un
paisaje acolchonado de flores-colores verde-lila-amarillo-ámbar
un
par de paisanos sentados en una banquita arrinconada en la puerta
ocre
de quizás una fonda o un bebedero de animales pestilentes
los
dos tenían rasgos duros y no conversaban pero para todos
quedaba
claro —no hacían más que sonreírle— rendían el tradicional
tributo
a la madre naturaleza ¿existirá algo parecido a los personajes
de
los cuadros que se venden en las plazas cusqueñas?
¿el
sol rutilante y delgado que me sobrevive en la piel?
El
aire morado de las madrugadas occidentales brilla
en
una laguna de aire desafinado y distante
flota
como una bandera pirata en las pizzerías
en
las bocas desmedidamente pintadas de las picanterías
embaldosando
las sombras de discretos
funcionarios
que es imposible reconocer bajo el fragor
de
tantas cocinas ardiendo Es el Huerto de los Olivos
la
Torre Eiffel que alguno lleva colgada al pecho como una
virgen
que sangra y descuidadamente besa y ahora reclama
la
misma distancia y el temblor con que yo beso al israelí
tras
un vidrio embaldosado de un trance de repeticiones y rejas
Un
campo pedregoso de tulipanes y diablos azules que el Cusco
arroja
al cuello apertrechado del israelí que orgulloso me muestra
un
zoológico de tatuajes que una linterna ilumina en suaves
codazos
y arañazos
bailamos o así creí gozamos o así sentí
brotaban
las peñas de un algodonoso olvido de un precipicio genital
a
un cielo ilimitado de formas ¿Llanto? jamás se llora
me
golpeaba el cuerpo en la caída sentí el dolor en la esponja
de
los pies el llamado arrítmico de aquellas flores que desaparecerán
como
los golondrinos en el pecho rojo de unos hermosos telares
mi
hermana me dio la mano en un acto instintivo
yo
no quería desvanecer
me tendió su mano de hermana
Una
calle sin pasamanos ni franela roja donde limpiarse los pies
abandonar
los recuerdos tomar un minuto en blanco
olvidarse
de nada quedar en nada
mar
que se bebe su botella sin el buque hundido dentro
De:
Ludy D
me separo de mi hija sin
mala conciencia
la
oscuridad no se detiene
hace
lo que una bola de grasa
en
un paisaje empantanado de ojos
yo
terminaría esta novela
con
una frase de Bolaño
pero
no es Chile se trata del Perú
y
eso puede tomar tiempo
y
el desierto no termina
y
mi hija sabe que su madre anda
extraviada
en
alguna carretera
de
innavegados cactus
y
lo perdona
y
levanta sus alas
las
palomas arañan los edificios más altos
una
antena con dedos de mujer
sostiene
un monumento arcano a la sed
todos
van colgados a una sed que no termina
como
a un prójimo
el
anuncio comercial
que
me acuesta desnuda sobre un botellar de cervezas
y
me expulsa del paraíso
nadie
sabe que desde ahí domino el mundo
del
agua
desde
mi triste traje de baño cantonés
siento
frío y hambre
las
jarcias son fronteras que difícilmente
me
separarán del muelle
un
lenguaje una obsesión que no termina
De:
Ludy D
el aliño de cada noche sin
estrellas
el
metal que es el fondo de las cosas
cuando
parece que todo ha vuelto
a
la normalidad y el empleo
no
se reducirá más
que
a la forma de acogotarse
sin
sentido en un rincón
quiero
bailar hasta que no haya aire
verme
en un cielo de pájaros
cada
piedra se buscaba en el estertor de otra
más
musical menos sonora
sentí
mis cicatrices como un lienzo de colores
extraños
. expandiéndose
la
unción de brazos y piernas que la música
embadurna
de incandescente saliva
Mohamed
se ha cansado de explicarme
cómo
los desiertos se sobreponen
al
espejismo del agua
yo
te hablaría si supiera qué decir
Mohamed
tocaría
esa línea imaginaria que se interna
en
una roja e impenetrable
carretera
sólo
que esa lengua se me hace ininteligible
las
luces atormentadas por la ansiedad del polvo
no
me dejan ver
la
aureola aceitosa del pueblo
con
el que empiezo a fantasear
y
cubrir de verde una colina de autos
o
era un cementerio de autos
o
era un cementerio de cosas
no
existe más que la verdad y eso duele
De:
Ludy D
Biografía
Nació
en Lima – Perú 1966 – Poeta y activista cultural. Estudió
derecho y ciencias políticas en la Universidad Nacional Federico Villarreal,
comunicación social y literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos
y una maestría en Derecho Internacional y Género en la Universidad de Helsinki.
