viernes, 9 de noviembre de 2012

EDITH SÖDERGGRAN, poesía

Marina Nuñez (de la red)

Nosotras, las mujeres

Nosotras, las mujeres, estamos muy cerca de la parda tierra.
Preguntamos al cuchillo lo que espera de la primavera,
acogemos en nuestros brazos al pino desnudo,
buscamos en la puesta del sol signos y consejos.
Amé una vez a un hombre, él no creía en nada...
Llegó un día frío con los ojos vacíos,
se marchó un día pesado con el olvido en la frente.
Si mi hijo no vive, es su...

 Vierge Moderne

No soy mujer. Soy un neutro.
Soy un niño, un paje y una audaz decisión,
soy un rayo riente de un sol escarlata...
Soy una red para todos los peces glotones,
soy un brindis en honor de todas las mujeres,
soy un paso hacia la casualidad y la perdición,
soy un salto en la libertad y en el yo...
Soy el murmullo de la sangre en el oído del hombre,
soy un escalofrío del alma, nostalgia y negación de la carne,
soy un letrero que anuncia la entrada a nuevos paraísos.
Soy una llama, inquisitiva e intrépida,
soy un agua, profunda hasta la rodilla pero audaz,
soy fuego y agua en unión sincera sin condiciones...

La luna

Qué maravilloso es todo lo muerto
y qué indescriptible:
una hoja muerta y un hombre muerto
y el disco de la luna.
Y todas las flores saben un secreto
y el bosque lo guarda,
y es que la órbita de la luna en torno a la tierra
es la ruta de la muerte.
Y la luna teje su maravillosa tela,
la que aman las flores,
y la luna teje su fantástica red
en torno a todo lo que vive.
Y la hoz de la luna siega flores
en las noches de finales de otoño,
y todas las flores esperan el beso de la luna
con infinito anhelo.

Estas versiones pertenecen a Francisco J. Uriz

Datos de la autora(1892-1923) Esta considerada una de las grandes figuras del modernismo finlandés.

Fuente: Poéticas

jueves, 8 de noviembre de 2012

Roxana Crisólogo, poesía


Foto de Grace Grarcía - serie agua 

de pronto caer

un paisaje acolchonado de flores-colores     verde-lila-amarillo-ámbar
un par de paisanos sentados en una banquita arrinconada en la puerta
ocre de quizás una fonda o un bebedero de animales pestilentes
los dos tenían rasgos duros y no conversaban    pero para todos
quedaba claro —no hacían más que sonreírle— rendían el tradicional
tributo a la madre naturaleza     ¿existirá algo parecido a los personajes
de los cuadros que se venden en las plazas cusqueñas?
¿el sol rutilante y delgado que me sobrevive en la piel?

El aire morado de las madrugadas occidentales brilla
en una laguna de aire desafinado y distante
flota como una bandera pirata en las pizzerías
en las bocas desmedidamente pintadas de las picanterías
embaldosando las sombras de discretos
funcionarios que es imposible reconocer bajo el fragor
de tantas cocinas ardiendo    Es el Huerto de los Olivos
la Torre Eiffel que alguno lleva colgada al pecho como una
virgen que sangra y descuidadamente besa y ahora reclama
la misma distancia y el temblor con que yo beso al israelí
tras un vidrio embaldosado de un trance de repeticiones y rejas
Un campo pedregoso de tulipanes y diablos azules que el Cusco
arroja al cuello apertrechado del israelí que orgulloso me muestra
un zoológico de tatuajes que una linterna ilumina en suaves
codazos y arañazos
                         bailamos o así creí gozamos o así sentí
brotaban las peñas de un algodonoso olvido   de un precipicio genital
a un cielo ilimitado de formas   ¿Llanto?   jamás se llora
me golpeaba el cuerpo en la caída    sentí el dolor en la esponja
de los pies     el llamado arrítmico de aquellas flores que desaparecerán
como los golondrinos en el pecho rojo de unos hermosos telares
mi hermana me dio la mano en un acto instintivo
yo no quería desvanecer
                                 me tendió su mano de hermana
Una calle sin pasamanos ni franela roja donde limpiarse los pies
abandonar los recuerdos     tomar un minuto en blanco
olvidarse de nada     quedar en nada
mar que se bebe su botella sin el buque hundido dentro

