jueves, 6 de junio de 2013

Mis poemas: Fantasmas de la noche

Super Moon de Tim Mccord
Fantasmas de la noche
 El espejo no refleja tu figura, en el ángulo superior cuelga un hilo largo y amarillo que zurce las cicatrices de la infancia. El viento no circula, se percibe el bochorno de lo desconocido y el latido del mundo con sus prisas se enrosca en el peldaño de la noche y te asfixia. El mundo es una línea recta sin horizonte, alrededor bailan los rostros pálidos de los niños muertos. De un tiempo a esta parte, siempre anochece, me cansé de vivir al interior de una caracola porque el aire ha quedado preso. No existe flor que resista el peso de la angustia y si rascas la suela de los zapatos sus huellas se hacen planas e infinitas.

En mitad del océano, algún barco revolviendo las olas interminables del grito. Sólo existe un manto ralo entorno a lo cotidiano mientras los lobos marinos asechan detrás de las cortinas interiores de los barcos. Las lágrimas tienen el sabor salado de las algas, con un cepillo de  cuerdas anaranjadas peinas los cabellos de los astros para mitigar el olor que desprende el miedo. Ahora que escribo este poema, la cola del universo entona una canción que nadie la escucha. Estamos absortos en los agujeros de las pantallas, hemos extraviado la voluntad y llovido leche agria de vergüenza. Los guerreros han colgado su armadura, sus corazones aún laten y sin embargo sus cuerpos son estatuas pululando por las calles. La noche reclama el calor de las pestañas y la luna aúlla pensativa detrás de las constelaciones del futuro. ¿Dónde se esconden los fragmentos de sus habitantes? Han colgado sus sonrisas al interior de un círculo vicioso y el agua se está consumiendo, la lluvia escasea como la voluntad y tiñe de pesar los corazones extraviados.

He colgado mi vestido en la percha de la noche para no naufragar.

Mis poemas: María Germaná Matta 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Es muy interesante tu prosa, tiene miradas y lecturas múltiples. Las letras se deslizan en una muy delicada línea que separa la realidad y el sueño. Y entre cada una de ellas el miedo, la angustia, los reflejos, los latidos y la muerte se van fundiendo con la intención de borrar esos límites, tal vez...Mientras tanto, el mundo con sus propios códigos cotidianos (¿ serán "los agujeros de las pantallas" en los que "se esconden los fragmentos de sus habitantes"?)
ofrece ese "manto ralo" sobre la noche y sus naufragios.
Gracias por compartir tus letras, cargadas siempre de una muy intensa belleza.
Un enorme abrazo!!
Hilda Díaz

Maria Germaná Matta dijo...

Querida Hilda,

Mil gracias una vez más por tu atenta lectura.
Este poema lo escribí casi sin respirar. Me sentí como poseída, llevaba en el interior una serie de sentimientos como la angustia permanente por lo cotidiano y esos miedos que a veces te asaltan y se hacen más latentes en la noche. También este mundo con sus códigos, sus prisas para alejarnos de lo que realmente importa y la difícil tarea de subsistir.
Un fuerte abrazo