jueves, 8 de noviembre de 2012

Roxana Crisólogo, poesía


Foto de Grace Grarcía - serie agua 

de pronto caer

un paisaje acolchonado de flores-colores     verde-lila-amarillo-ámbar
un par de paisanos sentados en una banquita arrinconada en la puerta
ocre de quizás una fonda o un bebedero de animales pestilentes
los dos tenían rasgos duros y no conversaban    pero para todos
quedaba claro —no hacían más que sonreírle— rendían el tradicional
tributo a la madre naturaleza     ¿existirá algo parecido a los personajes
de los cuadros que se venden en las plazas cusqueñas?
¿el sol rutilante y delgado que me sobrevive en la piel?

El aire morado de las madrugadas occidentales brilla
en una laguna de aire desafinado y distante
flota como una bandera pirata en las pizzerías
en las bocas desmedidamente pintadas de las picanterías
embaldosando las sombras de discretos
funcionarios que es imposible reconocer bajo el fragor
de tantas cocinas ardiendo    Es el Huerto de los Olivos
la Torre Eiffel que alguno lleva colgada al pecho como una
virgen que sangra y descuidadamente besa y ahora reclama
la misma distancia y el temblor con que yo beso al israelí
tras un vidrio embaldosado de un trance de repeticiones y rejas
Un campo pedregoso de tulipanes y diablos azules que el Cusco
arroja al cuello apertrechado del israelí que orgulloso me muestra
un zoológico de tatuajes que una linterna ilumina en suaves
codazos y arañazos
                         bailamos o así creí gozamos o así sentí
brotaban las peñas de un algodonoso olvido   de un precipicio genital
a un cielo ilimitado de formas   ¿Llanto?   jamás se llora
me golpeaba el cuerpo en la caída    sentí el dolor en la esponja
de los pies     el llamado arrítmico de aquellas flores que desaparecerán
como los golondrinos en el pecho rojo de unos hermosos telares
mi hermana me dio la mano en un acto instintivo
yo no quería desvanecer
                                 me tendió su mano de hermana
Una calle sin pasamanos ni franela roja donde limpiarse los pies
abandonar los recuerdos     tomar un minuto en blanco
olvidarse de nada     quedar en nada
mar que se bebe su botella sin el buque hundido dentro

De: Ludy D

me separo de mi hija sin mala conciencia

la oscuridad no se detiene
hace lo que una bola de grasa
en un paisaje empantanado de ojos

yo terminaría esta novela
con una frase de Bolaño

pero no es Chile     se trata del Perú
y eso puede tomar tiempo
y el desierto no termina
y mi hija sabe que su madre anda
extraviada
en alguna carretera
de innavegados cactus
y lo perdona

y levanta sus alas
las palomas arañan los edificios más altos
una antena con dedos de mujer
sostiene un monumento arcano a la sed

todos van colgados a una sed que no termina
como a un prójimo

el anuncio comercial
que me acuesta desnuda sobre un botellar de cervezas
y me expulsa del paraíso

nadie sabe que desde ahí domino el mundo
del agua
desde mi triste traje de baño cantonés
siento frío y hambre
las jarcias son fronteras que difícilmente
me separarán del muelle
un lenguaje una obsesión que no termina

De: Ludy D

el aliño de cada noche sin estrellas

el metal que es el fondo de las cosas
cuando parece que todo ha vuelto
a la normalidad y el empleo
no se reducirá más
que a la forma de acogotarse
sin sentido en un rincón

quiero bailar hasta que no haya aire
verme en un cielo de pájaros
cada piedra se buscaba en el estertor de otra
más musical    menos sonora

sentí mis cicatrices como un lienzo de colores
extraños
.       expandiéndose
la unción de brazos y piernas que la música
embadurna de incandescente saliva

Mohamed se ha cansado de explicarme
cómo los desiertos se sobreponen
al espejismo del agua
yo te hablaría si supiera qué decir
Mohamed

tocaría esa línea imaginaria que se interna
en una roja e impenetrable
carretera
sólo que esa lengua se me hace ininteligible
las luces atormentadas por la ansiedad del polvo
no me dejan ver

la aureola aceitosa del pueblo
con el que empiezo a fantasear
y cubrir de verde una colina de autos

o era un cementerio de autos
o era un cementerio de cosas

no existe más que la verdad y eso duele

De: Ludy D

Biografía
Nació en Lima – Perú 1966 – Poeta y activista cultural. Estudió derecho y ciencias políticas en la Universidad Nacional Federico Villarreal, comunicación social y literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y una maestría en Derecho Internacional y Género en la Universidad de Helsinki.
Libros de poesía publicados: Abajo, sobre el cielo (Editorial Nido de Cuervos, Lima 1999), Animal del camino (Ediciones El Santo Oficio, Lima 2001), Ludy D (Editorial Flora Tristán 2006).


 Vídeo poema de Roxana Crisólogo - Yo era una niña

yo era una niña

mi primer poema retumbaba
en las orejas de mis vecinos
como un vendedor callejero

todo lo que nos sirve
se extiende sobre la lengua amplia
y puntiaguda de la tarde

si hubiera habido agua para lavar
la melena sedosa del sol
la urdimbre de orfebrería que el deseo
acantonó en plazas de una existencia
inmóvil

ah muslos de las dunas deshojadas
atravesar el denso tapiz de la neblina
que las palmeras impregnan
de una incomprensible laboriosidad
que aqueja
volarle los sesos a la luna
es verdad
no había agua para regar un jardín
el desierto era aquella humanidad
y el polvo
que mi madre empuja con la escoba

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