lunes, 8 de julio de 2013

Vanessa Martínez poemas

Camille Claudel - La flautista


La hija del Carnicero

No he podido profesar,
la luminaria y el silencio cómodo
de habitar feliz
y emplacebada en este piso machihembrado a pata calata,
he caminado como ganadora del Nóbel,
directo a la cocina,
donde tantas veces te guisé besos y
pedazos de senos.
no he dejado de sonreír
y apoyándome tambaleante
he visualizado tu magnífica fisonomía,
he localizado con mí índice trotamundos
en este atlas de cuerpo moldeado por ti,
el ancladero donde quisquillan efervescentes insectos.
y justo allí donde hallo el vértigo de tu amor,
me he estacionado,
he abierto la gaveta
y me he clavado el cuchillo,
para no olvidarme de esto.

Nunca espero aliento extraño de tu noche,
siempre hay una puerta tras otra en esta casa roja.
fluctúo con un sabor nuevo en el aire,
es el condimento que no esperaba,
la mentira de la realidad
nos llamaba vida.
siempre hay una puerta tras otra en esta casa roja.

tu contorsión distante
apretuja la mirada,
es la corriente la que atavía estos ejes
contra ti
asesinando presiones.
siempre hay una puerta tras otra en esta casa roja,
un diálogo desesperado aterriza en el vacío,
son guardias severas
para mi brillante loco diamante.
y una vez más
Pink Floyd.

Me noto extraña,
Suspendida,
sin retorno,
oliendo este delicioso plato.
el amor huele a carne.
en el aire se condimentan tus restos.
a veces los olemos para masticarlos
en ausencias húmedas.
ni el trago o los aditivos al desdoblamiento
nos hacen ruines,
sólo concentran este recuerdo
en la explosión de una neurona muerta.
haciéndonos el amor
en un pequeño corte doloroso,
soñándote siempre blanco,
sonriente,
posado a mi izquierda
entonando
una melodía
para
no despertar.

Del libro La hija del carnicero (Editorial Zignos 2007):


Coraza para tercer mundo

Más donaciones para mi alma resucitada.
El pago de mi deuda externa
se reduce cuando tocas esta puerta.
Todos meten la mano en la llaga.
“Busco un costurero para la apertura de la próxima”
y
he colgado un eterno
aviso clasificado.


Y el silencio…

¡Nadie grita más fuerte que el desierto!

En centellos viajo por
los espectros de la ausencia.
Hay una ducha fría para lapidar la piel de los sensibles.
Y hay este desvelo
tentando los límites,

El poseso se diluye con todos mis intis,
por las protuberancias de mi patria.
La luna hecha certera sus uñas sobre mi sombra,
la enviaste a espiar
y mi villano la encontrará.


Cartografía

Esperemos no nos caiga una marejada de colmos en las espaldas
Estas arden excéntricas, nos enduran los pezones
grabando pequeñas naciones en tu omoplato, qué es una encallada vía de arrestos.
Yo rastreo todos mis garabatos desde ahí
perdiendo mí patria una vez más
cuando tu acento me llama.
Me nombro las regiones nuevas
(porvenir de la piel)
Escribo las ciudades con mis alias
para perder el regreso a casa.


Del libro Coraza (Lustra editores, 2008)

Datos de la autora

Vanessa Martínez. Lima 1979. Poeta. Publicó dos plaquetas de poesía: Poemas del olvido y Amencia nata. Libros publicados: La hija del carnicero (2007) y Coraza editado en Lustra Editores (2008). Ha sido antologada en Chile, Argentina, Perú, EE.UU. y México. Traducida al inglés.

Fuente: Ritual

2 comentarios:

Jimena Arbulú dijo...

Qué extraordinario talento y sensibilidad los de esta poeta peruana. Muchas gracias por compartir su trabajo. Saludos.

Maria Germaná Matta dijo...

Gracias a ti, Jimena Arbulú, por tu presencia en mi espacio. Un abrazo