturaleza se desborda en la palabra.