lunes, 17 de abril de 2017

Patricia Damiano - poemas

Fotografía de Edward Weston

La pérdida


la pérdida
sin nombre —tal no existe—
se suma,
hojas carozo
de nuestro roble vencido

quise salvar la flor blanca

tarde de todas las tardes, música absoluta

la blanca flor que has traído
me sobrevive
y es justo

a solas sé que el umbral de la pena
—suma de tus colores—
esta noche perdida resta

tarde
como siempre
te devuelvo esa flor viva

guirnalda
torre



 Fotografía de James Hall Nasmyth - apple
Jazmín del aire


nunca fui criatura
ni hubo creador
así este
alto decrépito vuelo si azul o placentario

nunca entenderías el color del jazmín del aire
este septiembre voraz

tan irreconocible en la noche bruma el olor de sus peristilos

Imagen de Jackson Pollock

Las hojas verdes


el miedo entonces
es regresar a la luna antigua

roja

a la potestad de tu vino azul
que no existe

el miedo es criatura

el vino es criatura

tu nombre siempre
fue criatura

la divinidad de las hojas verdes
hoy
muertas

 Foto de Lola López Cózar - rejas
Contienda

ahora es cuando te crecen los muertos

quién conduce los caballos
tal vez un chacal que fragmenta la pasión de octubre

hubo una contienda inútil
el casco de Odín o Termópilas trescientos escudos
el estruendo que una esfinge acalla
el Mediterráneo esperando a Enkidu

vana arena
adonde llevarme

vos, a la medianoche, los viernes la luz


Biografía
Poeta argentina (Buenos Aires). Estudió historia y posteriormente ciencias de la comunicación en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Ha publicado Crepúsculo cierto (primer premio -edición- de la Fundación Argentina para la Poesía, Buenos Aires, 1992), Los testigos (mención especial Concurso Fundación Inca, Buenos Aires, y Premio Publicación en el Concurso 15º de Acebal Centro de la Poesía Argentina, Rosario, 1992), Exequial (mención especial del Premio Publicación Arcano, Buenos Aires, 1992), De vísperas y postludios (1995), Cierta es la noche (1998), Testigo presencial (1999) y La noche, esta región (2001). Textos suyos aparecen en los sitios Ignoria, Diamantes gratis, llena de diamantes y Factor serpiente, la voz de la que hablamos no dice nada. También ha publicado en el suplemento cultural del diario La Prensa (Buenos Aires) y en las revistas Nexo Literario, Correo Latino y Generación abierta, todas de Buenos Aires.

Fuente: Zoopat y Calamo Currente


viernes, 14 de abril de 2017

Mis poemas: En búsqueda de un signo

Robert & Shana ParkeHarrison

En búsqueda de un signo
Sólo cuando nadie espera,
sólo cuando nada importa,
todos los senderos te salen al encuentro.
María Ángeles Maeso

por el torrente
cristalino
de mi sangre
bogan ríos subterráneos
anhelando un nuevo cause

una luz violeta
se adhiere
y sobresalta mis entrañas

pero nada alumbra
mi falta de certeza

el viento se levanta
con sus ráfagas ingenuas

larga es la noche
muda la palabra
cuando aún espera

se han extraviado las promesas

un manto de lodo
empaña los sueños

la mente
se colapsa

un murmullo encabritado
sopla
avinagrando
el pensamiento

se levantan muros
se atrinchera
el miedo
en las fronteras

se multiplican los obstáculos
crece la raíz cuadrada
de la insensatez

la ciudad y su vértigo
con sus torres inalcanzables
y su falta de saciedad

pantallas led
con la embriaguez
de sus imágenes resplandecientes
nos subyugan

y sus ráfagas
de felicidad
taponean nuestro instinto
con su falso resplandor

busco
en lo humano

la ternura pálida
de un signo en construcción

en el aire flota
el fracaso de nuestra civilización
que retrocede

hurgar en el barro
husmear en sus raíces
lo inexacto

es preciso recomenzar

escuchar la huella
que moldeo
nuestro ADN     con indicios

en las cavernas fértiles
donde reposa lo humano


Mis poemas: María Germaná Matta


jueves, 13 de abril de 2017

María Tabares - Poemas

Imagen de Sarolta Ban

La guadaña alza la voz, grita
eufórica mientras trabaja.
Vuelan por los aires miles de hormigas
invisibles, gusanos, insectos.
El pasto se estremece y
uno a otro se alertan sobre la matanza.
Es un holocausto
el que causan las manos del hombre
cuando quiere hacer de la tierra
un jardín.