De: Ludy D

me separo de mi hija sin mala conciencia

la oscuridad no se detiene
hace lo que una bola de grasa
en un paisaje empantanado de ojos

yo terminaría esta novela
con una frase de Bolaño

pero no es Chile     se trata del Perú
y eso puede tomar tiempo
y el desierto no termina
y mi hija sabe que su madre anda
extraviada
en alguna carretera
de innavegados cactus
y lo perdona

y levanta sus alas
las palomas arañan los edificios más altos
una antena con dedos de mujer
sostiene un monumento arcano a la sed

todos van colgados a una sed que no termina
como a un prójimo

el anuncio comercial
que me acuesta desnuda sobre un botellar de cervezas
y me expulsa del paraíso

nadie sabe que desde ahí domino el mundo
del agua
desde mi triste traje de baño cantonés
siento frío y hambre
las jarcias son fronteras que difícilmente
me separarán del muelle
un lenguaje una obsesión que no termina

De: Ludy D

el aliño de cada noche sin estrellas

el metal que es el fondo de las cosas
cuando parece que todo ha vuelto
a la normalidad y el empleo
no se reducirá más
que a la forma de acogotarse
sin sentido en un rincón

quiero bailar hasta que no haya aire
verme en un cielo de pájaros
cada piedra se buscaba en el estertor de otra
más musical    menos sonora

sentí mis cicatrices como un lienzo de colores
extraños
.       expandiéndose
la unción de brazos y piernas que la música
embadurna de incandescente saliva

Mohamed se ha cansado de explicarme
cómo los desiertos se sobreponen
al espejismo del agua
yo te hablaría si supiera qué decir
Mohamed

tocaría esa línea imaginaria que se interna
en una roja e impenetrable
carretera
sólo que esa lengua se me hace ininteligible
las luces atormentadas por la ansiedad del polvo
no me dejan ver

la aureola aceitosa del pueblo
con el que empiezo a fantasear
y cubrir de verde una colina de autos

o era un cementerio de autos
o era un cementerio de cosas

no existe más que la verdad y eso duele

De: Ludy D

Biografía
Nació en Lima – Perú 1966 – Poeta y activista cultural. Estudió derecho y ciencias políticas en la Universidad Nacional Federico Villarreal, comunicación social y literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y una maestría en Derecho Internacional y Género en la Universidad de Helsinki.
Libros de poesía publicados: Abajo, sobre el cielo (Editorial Nido de Cuervos, Lima 1999), Animal del camino (Ediciones El Santo Oficio, Lima 2001), Ludy D (Editorial Flora Tristán 2006).


 Vídeo poema de Roxana Crisólogo - Yo era una niña

yo era una niña

mi primer poema retumbaba
en las orejas de mis vecinos
como un vendedor callejero

todo lo que nos sirve
se extiende sobre la lengua amplia
y puntiaguda de la tarde

si hubiera habido agua para lavar
la melena sedosa del sol
la urdimbre de orfebrería que el deseo
acantonó en plazas de una existencia
inmóvil

ah muslos de las dunas deshojadas
atravesar el denso tapiz de la neblina
que las palmeras impregnan
de una incomprensible laboriosidad
que aqueja
volarle los sesos a la luna
es verdad
no había agua para regar un jardín
el desierto era aquella humanidad
y el polvo
que mi madre empuja con la escoba

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Carson MacCullers - Los extranjeros - fragmento

*López-Cózar - cielo de otoño

Los Extranjeros (fragmento) - Carson MacCullers

“…Sufría por su hija mayor Karen, cuyo paradero y situación desconocía.
Y un dolor como ése no es una cosa constante, que exija ser medida, que se sienta en una proporción fija. Más bien (porque el judío era músico) un pesar así es como un tema subordinado pero apremiante en una obra orquestal, un motivo inacabable que regresa con todas las variaciones posibles de ritmo y colorido tonal y estructura melódica, tan pronto sugerido nerviosamente un pasaje de rapidísimo spiccato ejecutado por las cuerdas, como emerge de nuevo en la melancolía pastoril del corno inglés, o suena en una versión estridente pero truncada en lo más profundo de los metales. Y este tema, aunque casi siempre sutilmente oculto, afecta por su insistencia misma a todo el conjunto de la pieza muchas más que las melodías en apariencia más importantes. Y también hay veces en las que ese motivo, tanto tiempo contenido, desbanca, a una señal, de manera volcánica, a todas las demás ideas musicales, exigiendo a la orquesta en su totalidad que recapitule con pasión todo lo que hasta aquel momento se ha insinuado. Pero existe aquí una diferencia con el dolor. Porque lo que activa un pesar latente no es una señal preestablecida, como sucede con el gesto de la mano del director. Se trata de lo imprevisto y de lo indirecto. De manera que el judío podía hablar de su hija con compostura y pronunciar su nombre sin que se le quebrara la voz. Pero cuando, en el autobús, vio a un anciano duro de oído inclinar la cabeza hacia un lado para oír algún fragmento de conversación, quedó a merced de su dolor. Porque su hija tenía la costumbre de escuchar con la misma inclinación de cabeza y de lanzar una mirada rápida sólo cuando la persona hablaba había terminado. Y el gesto casual de aquel anciano fue el aldabonazo que liberó en él la pena tanto tiempo contenida, de manera que hizo una mueca de dolor y bajó la cabeza.”

