domingo, 3 de marzo de 2013

Anna Ajmátova, poesía


 Lola López-Cozar
Sombra

¿Qué sabe una mujer sola
sobre la hora de la muerte?
Osip Mandelshtam

Siempre la más elegante, la más hermosa, la más alta,
¿por qué regresas del fondo de los años idos?
¿por qué la memoria codiciosa agita en mí
tu perfil delicado tras el cristal del carruaje?
Cómo solíamos discutir -¿eras ángel o pájaro?-.
Brizna de paja te llamó el poeta.
Entre negras pestañas a todos inundaba
la tierna luz de tus ojos de Darial.
Oh sombra, perdóname, pero el buen tiempo,
Flaubert, el insomnio y las lilas tardías me han hecho pensar
en ti –belleza del año trece-,
me recordaron tu serena indiferencia…
aunque esta clase de memoria, sombra, no me satisface.

9 de agosto de 1940
Por la noche

****

Oculté de ti mi corazón
como si lo hubiera tirado al Neva…
resignada y sin alas
en tu casa vivo.
Sólo que… por la noche oigo chirridos.
¿Qué hay entre esas sombras extrañas?
Los tilos del Palacio de Sheremétev…
Un desfile de duendes…
con cautela se acerca,
como murmullo de agua
el negro rumor de la desdicha,
se apropia de mi oído
y, cumpliendo una tarea, musita
su ritornelo, siempre el mismo:
“Buscabas estar bien,
¿sabes acaso dónde está tu bienestar?”

1936
Traducción: Monika Zgustova y Olvido García Valdés

Biografía
Ana Ajmátova (1889-1966), poeta rusa. Fue el símbolo del exilio interior. A partir del fusilamiento de su marido Nikolái Gumiliov, del que se había divorciado años antes, comenzó a padecer una marginación oficial que empeoró en 1923, cuando le impidieron publicar, y continuó hasta 1940. No obstante, la represión no impidió que buena parte de sus poemas se conservaran literalmente en la memoria propia y de los amigos más próximos. Su silencio fue apenas roto por una exhortación radiofónica en Leningrado tras la invasión alemana y por un libro de 1943, en 1946 fue condenada nuevamente por el régimen, que también desterró por segunda vez a su hijo a los campos siberianos. Sus últimos años fueron los del reconocimiento internacional. Su gran poema Réquiem, que dio voz al sufrimiento de aquella época, no se publicó en Rusia hasta 1989.

Fuente: El canto y la ceniza – Antología Poética – Traducción y selección de Monika Zgustova y Olvido García Valdés – Galaxia Gutenberg

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2 comentarios:

fus dijo...

Maravillosos versos. Muchas gracias por compartirlos.

un abrazo

fus

Maria Germaná Matta dijo...

Gracias fus.
Un abrazo