Imagen de Diana Blok

Como a la hoja del árbol
                         a las niñas abusadas, muertas


Qué voluntad arrastró tu inocencia
desde tu cielo al suelo rojo.

Qué voluntad ajena, niña verde,
decidió el abuso de tu cuerpo
su fractura a la intemperie del dolor
cuando eran tuyos
el asombro
las manos del sol
el flujo galopante de la savia nueva.
Quién decidió que fuera yo tu hermana
salvándome
en tanto a ti te desgajó como a la hoja del árbol
condenándote a ser una estrella muerta sobre la piedra.
Otra más.



Imagen de Esteban Leyton

Homicidio
                        

            “Los metieron todos a una fosa 

            les echaron diesel y prendieron fuego.”

            Ayotzinapa (México). Periódico El Mundo. 2014.

“¡Viva la cacería!"
grita el tirano.
La sangre de una joven dibuja
un corazón sobre las piedras
rota la cabeza como un cuenco de barro
sin remiendo.
A pesar de la quietud
la falda arrastra todavía la reciente carrera
el caudal entre las venas
la libertad blanca de los muslos
contra el viento.
En su mano izquierda guarda
una manzana invisible.
 “¡Han de caer para siempre los incómodos!”
ordena.
“¡Tanto sueño estúpido!”
“¡Que se atrevan a sentirse protegidos creyendo que,
por ser muchos, no nos temblará la mano!”.
La dulzura, inerte, se pudre como una flor.
¿Cuál habrá sido su pecado?
La sangre de una joven dibuja
un corazón sobre las piedras.
Horrorizados los vientos se arrodillan,
los pájaros, las ventanas, las puertas,
los ratones.
Las moscas por su propia voluntad
se hacen unas solas con los vidrios
las sopas, las aguas estancadas.
Nadie puede ni quiere el movimiento.
Moverse es pecar tres veces,
cometer un sacrilegio.
Hombres, mujeres y niños se tapan la boca
con las manos, permanecen a oscuras
guarecidos en sus casas.
Las nubes atónitas atraviesan con sus ojos
la debacle
sin llorar.
¡Réquiem! ¡Réquiem!
Por milésimas de segundo
el mundo abandonado de sí mismo
es un cuadro al óleo, una pintura:
la sangre seca por el suelo
junto al rostro
dibuja un corazón.
El segundero del tiempo
reinicia su indiferencia.
Comienza otra vez el olvido.   


Imagen de Brooke Shaden

Los pájaros con su canto callan la sordera,
las vacas rumian más alto el silencio,
el aire, podría decirse, silva más quedo,
más quieto y el tiempo
juega a convertir los minutos en grandes
habitaciones de luz.
Las naranjas, los limones, las mandarinas,
hacen invisibles malabares en las copas de los árboles.
Es tiempo de calma
y  la ausencia no es amenaza de muerte,
es escucha.

Biografía
María Tabares (1958, Bogotá, Colombia). Poeta y narradora egresada de la Escuela de Escritores de México, SOGEM. Ha formado parte de talleres de poesía, narrativa, dramaturgia y guión en España y México, y ha sido publicada en revistas y antologías en Colombia, Ecuador, México y Francia.
Reconocimientos: -Libro de poemas Y cae y suena y nos invade. Segundo lugar. Museo Rayo y Ediciones Embalaje, 2010. -Libro de poemas, La luz, poemas de sombra. Premio Nacional de Poesía. Museo Rayo y Ediciones Embalaje, 2011. -Cuento, Cinco minutos. Tercer lugar. Concurso Nacional de Cuento, Fundación La Cueva, Barranquilla, Colombia, 2012. -Libro de poemas Los Sombra. Mención de Honor. Premio Nacional de Poesía Ciudad de Bogotá, 2013.
Otros libros publicados: Los Poetas del Megáfono, México, 2008; La tortuga feliz (libro de artista); La Diéresis Editorial Artesanal, México, 2012; Álulas, El Ángel Editor, Ecuador, 2014.