De:     Los extranjeros (fragmento) 

Este cuento pertenece al libro:
El aliento del cielo
Autor: Carson McCullers
Editorial: Seix Barral Biblioteca Fomentor

martes, 6 de noviembre de 2012

Linda Vilhjálmsdóttir, poesía

Foto de Arnar Valdimarsson - aurora boreal 

Tiempo – Uno

Hubo una helada intensa
recuerdo los días previos
y recuerdo la aurora boreal
y luego comenzó a llover

y ahora sigue lloviendo
desde hace cinco días
y cinco noches interminables señor
ahora estoy agotada

y esa historia de los veinte caballos
atrapados en el islote en una inundación en el río blanco
peligro a la vista y al norte el río congelado
sería mejor una advertencia de hielo

los caballos en el islote
el río congelado
y la aurora boreal

versión: María Germaná Matta (a partir de la versión inglesa)

De: Cold was that Beauty: Icelandic Nature Poetry
Año de publicación: 2002
Lugar: Reykjavík
Editor: Salka

Weather - One, Cold was that Beauty: Icelandic Nature Poetry. Helga K. Einarsdóttir valdi ljóðin og Bernard Scudder þýddi.

Weather - One

There was a fierce frost
I recall the previous days
and northern lights I remember
and then it started raining

and now it's been raining
for five days on end
and five nights good lord
I'm worn out by now

and that story about twenty horses
trapped on the islet on white river in a flood
danger at hand and north river blocked
would be nicer as an ice warning:

the horses on the islet
the ice-covered river
and the northern lights.

Fuente:Poesía Islandesa


Biografía
Nació en Islandía – 1958. Hija de pescadores, estudio enfermería.
Libros de poesía publicados: Blathradur (A thin tread), 1990; Klakabornin (The ice children), 1992; Valsar úr sidustu siglingu (A waltz from my last sailing), 1996; Oll fallegu ordin (All the beautiful words), 2000; Frostfidrildin (The snow butterflies), 2006. Ha publicado una novela y obras de teatro.
Su poesía expresa su experiencia vital, a su vez es personal e intima, predomina un gran sentido del humor, tal como podemos ver en el poema “Tiempo”. 

Linda Vilhjálmsdottir leyendo el poema “Rapsodia” en el Festival de poesía de Medellín

Rapsodia

la palabra
al comienzo luego marea alta
luego marea baja y ahora oímos el murmullo
a lo lejos pesado y fuerte

Versión: Hólmfrídur Gardarsdóttir



lunes, 5 de noviembre de 2012

Olvido García Valdés, poesía


*Wassily Kandinsky - Blue sky

La caída del Ícaro

1
Los atardeceres se suceden,
hace frío
y las casas de adobe en las afueras
se reflejan sobre charcos quietos.
Tierra removida.
Los atardeceres se suceden,

Cézanne elevó la «nature morte»
a una altura
en que las cosas exteriormente muertas
cobran vida, dice Kandinsky.
Vida es emoción.
Pero quedará de vosotros
lo que ha quedado de los hombres
que vivieron antes, previene Lucrecio.
Es poco: polvo, alguna imagen tópica
y restos de edificios.
El alma muere con el cuerpo.
El alma es el cuerpo. O tres fotografías
quedan, si alguien muere.

También un gesto inexplicable,
discolo para los ojos, desafío,
erizado. Cuerpo es lo otro.
Irreconocible. Dolor.
Sólo cuerpo. Cuerpo es no yo.
No yo.

Lo quieto de las cosas
en el atardecer. La quietud,
por ejemplo, de los edificios.
El ensombrecimiento
mudo y apagado.

Como ojos,
dos piedras azules me miran
desde un anillo.
Los anillos
cuidadosamente extraídos
al final.
Como aquél de azabache y plata
o este otro de un pálido, pálido rosa.
Rostros y luces
nitidamente se reflejan en él.

En la noche corro por un campo
que desciende, corro entre arbustos
y choco con algo vivo
que trata de ovillarse, de encogerse.
Es un niño pequeño, le pregunto
quién es y contesta que nadie.