Libros
de poesía publicados: Abajo, sobre el cielo (Editorial Nido de Cuervos, Lima
1999), Animal del camino (Ediciones El Santo Oficio, Lima 2001), Ludy D
(Editorial Flora Tristán 2006).
“…Sufría por su hija mayor Karen, cuyo
paradero y situación desconocía.
Y un dolor como ése no es una cosa
constante, que exija ser medida, que se sienta en una proporción fija. Más bien
(porque el judío era músico) un pesar así es como un tema subordinado pero
apremiante en una obra orquestal, un motivo inacabable que regresa con todas
las variaciones posibles de ritmo y colorido tonal y estructura melódica, tan
pronto sugerido nerviosamente un pasaje de rapidísimo spiccato ejecutado por las cuerdas, como emerge de nuevo en la
melancolía pastoril del corno inglés, o suena en una versión estridente pero
truncada en lo más profundo de los metales. Y este tema, aunque casi siempre
sutilmente oculto, afecta por su insistencia misma a todo el conjunto de la pieza
muchas más que las melodías en apariencia más importantes. Y también hay veces
en las que ese motivo, tanto tiempo contenido, desbanca, a una señal, de manera
volcánica, a todas las demás ideas musicales, exigiendo a la orquesta en su
totalidad que recapitule con pasión todo lo que hasta aquel momento se ha
insinuado. Pero existe aquí una diferencia con el dolor. Porque lo que activa
un pesar latente no es una señal preestablecida, como sucede con el gesto de la
mano del director. Se trata de lo imprevisto y de lo indirecto. De manera que
el judío podía hablar de su hija con compostura y pronunciar su nombre sin que
se le quebrara la voz. Pero cuando, en el autobús, vio a un anciano duro de
oído inclinar la cabeza hacia un lado para oír algún fragmento de conversación,
quedó a merced de su dolor. Porque su hija tenía la costumbre de escuchar con
la misma inclinación de cabeza y de lanzar una mirada rápida sólo cuando la
persona hablaba había terminado. Y el gesto casual de aquel anciano fue el
aldabonazo que liberó en él la pena tanto tiempo contenida, de manera que hizo
una mueca de dolor y bajó la cabeza.”
Nació
en Islandía – 1958. Hija de pescadores, estudio enfermería.
Libros
de poesía publicados: Blathradur (A thin tread), 1990; Klakabornin (The ice
children), 1992; Valsar úr sidustu siglingu (A waltz from my
last sailing), 1996; Oll fallegu ordin (All the beautiful words), 2000;
Frostfidrildin (The snow butterflies), 2006. Ha publicado una novela y obras de
teatro.
Su
poesía expresa su experiencia vital, a su vez es personal e intima, predomina
un gran sentido del humor, tal como podemos ver en el poema “Tiempo”.
Linda
Vilhjálmsdottir leyendo el poema “Rapsodia” en el Festival de poesía de Medellín
Nació en Santianes de Pravia – Asturias – España,
en 1950. Poeta, profesora, ensayista, traductora y crítica literaria.
Licenciada en Filología Románica y en Filosofía.