-Lectura de poemas por la Paz en Colombia Youtube
-Poemas Blog de Eugenia Sánchez Nieto
-Blog de Maria Tabares
-PoemasRevista Metaforología 

martes, 11 de abril de 2017

Thelma Navas - Poemas

Imagen de Flor Garduño
Ven



Ven

ayúdame a insertar mi corazón en la tapa de este libro

enciclopedia donde en cualquier momento puedo leerte

manual de fórmulas para ahuyentar la tristeza.



Ven

ayúdame a olvidarte

a no seguir buscando

la mirada que pusiste en mi rostro

cada minuto diferente,

ayúdame a olvidar nuestra hermosa soledad

de animales en celo.

Si tú me ayudas

te prometo no salir a buscarte en los espejos


o en el fondo de la taza de té.

Imagen Brooke Shaden

Petrópolis bajo la niebla



Porque no era válido salir a buscar el fuego del mar

detuvimos los pasos frente a la tarde campana llamando

golpeando a las puertas de la ciudad abierta que aguardaba nuestra llegada en su

     vaivén de niebla.



El sol deshecho del día atravesaba las palabras del descubrimiento

de las primeras hortensias en la ciudad sin prisa

donde todos los relojes parecían dejar su marca inmóvil.



Bajo el cielo amor bandera abierta buscábamos

una señal desnuda como el rostro del amor

como el amor que se desnuda en las mañanas del amor.



Lejos de la bahía regresaban los pájaros

sorpresivamente

como vuelve la forma del poema a los labios del poeta.

Imagen de Brooke Shaden

Presencia de las islas



Como un cortejo cabalgando a solas surgen de la niebla

¿Quién alimenta su esplendor que ninguna tempestad oculta?

De las islas sube algo parecido al deseo.

Casa viviente en el mar

las islas

animales fantásticos

esperan su ración de ostras.



Para mi corazón una isla iluminada con el brillo del mar

una isla

como espada

atravesando la llanura marina

una isla

multiplicándose en su pequeña geografía

una isla

grito a solas

jardín para romper la monótona presencia del mar

la insoportable presencia

de una soledad frente a sí misma.

Allí

abajo

fruto

corteza en movimiento

la forma de las islas:

última tentación de los navíos.


Imagen de Shapovalov

Ellos llegan de noche



¿La poesía? Un caracol nocturno
en un rectángulo de agua.
José  Lezama Lima



Los saqueadores atisban detrás de los espejos.

Oleajes transparentes asoman en la noche

sus conchas irisadas, caracoles ocultos, corales fantasmas.



Los pasos voluptuosos recogen las arena nocturnas,

la intimidad de la palabra secuestrada.

Vienen y van, navegantes de las altas mareas,

origen de la vida, gozo imperfecto.



No son ellos los oficiantes, los creadores de imágenes.

No volverán, pero su huella en los tapices

te dará la certeza de su extraña presencia.



Mi mano se transforma en la diestra de Mahler


¿Por qué mi escritura se mimetiza al punto de que mi mano se mueve

de acuerdo a las circunstancias, al ser que tengo más cercano?



Alguien parece sugerir los rasgos

de una diminuta letra que no es mía y que dicta la sombra.

Soy ahora la mano de Mahler

y empiezo a describir el oído del árbol

la anticipación de la belleza eternizada en la piedra

en pequeños y lentos movimientos.



El crepúsculo adormece las notas de la pasión.

Mi mano celebra el esplendor lúdico de la inocencia.



El allegro ha dicho la última palabra.


Biografía
Nació en la ciudad de México, D.F. en 1932. Fue cofundadora, con otras escritoras de la revista El Rehilete y con el crítico e investigador Luis Mario Schneider fundó la revista Pájaro Cascabel y la editorial del mismo nombre. Participó también en la dirección colectiva de las revistas Manatí, Xilote y La Brújula en el Bolsillo. Ha publicado a lo largo de su vida poemas en suplementos culturales y revistas literarias de México y el resto de América Latina, así como España, la India y Canadá. Ha sido incluida en cerca de treinta  antologías, nacionales e internacionales,  entre ellas Poesía en Movimiento del poeta Octavio Paz. Sus poemas han sido traducidos al inglés, francés, portugués y búlgaro. Obtuvo en 1962 el Premio de Poesía Ramón López Velarde y la presea Rosario Castellanos de Chiapas. 
Entre sus libros publicados se encuentran La orfandad del sueño  (1964), Colibrí 50 (1966), El primer animal (1986),  El libro de los territorios (1992). Antología en la Serie Material de Lectura de la UNAM (1992), El verano y las islas (1998), Paisajes interiores. Col. ¿Ya LEÍSTE?. Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (2000),  El primer animal. Poesía Reunida, 1964-1995, Conaculta , Cuarta Serie de Lecturas Mexicanas  (2000), Los pasos circulares. Antología personal.  El Cocodrilo Poeta, Col. Monte Gargano (2003) y Para volver al mar, Cuadernos de Caridemo, Almería, España, 2004.








