jueves, 21 de febrero de 2013

Carson McCullers, poesía


*Diane Blok 

Cuando estamos perdidos

¿Qué nos dicen las imágenes cuando estamos perdidos?
La nada se parece a la nada. A la nada,
no es el vacío. Demonios, está configurado
de avisos de reloj en tardes de invierno, de estrellas malignas,
solicitando mobiliario. Todo, sin relación
y en medio aire.

Terror. ¿Del Espacio o del tiempo?
¿O la unión engañosa de ambos conceptos?
A la perdida, paralizada a través de la ruina infligida del yo,
todo lo que no es aire (si esto no implica una decepción)
se inmoviliza de agonía. Mientras tanto,
el eterno idiota, fluye el grito alrededor del mundo.

Traducción María Germaná Matta

When We Are Lost

When we are lost what image tells?
Nothing resembles nothing. Yet nothing
Is not blank. It is configured Hell:
Of noticed clocks on winter afternoons, malignant stars,
Demanding furniture. All unrelated
And with air between.

The terror. Is it of Space, of Time?
Or the joined trickery of both conceptions?
To the lost, transfixed among the self-inflicted ruins,
All that is non-air (if this indeed is not deception)
Is agony immobilized. While Time,
The endless idiot, runs screaming round the world.


Biografía
Carson McCullers, escritora estadounidense (1917 – 1967) Estudio en la Universidad de Columbia y Nueva York.
Obra: El corazón es un cazador solitario (1940). Reflejo en un ojo dorado (1941). Frankie y la boda (1946). Sus tres novelas fueron llevadas al cine. Frankie y la boda fue adaptada por la propia autora en 1950. El resto de su obra está constituida por una colección de relatos, La balada del café Triste (1951); una obra de teatro titulada La raíz de las maravillas (1958); la novela El reloj sin manecillas (1961) y los relatos, artículos y poemas incluidos en El corazón hipotecado (1971).
Se inspiró en su infancia y en la gente del sur de los Estados Unidos, también sintió en una fuerte atracción por los seres solitarios e inadaptados y rotos. Fue una de las primeras en tratar la homosexualidad, el racismo y el adulterio.

*Foto: Diane Blok
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4 comentarios:

fus dijo...

No he leído nada de Carson McCullers,
tomo nota para próximas lecturas. Muchas gracias por compartir.

un abrazo

fus

María dijo...

Fus,
Carson McCullers es una gran narradora, estoy segura que te gustará.
Te dejo este relato:
http://batalladepapel.blogspot.com.es/search/label/Carson%20McCullers%20-%20Relato#.USdqHB26fvE
Un abrazo y gracias por comentar.

Carmela dijo...

Me apunto ese relato yo tambien...
Un beso, María

María dijo...

Carmela, Cuando leí a Carson McCullers la primera vez me quedé muda de la impresión. Busqué todos sus libros y me los leí.
Te dejo el epílogo del libro "La Balada del café Triste" pero que funciona como texto independiente:

Los doce mortales

La carretera de Fork Falls se encuentra a tres millas del pueblo, y allí ha estado trabajando la cuerda de presos. La carretera es de asfalto, y el condado ha decidido rellenar los baches y ensancharla en cierto paso peligroso. La cuadrilla está compuesta por doce hombres, todos vestidos con el traje de presidiarios, a rayas blancas y negras, y todos encadenados por los tobillos. Hay un guardián que lleva un fusil, y sus ojos no son más que unas rendijas encarnadas, a causa de la luz. La cuadrilla trabaja todo el día; los presos llegan amontonados en el coche de la cárcel poco después del alba, y se los llevan otra vez en el gris crepúsculo de agosto. Todo el día se oye el sonido de los picos que golpean en la tierra caliza, todo el día hace un sol inclemente y huele a sudor. Y todos los días hay música. Una voz oscura inicia una frase, medio cantada, como una pregunta. Y al cabo de un momento se le une otra voz, y luego empiezan a cantar todos los presos. Las voces son sombrías en la luz dorada, la música es una intricada mezcla de tristeza y de gozo. La música va creciendo hasta que al fin parece que el sonido no proviene de los doce hombres encadenados, sino de la tierra misma o del ancho firmamento. Es una música que ensancha el corazón, que estremece de éxtasis y de temor a quien la escucha. Y después, poco a poco, la música va cayendo hasta que al final queda una sola voz, luego un respirar bronco, el sol y el golpear de los picos en el silencio.
¿Quiénes son estos hombres, capaces de hacer una música así? Sólo doce mortales, siete muchachos negros y cinco muchachos blancos de este condado. Sólo doce mortales que están juntos.