Esta respiración honda
y este nudo en la pelvis
que se deshace y fluye. Esto soy yo
y al mismo tiempo
dolor en la nuca y en los ojos.

Terminada la juventud,
se está a merced del miedo.

2
Verde. Verde. Agua. Marrón.
Todo mojado, embarrado.
Es invierno. Es perceptible
en el silencio y en brillos
como del aire.
Yo soy muy pequeña.
Un cuerpo caminando.
Un cuerpo solo;
lo enfermo en la piel, en la mirada.
El asombro, la dureza absoluta
en los ojos. Lo impenetrable.
La descompensación
entre lo interno y lo externo.
Un cuerpo enfermo que avanza.

Desde un interior de cristales muy amplios
contemplo los árboles.
Hay un viento ligero, un movimiento
silencioso de hojas y ramas.
Como algo desconocido
y en suspenso. Más allá.
Como una luz
sesgada y quieta. Lo verde
que hiere o acaricia. Brisa
verde. Y si yo hubiera muerto
eso sería también así.

De "Exposición" 1979

El recorrido del sol cuando cae...

el recorrido del sol cuando cae
la noche, el recorrido
de la noche, hacia dónde
va llegando, mirar
lo conocido como signos
que son y ya no son, un aceite
de estar, representar
su hueco,
desplazados miramos
como si fueran los otros
siempre a estar ahí y de
pronto no están o no estuvieran

De "Y todos estábamos vivos"

Conozco una pareja de cuervos...

Conozco una pareja de cuervos, sé que tienen
un tiempo semejante al de los hombres
para vivir; podría visitarlos,
pasear juntos
hasta los sauces de la orilla.
Hoy he hablado con alguien por quien sentí afecto,
le encontré satisfecho y próspero;
su enemigo murió. La muerte
siempre es de frío.

De "Ella, los pájaros" 1993

Fuente: A media voz

Olvido García Valdés, leyendo su poesía

Nació en Santianes de Pravia – Asturias – España, en 1950. Poeta, profesora, ensayista, traductora y crítica literaria. Licenciada en Filología Románica y en Filosofía.
Ha publicado seis libros de poemas: El tercer jardín (1986), Exposición (1990, Premio Ícaro de Literatura), Ella, los pájaros (1994, Premio Leonor), Caza Nocturna (1997), Del ojo al hueso (2001), Y todos estábamos vivos (2006), gracias al cual obtuvo el Premio Nacional de Poesía. En 2008 se reunieron todos sus libros de poesía en el volumen “Esa polilla que delante de mí revolotea”. Ha publicado el ensayo biográfico Teresa de Jesús (2001). Ha traducido a Pier Paolo Pasolini (La religión de mi tiempo, Larga carretera de arena) y, en colaboración, una amplia antología poética de Anna Ajmátova y Marina Tsvetáieva, El canto y la ceniza.
Sus poemas han traducidos al sueco, francés, italiano, inglés, alemán, portugués, polaco, rumano y árabe.


sábado, 3 de noviembre de 2012

Antjie Krog Kroonstad, poesía

*Stefano Runfox - niño sudafricano

Canción de amor africana

ni la húmeda intimidad de tus párpados aromáticos como el hinojo
ni la violencia de tu cuerpo resistiéndose entre las sábanas
ni lo que viene hacia mí como tu vida
tendrá tanta menuda piedad de mí
como verte durmiendo
tal vez a veces te veo
por primera vez
tú con tu pecho de guayaba y uva
tus manos frías como cucharas
tus grandes penas altivas manchan de azul cada parte
nos soportaremos uno a otro
incluso si el sol abraza los techos
incluso si el estado cocina lugares comunes
llenaremos nuestros corazones de color
y nuestras trifulcas de pinzones
incluso si mis ojos ascienden hasta el horizonte
incluso si la luna viene con la espalda desnuda
incluso si las montañas forman una conspiración contra la noche
persistiremos cada cual
a veces te veo por primera vez