domingo, 2 de abril de 2017

Arlette Luévano - Poemas

 Imagen de Katia Chausheva

No basta con nombrar al llanto llanto
a Montserrat

*

En su jardín es de noche. Ahí la oscuridad llega luchando contra la luz salvaje que nunca se rinde. Nadie gana esa batalla sino estrellas tenaces que pueblan el cielo en enjambres estridentes, y las brujas verdes que explotan como fuegos de artificio.

Es un paraíso macabro, donde el pincel invade los pliegos con secreciones de esteros policromados, memorias de siglos descompuestos.

El pasto es un mosaico de brotes glaucos, livianos, sicalípticos. Los pies de mi hermana exceden su tacto y lo sobrepasan en su oscuro andar de nube henchida de lluvia.

Rosadas plantas de tallo grueso crecen golpeándose unas a otras. Al llegar a su máxima altura, cercana a mi talle, coronan su cresta con una flor aguda y luminosa, sus tallos se llenan de manchas como ventanas y no he querido saber quiénes habitan esas extraordinarias construcciones, pues seguramente serán seres diminutos de grandes dentelladas.

Mi hermana se mece en el columpio que detiene el único árbol del jardín. Ese árbol es de la misma vieja hechicería que la luna. Árbol y luna se guardan gran devoción. Vuelven los brazos uno al otro y tararean juntos la melodía con la que baila el viento. Pequeñas quimeras de fortunas indescifrables crecen donde las hojas nunca han existido.

Mi hermana se guarda en el columpio. Así la recuerdo. Descalza y sonriente, con las trenzas flotando en el vaivén del juego. Mirando cómo el destino se escribe en unas manos menos blancas, en unos ojos menos anhelantes.



Foto de Cole Thompson 
*

Acaba de morir

y una antigua soledad

domesticada

avanza hasta instalarse en su cuarto



La había visto antes

un gato detrás de los armarios

bajo la cama

trasladando su sombra

por los espejos no observados



Pero hoy

que ella acaba de morir

la soledad se presenta

con su fría sonrisa delante de mis ojos

la cabellera agitada en el aire breve

para me ofrece sus brazos


y el escalofrío

Imagen de Katia Chausheva
*

Hay una ciudad que lleva tu nombre y no la conozco

Me he quedado aquí, junto a todo lo que abandonaste



y mis preguntas nunca habían sido tan inútiles como ahora que no hay respuesta posible

que no hay palabras suficientes para hacerlas

ni viento que las tome y las lleve hasta donde pudieran calmarse o cansarse de ser



Tampoco, de pronto, conozco lo que fuiste

Eres un recuerdo, un vislumbre



y me duele algo que no sé qué es


Imagen de Esteban Leyton 

*

Yo no sé rezar                       no puedo

todavía no creo en tu muerte

apenas si puedo creer en cualquier cosa



¿Para qué es todo esto?

No te vayas, quédate a hablar conmigo

dime qué de cierto hay en esta sangradura



Hay tanto que debiste ver

Tantas cosas que no deberían suceder sin ti



Y llegaría a tomar tu cuerpo y sacudirlo

gritaría desde el dolor de mi garganta

para exigir hasta la convulsión



porque no alcanzan mis ojos para derramar

el vacío que me colma el cuerpo

cuando mi condena es no poder aniquilarlo

a cambio del tuyo y el hubiera

De: De pasto verde.

Biografía

Arlette Luévano (Aguascalientes, 1976) es Maestra en Derecho Constitucional y Amparo por la Universidad Iberoamericana. Desde 1997 dirige el suplemento cultural Ananke del diario Página24. Forma parte del comité editorial de la revista Parteaguas, del Instituto Cultural de Aguascalientes. Ha publicado los libros de poesía Casi verde y Apostillas negras. También, en ediciones colectivas, los poemarios Rituales, Informe sobre trenes que llegan y desaparecen y Tercera persona. Recibió el Premio Efraín Huerta 2006 por Casa en ruinas.