Ha publicado seis libros de poemas: El tercer
jardín (1986), Exposición (1990, Premio Ícaro de Literatura), Ella, los pájaros
(1994, Premio Leonor), Caza Nocturna (1997), Del ojo al hueso (2001), Y todos
estábamos vivos (2006), gracias al cual obtuvo el Premio Nacional de Poesía. En
2008 se reunieron todos sus libros de poesía en el volumen “Esa polilla que
delante de mí revolotea”. Ha publicado el ensayo biográfico Teresa de Jesús
(2001). Ha traducido a Pier Paolo Pasolini (La religión de mi tiempo, Larga carretera
de arena) y, en colaboración, una amplia antología poética de Anna Ajmátova y
Marina Tsvetáieva, El canto y la ceniza.
Sus poemas han traducidos al sueco, francés,
italiano, inglés, alemán, portugués, polaco, rumano y árabe.
ni
la húmeda intimidad de tus párpados aromáticos como el hinojo
ni
la violencia de tu cuerpo resistiéndose entre las sábanas
ni
lo que viene hacia mí como tu vida
tendrá
tanta menuda piedad de mí
como
verte durmiendo
tal
vez a veces te veo
por
primera vez
tú
con tu pecho de guayaba y uva
tus
manos frías como cucharas
tus
grandes penas altivas manchan de azul cada parte
nos
soportaremos uno a otro
incluso
si el sol abraza los techos
incluso
si el estado cocina lugares comunes
llenaremos
nuestros corazones de color
y
nuestras trifulcas de pinzones
incluso
si mis ojos ascienden hasta el horizonte
incluso
si la luna viene con la espalda desnuda
incluso
si las montañas forman una conspiración contra la noche
persistiremos
cada cual
a
veces te veo por primera vez
Tierra
bajo
órdenes de mis antepasados fuiste ocupada
si
supiera un lenguaje podría escribir pues fuiste tierra mi tierra
sólo
que nunca me quisiste a mí
por
mucho que me estirara para echarme
en
susurrantes cauchos azules
en
el ganado con los cuernos bajos yendo hacia Diepvlei (Hondoarroyo)
meciendo
sus temblorosas papadas bebiendo
en
sedosas borlas en el caucho brotando gota a gota
en
espinos que han resbalado hasta el vacío
a
mí nunca me quisiste
a
mí nunca pudiste soportarme
una
y otra vez te sacudiste para librarte de mí
me
levantaste
tierra,
lentamente en mi boca no tuve más nombre
ahora
se pelean por ti
te
negocian dividen acorralan venden roban hipotecan
yo
quiero irme bajo tierra contigo tierra
tierra
que no me acoge
tierra
que nunca me perteneció
tierra
que amo más en vano que antes
PATERNÓSTER
Estoy
parada sobre una roca enorme en Paternóster
el
mar golpea franjas de espuma verde clara
en
el aire
valiente
miro
fijamente cada puñetera ola
en
las tripas al romper
la
roca tiembla bajo las plantas de mis pies
los
músculos de mis muslos se abultan
mi
pelvis abandona su resignada adquirida inclinación
qué
diablos! yo soy roca soy piedra soy duna
mis
tetas hacen un claro silbido de tetera de cobre
mis
manos agarran Moordbaai y Bekbaai
mis
brazos se lanzan extáticos más allá de mi cabeza
yo
soy
yo
soy
dios
me oye
una
jodida mujer libre
Traducciones
de Nicolás Suescún
Biografía
Antjie Krog Kroonstad, Suráfrica, 1952. Poeta,
filósofa, periodista, profesora, conferenciante y editora. Durante los años 80
trabajó activamente en el movimiento anti-Apartheid. Ha publicado ocho
volúmenes de poesía en afrikaans. Otras obras de poesía, en afrikaans, Dogter
van Jefta, 1970; Januarie Suite, 1972; Mannin, 1974; Beminde Antarktika, 1974;
Otter in Bronslaai, 1981; Jerusalemgangers, 1985; Mankepank en ander Monsters,
1989; Lady Anne, 1989; Voëls van anderster vere, 1992; Gedigte, 1989-1995; Down
to my Last Skin, 2000; Kleur kom nooit alleen nie, 2000; Met woorde soos met
kerse, 2002. Novelas: Account of a Morder, 1997; Lang Pad na Vryheid
(traducción de El largo camino a la libertad de Nelson Mandela), 2000.