Tierra

bajo órdenes de mis antepasados fuiste ocupada
si supiera un lenguaje podría escribir pues fuiste tierra mi tierra

sólo que nunca me quisiste a mí
por mucho que me estirara para echarme
en susurrantes cauchos azules
en el ganado con los cuernos bajos yendo hacia Diepvlei (Hondoarroyo)
meciendo sus temblorosas papadas bebiendo
en sedosas borlas en el caucho brotando gota a gota
en espinos que han resbalado hasta el vacío

a mí nunca me quisiste
a mí nunca pudiste soportarme
una y otra vez te sacudiste para librarte de mí
me levantaste
tierra, lentamente en mi boca no tuve más nombre

ahora se pelean por ti
te negocian dividen acorralan venden roban hipotecan
yo quiero irme bajo tierra contigo tierra
tierra que no me acoge
tierra que nunca me perteneció

tierra que amo más en vano que antes

PATERNÓSTER

Estoy parada sobre una roca enorme en Paternóster
el mar golpea franjas de espuma verde clara
en el aire
valiente
miro fijamente cada puñetera ola
en las tripas al romper
la roca tiembla bajo las plantas de mis pies
los músculos de mis muslos se abultan
mi pelvis abandona su resignada adquirida inclinación
qué diablos! yo soy roca soy piedra soy duna
mis tetas hacen un claro silbido de tetera de cobre
mis manos agarran Moordbaai y Bekbaai
mis brazos se lanzan extáticos más allá de mi cabeza
yo soy
yo soy
dios me oye
una jodida mujer libre

Traducciones de Nicolás Suescún

Biografía 
Antjie Krog Kroonstad, Suráfrica, 1952. Poeta, filósofa, periodista, profesora, conferenciante y editora. Durante los años 80 trabajó activamente en el movimiento anti-Apartheid. Ha publicado ocho volúmenes de poesía en afrikaans. Otras obras de poesía, en afrikaans, Dogter van Jefta, 1970; Januarie Suite, 1972; Mannin, 1974; Beminde Antarktika, 1974; Otter in Bronslaai, 1981; Jerusalemgangers, 1985; Mankepank en ander Monsters, 1989; Lady Anne, 1989; Voëls van anderster vere, 1992; Gedigte, 1989-1995; Down to my Last Skin, 2000; Kleur kom nooit alleen nie, 2000; Met woorde soos met kerse, 2002. Novelas: Account of a Morder, 1997; Lang Pad na Vryheid (traducción de El largo camino a la libertad de Nelson Mandela), 2000.




jueves, 1 de noviembre de 2012

Olga Orozco - Quienes rondan la niebla




Vídeo poema - Quienes rondan la niebla - Olga Orozco 


Siempre estarán aquí, junto a la niebla,
amargamente intactos en su paciente polvo que la sombra ha invadido,
recorriendo impasibles esa región de pena que se vuelve al poniente,
allá, donde el pájaro de la piedad canta sin cesar sobre la indiferencia del que duerme,
donde el amor reposa su gastado ademán sobre las hierbas cenicientas,
y el olvido es apenas un destello invernal desde otro reino.
Son los seres que fui los que me aguardan,
los que llegan a mí como a la débil hiedra doliente y amarilla que sostiene el verano.
Triste será el sendero para la última hoja demorada,
triste y conocido como la tiniebla.
¡Oh dulce y callada soledad temible!
¡Qué dispersos y fieles hijos de nuestra imagen
nos están conduciendo hacia el amanecer de las colinas!
Están aquí reunidas, alrededor del viento,
la niña clara y cruel de la alegría, coronada de flores polvorientas;
la niña de los sueños, con su tierno cansancio de otro cielo recién abandonado;
la niña de la soledad, buscando entre la lluvia de las alamedas el secreto del tiempo y del relámpago;
la niña de la pena, pálida y silenciosa,
contemplando sus manos que la muerte de un árbol oscurece;
la niña del olvido que llama, llama sin reposo sobre su corazón adormecido,
junto a la niña eterna,
la piadosa y sombría niña de los recuerdos que contempla borrarse una vez más,
bajo los desolados médanos,
la casa abandonada, amada por el grillo y por la enredadera;
y más cerca, como el rumor del musgo en las mejillas de aquella incierta niña de leyenda,
la niña del espanto que escucha, como antaño junto al muro derruido,
las lentas voces de los desaparecidos;
y allí, bajo sus pies,
las fugitivas niñas de la sombra que los atardeceres reconocen,
las mágicas amigas del matorral y de la piedra temerosa.
Yo conozco esos gestos,
esas dóciles máscaras con que la luz recubre cada día sus amargos desiertos.
¡Tanta fatiga inútil entre un golpe de viento y un resplandor de arena pasajera!
No es cierto, sin embargo,
que en el sitio donde el sufriente corazón restituye sus lágrimas al destino terrestre,
palideciendo acaso,
nos espere un gran sueño, pesado, irremediable.
Esperadme, esperadme, inasibles criaturas del rocío,
porque despertaré
y hermoso será subir, bajo idéntico tiempo,
las altas graderías de la ciudad del sol y las tormentas,
y repetir aún, sin desamparo, las radiantes edades que la tierra enamora.

Olga Orozco